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Archive for 31 enero 2011

Publicado en Wadi As en su edición del viernes 28 de enero de 2011

 

No lleva más que tres huevos, un sobre de levadura, un yogur natural, tres medidas de yogur de harina, una medida de yogur de aceite, otra de azúcar y la ralladura de un limón y, sin embargo, ha hecho de mi merienda una perfecta ocasión para despedir el dolor de cabeza con el que amanecí. Seguro que vosotros tenéis también una receta especial, una comida, postre o bebida que, al degustarla, os invite a cerrar los ojos para concentrar así toda la atención en el sentido del gusto e intentar quizás apresar esa placentera sensación y prolongarla en el tiempo. En caso de no tenerla localizada, os invito a navegar por vuestros recuerdos gustativos en busca de ese sabor con el cual poder endulzar los pesares que pesan sobre nosotros, que no son pocos. Porque es necesario, en estos tiempos que corren de tan agrias maneras, tan ácidas reacciones, tan amargos desenlaces, buscar remedios que nos ayuden a tragar mejor la dura rutina que nos toca digerir.

 

Bizcocho hecho según la receta familiar

 

Si hace unos días fue el Aleluya de El Mesías de Händel la solución para mi cefalea, esta tarde me ha curado el bizcocho que ayer preparé siguiendo la receta de mi madre, que a su vez aprendió de su madre, y ésta de la suya. Creo que ha sido el limón el desencadenante de tan gratas sensaciones. De la mano de las virutas y el zumo de este cítrico alimento he podido hoy viajar a la cocina donde mi abuela tenía su particular taller de arte/magia… porque ella no hacía reducciones de no sé qué ni deconstruía no sé cuantitos más y, sin embargo, sin másters gastronómicos en su currículum –sólo tenía hecha la escuela básica- ni congresos internacionales en su haber –en contadas ocasiones salió de Guadix-, conseguía que todos los afortunados que tomábamos sus comidas fuéramos un poquito más felices mientras nos afanábamos por rebañar el plato. Vistos aquellos festines con perspectiva, además de tamaña envidia y de la inevitable sensación de vacío que deja quien ya no está entre nosotros, creo lograr ahora identificar la razón de su éxito abrumador: y es que aprovechaba al máximo lo que cada alimento podía dar de sí. Ella nunca me lo dijo, pero su secreto mejor guardado estaba escrito en sus platos, y ahora, unos cuantos años después, ha tenido que ser el limón el que me lleve hasta él. En muchas ocasiones bastaban unas cuantas patatas y unos trocicos de pollo y, no obstante, la capacidad que tenía para convertir tan modestos productos en un asado digno del paladar más sensible, era sencillamente asombrosa. Su ingrediente mágico no era ni el laurel ni el clavo ni el pimiento seco colorao: era su ingenio para hacer de la nada un todo exquisito. Hoy en día existe una potente resistencia a lo intrínsecamente fresco y creativo, pero sólo afilando el ingenio podremos avanzar hacia mejores derroteros… no lo digo yo, lo decían las comidas de mi abuela, y esto es una verdad incuestionable.

 

 

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“¿Te acuerdas?”. Ésa es la pregunta que nos salta automáticamente cuando reconocemos los acordes singulares y pegadizos de ese tema musical que en su día poníamos en el walkman en el repeat hasta quemar el casette, o en el tocadiscos hasta gastar la aguja y rayar el vinilo, o que bien escuchábamos en el vídeoclip correspondiente que habíamos grabado en esa cinta VHS en la que íbamos recopilando los grandes hits del momento. Sin duda que lo que hace que formulemos esa pregunta a la vez que perdemos nuestra mirada en el infinito queriendo así viajar en el tiempo hasta aquel pasado coetáneo al éxito de éstas hoy reliquias de la música, es porque no son simples y vulgares canciones, sino porque tienen algo que las hace míticas. Hoy mi post pretende servir de homenaje a esos temas que, a pesar del paso del tiempo, a pesar de la llegada de nuevos soportes, de nuevas maneras de rodar videoclips, de nuevas formas de hacer música, siguen sonando con sabor propio. Momento revival a las puertas de una nueva semana.

