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Archive for 31 diciembre 2010

Aquellas Nocheviejas de no hace muchos años fueron míticas porque míticos eran quienes llenaban de risas los hogares de toda España con parodias que han marcado un antes y un después en el humor patrio de la tele en color. Me refiero a Martes y Trece y a sus “empanadillas de Móstoles”, “Maricón de España”, “Papas con chorizo no-lo-comía” y cientos y cientos de sketch más que recordamos, en especial, cuando llega el último día del año.

 

Precisamente como homenaje a estos grandes humoristas, quisiera compartir este vídeo correspondiente a la retransmisión que hicieron de las campanadas que alumbraron a 1991 (¡no ha llovido ná desde entonces!). De paso, recordamos un poco el asunto de los cuartos y las campanadas, conceptos que uno debe tener bien claro de cara a esta noche.

 

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¡Qué poquito le queda al año! ¡Y cuántas veces no hemos acuñado esta frase, año tras año, por estas fechas! Aparcamos el “¡Feliz Navidad!” hasta próxima ocasión, y cogemos por banda este otro eslogan con el que daremos la brasa a la concurrencia, desde hoy hasta dentro de dos o tres días, vía verbal, postal, feisburiana, tuiteriana, emiliana y demás inventos de hoy día. No es una novedad, claro está. Nadie se va a sorprender si le deseas un feliz año nuevo. Pero si no lo haces, el rito no está completo. No puedes no hacerlo. Queda raro. Así pues, nueva oleada de mensajes, de llamadas, de movidas para dejar claro que tú también, como cualquier hijo de vecino, perpetúas el ceremonial de las doce campanadas, el brindis con cava o sidra y el ¡Feliz Año Nuevo! tras haber logrado, con heroicidad supina, tragarte las doce uvas del tirón. Es lo que hay. Pero el hecho de que los españolitos hagamos a la vez lo mismo tiene un encanto especial, dado el jaleo que nos envuelve y que nos impide llegar a un acuerdo hasta en los asuntos más nimios. La medianoche del 31 de diciembre consigue lo que nada ni nadie logra. Fascina la cosa, ¿verdad que sí? Mi deseo quizás vaya por ahí, por que nos dejemos llevar por la voluntad de encuentro que suscitan las campanadas. Otro gallo cantaría, sin duda, si fuésemos todos a una, todos al compás. Todo pasa por unirse. No hay otra. Podemos estar ideando maneras de afrontar las “vacas flacas” que nos vienen encima, pero sin la base de la unión, será perder el tiempo. Tic-tac, Tic-tac. Y tiempo es lo que no tenemos.

 

No queda naíca ná pa que 2010 sea historia. Han pasado muchas cosas. Cada cual tenemos nuestro balance personal de lo bueno y lo no tan bueno. También estos días se prestan a ello. Pero también a los mil y un planes que tenemos en la cabeza: apuntarnos a un gimnasio, hacer dieta, retomar el inglés, cuidar más y mejor de nuestra espalda, no irritarse al volante, darle caña a las asignaturas pendientes para acabar la carrera, probar nuevas formas de ahorro doméstico,… recetas, ¡mil!

 

Es inevitable todo esto. Sucede, aunque no queramos que pase. El fin de año trae esto y mucho más. A mí también me trae el recuerdo de Madrid, porque en Madrid está el reloj de la Puerta del Sol, cuyas campanadas me han servido siempre de preludio del nuevo año. Y pensar en Madrid y en este reloj y en estas fechas, es recordar la canción de Mecano, “Un año más”, que, al menos para mí, me sirve de perfecta banda sonora a estas horas que nos separan del año entrante.

 

Lo dicho. ¡¡Feliz Año Nuevo!!

 

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No sé por qué pero me apetece despedir el año con diez de mis canciones favoritas, mi particular top ten de incombustibles.

 

¡Que las disfruten!

 

10.- Suspicious mind. Elvis Presley. No soy elvismaníaca. No me van nada esos trajes apegados y de pantalones de campana que me lleva ni tampoco esos sortijones y ese pelo pegaillo por el sudor, pero sin duda que cuando uno lo ve actuar, bailar y cantar en aquellos directos multitudinarios a los que hoy nos asomamos casi pidiendo perdón, se despejan las dudas respecto a por qué aún se le llama “el Rey” y por qué es uno de los artistas que más vende después de muerto.

 

9.-Enjoy the silence. Depeche Mode. Los excesos ochenteros no parecen haberles pasado factura y en los directos muestran igual energía que en sus comienzos. De sus inicios rescato esta cancionzaca, cuyo videoclip está entre los supermíticos de todos los tiempos.

 

8.-Your latest trick. Dire Straits. Nunca un saxofón me había sonado tan limpio como en esta canción, un magistral dueto de saxo y guitarra eléctrica que sólo la voz ronca y apagada de Mark Knopfler puede bordar. Quizás los Dire se hayan hecho mundialmente conocidos por la megaescala de Sultans of Swing, o por Tunnel of Love, o por Money for Nothing… pero Your latest Trick es una canción que sugiere mucho más que cuenta. No hace falta entender la letra para intuir que trata sobre un amor furtivo, de esos que llegan no se sabe muy bien cómo, vivido a la luz de la noche y servido en copa fría. Una de las mejores, sin duda.

 

7.- Clocks. Coldplay. Con ella me conquistaron. Con ella les dí un “sí” que hoy sigue en pie. Y espero que me sigan dando buenos momentos musicales.

 

6.-Show must go on. Queen. Elegir una canción de Queen es muy complicado, pero sin duda ésta es, por el significado que supone en la vida de Freddie Mercury y del grupo, la que me parece más rotunda.

 

5.- Wish you were here. Pink Floyd. Tarda en arrancar. Dadle tiempo. Para quienes no conozcáis esta canción, os aviso de que es adictiva. Quemaréis el “replay”/”repeat”. Bueno, con ésta y con la discografía de Pink Floyd, que tiene perlas como la gran ópera rock-psicodélica The wall, The dark side of the moon o el disco al que da nombre esta canción que he seleccionado, Wish you were here.

 

4.-Where the street have no name. U2. En este caso también me ha costado mucho escoger una canción. ¡Me gustan todas! U2 es, sin duda, mi grupo musical favorito. ¡No hay otros como ellos!

 

3.-A whiter shade of pale. Procol Harum. La melodía de órgano que hila la composición musical de la canción le aporta un aire místico que refuerza su enigmática letra, en torno a la que existe un debate, aún no resuelto, sobre si acaso hablan sobre la muerte o sobre los efectos de las drogas. En cualquier caso, y diga lo que diga, en conjunto suena bastante bien.

 

2.-Hey Jude. The Beatles. Marcaron un antes y un después en el mundo de la música y esta canción fue la que marcó la línea con la que separo a los Beatles del resto. Mis respetos para los dueños y señores del pop. De ellos parte todo lo que ha venido después. Y eso es asín…

 

1.- Stairway to heaven. Led Zeppeling. Superar esta canción es muuuu complicao. Con sus dos cambios de ritmo y sus tres partes perfectamente hilvanadas ponen bastante alto el listón. Además, tiene una letra de aupa. Ideal para despedir al año y dadle la bienvenida a los que se pongan por delante.

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“En los pueblos de mi Andalucía, los campanilleros por la madrugá, me despiertan con sus campanillas y con la guitarra me hacen llorar…”, canta la Niña de la Puebla, con esa voz que parece que se va a partir, pero lo que hace es ponerse al servicio del corazón. Porque esta canción que en estos días escuchamos tanto, tiene sobre todo sentimiento, y eso ha hecho que se convierta casi en el himno navideño de nuestros mayores por autonomasia. Lo era, al menos, de mis abuelos. No ha habido Navidad sin que entonasen alguna estrofa. Y se vuelve mucho más emotiva cuando se escucha bajo cielos muy lejanos y distintos. Es casi causa-efecto: suena la canción y los ojos se llenan de lágrimas. No hay Navidad sin recordar a la Niña de la Puebla y a todos los que se han emocionado, Navidad tras Navidad, con sus Campanilleros.