 

Thriller. Michael Jackson. ¡Pero qué miedo me daba ver este vídeoclip y, sin embargo, cómo me gustaba! Es, sin duda, “el vídeoclip”. Marcó un estilo de rodar vídeos musicales, el de los que cuentan una historia teniendo como hilo argumental más o menos la letra de la canción. Michael Jackson (que siempre en España ha sido “Maiquel Yacson” hasta que, tras su muerte, empezamos a escuchar a algunos avanzadillos llamarlo “Meicol Yecson”) fue, es y será siempre un grande del mundo de la música. Aunque después de este videoclip y este temazo hubiera dejado de cantar y bailar, ya sólo con Thriller habría pasado a ser un mítico.

 

Take on me. A-Ha. ¡Marchando otra de vídeoclip mítico! Y es que no puedo escuchar este tema sin acordarme del impacto que causó en su día el vídeo musical de esta canción, en el cual los componentes del grupo formaban parte de un cómic al que se cuela una guapa y joven lectora. Una idea muy original de vídeoclip que para nada ha envejecido mal.

 

Vogue. Madonna.  Me ha sido complicado decantarme por un vídeoclip de Madonna, pero quizás éste resume a la perfección el divismo, la sofisticación y el atrevimiento de la ambición rubia del pop. No ha habido ni habrá otra como ella. Auténticamente es el símbolo de la transgresión en la música, en las letras, en las coreografías, en el estilo. Lady Gaga camina sobre un terreno allanado, y de qué manera, por Madonna. ¡Larga vida a la reina!

 

The Final Countdown. Europe. Esa escala de órgano-sintetizador del principio de la canción seguro que más de uno de vosotros la tiene de politono en el móvil. Y lo entiendo. Porque es tan mítica que no hay fiestecilla de treintañeros (en adelante) que no la incluya en su repertorio, pues ¡cómo sube el ánimo de la concurrencia! No he logrado dar con una interpretación de esta canción de cuando los miembros del grupo eran jovenzuelos melenudos. Sólo he podido conseguir el corte de un concierto que dieron hace no mucho, así que, aunque el sonido está un pelín saturado y ellos están claramente más cascaos, recoge la esencia de lo que fue: incluso el rubiales vocalista sigue dándole unos cuantos meneos aéreos al micro de pie (como era propio de él). Y es que el paso del tiempo ha domesticado a las fieras, pero hay cosas que no cambian.

 

Forever Young. Alphaville. He de reconocer que, a pesar del look desfasadísimo de los miembros del grupo, con esos monos tan ajustados, esos maquillajes tan potentes y esos pelos echaos pa’lante (y escardaos, por supuesto)… a pesar, como decía, de estas maneras tan recurrentes de reivindicarse como criaturas de su tiempo (de aquel tiempo remoto llamado “años 80”), ¡qué queréis que os diga!, pero me emociona un pelín escuchar ese alegato a la juventud eterna y, por supuesto, esa trompetilla final. ¡Mitiquísimo!

 

The Neverending Story. Limahl. Si la anterior canción me llenaba de cierta nostalgia, ésta que os propongo ahora, ¡ni os cuento! Muchos de mi quinta empezamos a leer libros como descosíos por si, en el intento, conseguíamos un dragón-perro pequinés volador que nos ayudara a saldar cuentas con los niños y niñas que se metían con nosotros en el recreo, tal y como le sucedía al protagonista de La historia interminable, película de la que esta canción es el tema principal. Pero por más que leíamos y leíamos, ni rastro del dragoncico. Con tó y con eso, escuchar, después de los años, este tema cantado por un rockerillo con cresta llamado Limahl, resulta mítico.

 

Purple Rain. Prince (o como quiera llamarse ahora). A ver, que quede claro que yo soy del bando de Meicol, ¿vale? Pero al César lo que es del César, y la música de los 80 (y más de una que otra radiofórmula con limitados derechos sobre las canciones) no es de los 80 sin esta canción, y los vídeoclips de los 80 no son de los 80 sin éste en el que Prince (o como quiera llamarse ahora) exhibe tan impúdicamente esa camisa de chorreras digna de museo.

 

Staying alive. The BeeGees. Los reyes del falsete vocálico se merecen un puesto por mérito propio en esta lista de míticos, porque también son míticos sus atuendos, con ceñidísimos pantalones de campana, y esas melenas al viento, por no hablar de la edición misma del videoclip, grabado en una especie de desguace o decorado abandonado.

 

Qué idea. Pino D’Angio (o el menda del cigarro que rapea). El tal Pino hoy no se comería un colín, entre que la letra se las trae, y que su interpretación sobre el escenario se reduce a largar este rap setentero mientras se fuma un pitillo. Pero el ritmo y el estribillo la hacen merecedora de clausurar esta lista de míticos.

 

¡Claro que míticos son también buena parte de las cancionzacas que posteé en diciembre! ¡Y avanzo que habrá versión española de ambas selecciones!

 

¡Que tengáis buena semana!

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Publicado en Wadi As en su edición del viernes 14 de enero de 2010

 

San Antón en su capilla (foto tomada en 2009)

 

¿Qué convierte las fiestas de San Antón en algo mu de Guadix? Como ocurre con la morcilla accitana, cuya sutil mezcolanza de especias, a la par que la importante cantidad de cebolla, la hacen digna de denominación de origen (ahí dejo la idea), están presentes en este festejo una serie de elementos que le ponen la marca “Guadix 100%”.

 

Un plato de "pringá" de Guadix

 

Más allá de las nueve –que no siete, como en otros muchos pueblos- vueltas a la ermitilla -por su condición de antiguo morabito-, más allá de los puestos de la “cuña” –con dátiles, frutos secos, rábanos, cañadú, etc., de claras reminiscencias árabes-, más allá de la posible conexión del culto a San Antón con el del dios Atón en aquel Guadix remoto –aspectos todos que pueden explicar la raigambre de esta fiesta entre los accitanos-, más allá de todas estas consideraciones, que hoy siguen prestándose al debate histórico, me gustaría poner el foco en todo aquello que en verdad deja un poso accitano en este festejo y que puede pasarnos desapercibido precisamente por lo interiorizado que lo tenemos.

 

Comprar la "cuña" forma parte del ritual sanantonero

 

Me refiero, por ejemplo, a esos puestos de tablones de madera que siguen vendiendo esos productos escarchados, esas manzanas de caramelo y esos paquetillos de garrapiñadas pese al triunfo de las golosinas del momento. Son una pieza más, imprescindible, de las fiestas populares de Guadix de toda la vida, como es ésta y como es San Blas o San Torcuato o la feria.

 

Las chucherías de toda la vida

 

Otro indispensable en toda festividad typical accitana es el agorero, ese (o esa) refunfuñador nato que no deja de poner peros y pegas a todo, repitiendo, a modo de salmo, eso de que “¡Ay que ver que este año hay menos gente que el anterior!”. Decir que se tiran cuetes (o cobetes) por San Antón es casi un eufemismo. Se lanzan muchísimos cuetes (o cobetes) y petardos, pero es que como durante el resto del año siempre hallamos una ocasión propicia para ello, pues el hecho de que se echen unos cuantos más para quemarles las barbas al santo, no nos llama la atención… como tampoco nos sorprende el aspecto que luce Guadix en la noche de las iluminarias, que parece que ardiera por completo. Y es que hacer alguna lumbrecica que otra es algo a lo que estamos acostumbrados a lo largo del año y, sin embargo, ¡qué de Guadix que es! Y ya que hablamos de chiscos, por supuesto que no sería sin duda lo mismo la iluminaria municipal ni tampoco la procesión del santo sin estar acompañada por la banda de música de Guadix.