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Vuelven por Navidad

En una cultura como la nuestra, tan apegada a la televisión, me atrevería a decir que casi que a la par que los villancicos, nacemos aprendiendo las cancioncillas de los anuncios que se emiten por Navidad. Puede que cambien el formato, por eso de acercarse a nuevos públicos, pero muchos usan la misma pauta año tras año. He seleccionado algunos de esos anuncios que, Navidad tras Navidad, vuelven a nuestros hogares, activando asimismo el recuerdo de otros más añejos que ya no se emiten.

 

El Almendro. Sin duda se trata del “anuncio” por excelencia de las Navidades. Por todos conocido, su eslogan, “vuelve a casa por Navidad”, lo acuñan todas las familias que tienen algún miembro viviendo por esos (estos) mundos de Dios. Desde que me recuerdo, ahí estaba esa maternal voz femenina entonando la cancioncilla, mientras el anuncio te contaba la historia de cómo el hijo o hija que vive en el extranjero vuelve, no obstante, a pasar las Pascuas al hogar familiar, en el que, por supuesto, además de adornos navideños, parece sólo haber turrones de El Almendro.

 

Las muñecas de Famosa. Las primeras versiones de este anuncio, que forman más parte del imaginario colectivo de generaciones anteriores a la mía, nada tienen que ver con las últimas que he visto en televisión. El tiempo pasa y algunos anuncios, como éste de Famosa, pierden el factor que los hacía singulares. En las últimas ediciones, ya no aparecía ni portalico de Belén ni muñecas andarinas acercándose al Nacimiento ni críos armados con zambombas y panderetas. Os dejo aquí lo que es sin duda toda una reliquia publicitaria.

 

Freixenet. ¡Pero qué bien se lo han montado estos tíos! Desde que decidieran convertir en todo un hito prenavideño el anuncio de sus cavas, al estar su spot protagonizado por grandes artistas del momento, han logrado levantar una expectación muy superior al mensaje del Rey. La incógnita sobre quién será la estrella del anuncio de Freixenet levanta tanta polvareda que, sin duda, ha merecido un lugar privilegiado dentro de nuestros anuncios navideños.

 

El calvo de la Lotería de Navidad. No tan veterano como los anteriores, se ha convertido, no obstante, en el anuncio y la melodía que preludia las fiestas navideñas.

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Cuando se dice que la realidad supera la ficción, se hace a colación de casos como el que hemos sabido hace unos pocos días del escopetero de Olot y sus crímenes vengativos o como el que esta mañana podíamos encontrar en los diarios digitales, sobre un hombre que en 31 horas quiso cometer un crimen perfecto, pero que se quedó en “casi perfecto”, porque le han pillado. Descubre una presunta infidelidad de su esposa y no se le ocurre nada mejor que volar a Berlín, matar al supuesto amante de su mujer y regresar a Madrid. Vamos, toda una historia al más puro estilo del justiciero ensalzado en las pelis de ajustes de cuentas typical american. El menda no dejó nada en manos de la improvisación: intercepta mensajes entre su mujer y un pavo, le cuenta a ella que tiene un cursillo laboral en las afueras de Madrid durante unos días (traza, así, una excusa para ausentarse del domicilio familiar), se embarca hacia la capital alemana y en Berlín alquila un coche, compra un cuchillo cerca de la casa de la víctima y tras esperar varias horas delante de su vivienda, le apuñala. Casi se diría propio de una película o una de esas series que engullimos mientras apuramos la cena, pero a diferencia de éstas, donde los justicieros cuentan con la inestimable colaboración de los guionistas, quienes, cuando así quieren que ocurra, ponen en su camino un cúmulo de casualidades que favorecen la consecución de su objetivo sin levantar la más mínima sospecha, los de carne y hueso que se despiertan por la mañana temprano, soportan el tráfico, las discusiones en el trabajo, los problemas de los hijos y los desvelos nocturnos sobre cómo llegar a fin de mes, no cuentan siempre con esa inmunidad. Y, así, esa increíble facilidad que tienen los justicieros catódicos para borrar su rastro e impedir ser cazados, brilla por su ausencia en el mundo real en la mayoría de los casos.

Puede que haya sucesos, como el de Olot o el del marido presa de los celos, que nos hayan sorprendido por lo mucho que se asemejan a las tramas de algunas series y películas. Puede que lleguemos a pensar que en verdad la realidad supera la ficción al saber de crímenes como estos. Pero esos que actúan al margen de la ley y consiguen siempre salirse con la suya para así alargar hasta el infinito el número de temporadas o de posibles secuelas, son sólo pasto de la ficción. El que, cuchillo o pistola en mano, decide emular a los anteriores, creyendo tener para sí los privilegios catódicos, al final descubre las limitaciones de ser de carne y hueso y el consiguiente latigillo de “no siempre las cosas salen como uno desea”. Sólo que, para entonces, su carne y sus huesos muy probablemente estén entre rejas. Los Dexter, los Rambos y los Harry el Sucio de turno sólo son para la tele. No nos engañemos.

Cartel de la serie "Dexter", donde el protagonista, un analista de sangre de la Policía de Miami, es en verdad un asesino en serie cuyas víctimas son asesinos

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Cuando uno está a dos grados bajo cero y bajo una nevada suave pero continua, después de cinco minutos sin guantes en las manos puede comprobar cómo la piel se ha vuelto áspera y agrietada y cuesta sobremanera articular movimiento alguno con los dedos. Pero la molestia no es sólo superficial. Las manos pican por dentro. Sale un picor desde dentro, como si en vez de sangre por nuestras venas corrieran mil alfileres. Dudo mucho que esta sensación que tengo hoy, 17 de diciembre de 2010 mientras espero el tren en la estación de Grunewald (Berlín), sea muy diferente a la percepción térmica obtenida por quienes este mismo día pero del año 1942, también esperaban un tren unos andenes más para allá, en concreto en el andén 17. El frío es frío, y punto.

 

Acceso al andén 17 (Gleis 17), conservado en memoria de las víctimas del nazismo

 

No obstante, de aquellos viajeros me separan, además de los años transcurridos, un abismo de miedo, martirio y muerte que espero nunca padecer. Pues aquellos que aguardaban la llegada del tren en el andén 17 de la estación de Grunewald el día 17 del mes de diciembre de 1942 (y otros muchos más días de éste y otros años cercanos a éste) no lo hacían por voluntad propia, sino por orden de los nazis, y su destino no era otro que los campos de concentración.

 

 

Fecha en la que partió un convoy con prisioneros hacia un campo de concentración

 

Probablemente el frío y la nieve acentúen el duelo que se siente al visitar este andén fantasma, conservado en memoria de tantas y tantas personas que tomaron aquí un tren hacia el terror. La sucesión de fechas y destinos de los convoyes que partieron en esas fechas, descansan junto a las viejas vías a modo de lápidas para el recuerdo.

 

Andén 17 (Gleis 17)

 

El tren que, tal día como hoy pero de 1942, salió desde el andén 17 cargado con 100 judíos tenía como destino el campo de concentración de Theresienstadt que, según acabo de leer, fue instalado por los nazis en esta ciudad, que hoy lleva el nombre de Terezin y está situada en Chequia a unos 60 kilómetros de Praga. El cantautor Silvio Rodríguez tiene una canción titulada “Terezin” precisamente en homenaje a las víctimas del campo de concentración. Con ella remato este post que dedico a tantas y tantas personas inocentes humilladas y masacradas, ayer y hoy, en nombre del poder y la codicia. No more. No.

 

 

 

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