 

La Banda Municipal de Música, acompañando al santo en procesión

 

Seguro que tampoco reparamos en la fidelidad que este gran conjunto musical profesa por los asuntos más accitanos, porque vemos de natural que siempre estén ahí, pero esto, estar siempre ahí, conlleva un esfuerzo muy grande, digno sin duda de nuestro agradecimiento. Y extiendo esta felicitación a los puestecicos de dulces, al arraigo cohetero, al gusto por la lumbre e incluso al agorero, porque sin ellos, las fiestas accitanas no tendrían sabor propio.

 

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Ingredientes para 4 personas/Zutaten für 4 Personen:

-170 gr. de azúcar blanquilla/ 170 g weiß Zucker

-130 gr.  de harina/ 130 g Mehl

-225 ml. de leche/ 225 ml Milch

-6 manzanas (4 para la masa+2 para la cobertura)/ 6 Äpfel (4 für Kuchenteig+2 Äpfel scheiben)

-1 huevo ligeramente batido/ 1 geschlagen Ei

-1 cucharada de levadura/ 1 EL Backpulver

-ralladura de un limón/ abgeriebene Schale von 1 Zitrone

-mermelada de melocotón o albaricoque /Pfirsisch- oder Aprikosenmarmelade

 

 

Modo de preparación/ Zubereitung:


Precalentar el horno a 180ºC. Den Backofen auf 180ºC vorheizen.

-Mientras tanto, se bate el azúcar, la leche, las manzanas, el huevo y la raspadura de limón. Zucker, Milch, Äpfel, Ei und Zitrone mit dem Mixer schaumig rühren.

-Se tamiza la harina con la levadura y se incorpora a la mezcla anterior. Mehl und Backpulver mischen und mit der früher Teil dazugeben.

-Batir hasta conseguir una mezcla uniforme. Mit dem Mixer gleichmäßig rühren.

-Verter la masa en un molde de horno desmontable previamente untado de mantequilla y con harina espolvoreada. Hornear durante  30 minutos. Eine Springform gut mit Butter einfetten und Mehl bestäuben. Den Kuchenteig einfüllen und glatt verstreichen. 30 Minuten backen.

-Colocar rebanaditas de manzana sobre la tarta. Después, extender una capa de mermelada. Hornearlo todo durante 20 minutos. Apfelscheiben über Kuchenteig legen und marmelade über dem Ganze ausbreiten. Danach 20 Minuten backen.

-En la misma bandeja de horno se deja enfriar. Abkühlen lassen.

Retirar el molde y ¡a comer! Die Springform öffnen und herausnehmen. Und… gut Appetit!

 

 

Trozo de tarta de manzana

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Publicado en Wadi As en su edición del viernes 7 de enero de 2011

 

Si pasas tu mano por el lomo de Yoda, creerás estar acariciando terciopelo. Y si acercas tu nariz a su cogote, te parecerá haber metido la cabeza en el armario donde tu abuela apila las sábanas. Y si le miras cara a cara, acabarás perdido en sus enormes ojos redondos. Sintiendo cerca a mi pequeño carlino, me es más fácil viajar a ese lugar donde guardo la munición con la que combato los contratiempos del día a día.

 

 

Todos tenemos ese rincón exquisito donde atesoramos lo mejor y más puro que habita en nosotros y todos debemos buscar nuestra manera particular de conectar con ello.

 

Yoda

 

Puede ser a través de la mascota, o con una canción, con un libro, con una película, con un alimento, con un deporte, con un paisaje, con una ciudad o, por qué no, a partir de un evento en concreto, por ejemplo, la festividad de los Reyes Magos. Es por ello por lo que me molesta la ligereza de los que arremeten contra quienes disfrutan con esta fiesta. Investidos de una injustificada superioridad moral, critican a quienes crían a sus hijos en la tradición de los Magos de Oriente, basada en el relato bíblico de los sabios que agasajaron al Niño Jesús con oro, incienso y mirra.

¿Por qué hacen esto? Entiendo que censuren la locura consumista en que se ha convertido todo esto (al igual que ha sucedido con las Navidades, San Valentín,…), pero, ¿cómo pretenden impedir que uno pueda seguir sintiendo, aún a pesar del paso de los años, ese mismo hormigueo en la tripa cuando se mete en la cama y apaga la luz en la Noche de Reyes? Esto no es vivir en el infantilismo, como denuncian los detractores de esta fiesta. ¿Acaso no habrá quien haya tomado consciencia por primera vez de la ilusión en una cabalgata de Reyes?

Se dice que para desarrollar una conciencia crítica uno debe conservar los sentidos afilados. Pues para garantizar una buena salud emocional, uno debe proveerse de una vía que comunique su realidad con su manantial de motivaciones. Y si a éste se llega de la mano de los Reyes Magos, pues ya está. ¿Qué se han creído esos como para que se tome como verdad absoluta su postura? Descubrir la dimensión mágica del mundo en el que nos movemos no exige talismanes ni residir en el anhelo. Hay que ir donde duermen los sueños, para precisamente mantenernos bien despiertos. Se trata de encontrar algo que nos dé pie, que nos sirva de excusa para recargar pilas y llenarnos de ilusión, carburante único cuando lo que queremos es cruzar la meta. ¿Y qué si se hace con ocasión de los Magos de Oriente?

Claro que está ahí el tarifazo eléctrico, y el paro, y,… pero precisamente para desarmar la desesperanza que esto conlleva, debemos estar preparados. No seré yo, desde luego, quien se burle de quienes forjan su escudo con la misma intensidad con que vivieron los primeros Reyes Magos de su vida.

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“La música amansa a las fieras”. ¡Y tanto! Al menos funciona con Yoda y Mati. No logra que no mordisqueen las esquinas de los muebles o cualquier cosa que se ponga en su camino, pero sí consigue que permanezcan relativamente calmados. Cuando Igor o yo estamos fuera de casa, los perrillos se quedan con la radio puesta. Sintonizo siempre Klassik Radio (Radio Clásica). Que sí, que resulta irónico escuchar de fondo cualquier pieza del Barroco mientras compruebas el desorden que han armado en tu ausencia en la sala de estar, pero en el global, considero que de no tener la radio, seguro que cogerían más estrés. Precisamente estaba hoy colocando algunos trastos que han puesto por medio Yoda y Mati, cuando ha sonado en la radio el Allegro con Spirito de El concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo.

 

Partitura

 

No es pieza usual en esta emisora, por lo que escuchar los primeros acordes de guitarra con los que empieza esta composición, ha tenido no poco efecto en mí… y el día, que hoy ha estado cubierto por una oscura capota gris y por una insulsa sensación térmica (ni hacía especialmente frío ni especialmente humedad ni nieve ni lluvia), día que se ha despertado anodino con gentes inmersas de lleno en la rutina de un martes cualquiera, de repente, se ha vuelto luminoso. Porque a través del primer movimiento de El Concierto de Aranjuez, lo que uno se siente es precisamente ajeno a este paisaje de oscuros y grises con los que hoy se pinta Berlín, y viaja a un lugar donde reina la luz, donde todo es vibrante y luminoso y cálido… a esos montes pardos salteados de pueblos de campanario con nidos de ciguëña, a esos campos dorados de cereal, a esas sierras salpicadas por casitas blanqueadas. Guiados por la melodía que sale de las cuerdas de la guitarra, que lleva la voz cantante en esta pieza musical, podemos sentir el calor de ese sol tan de España que el maestro Rodrigo secuestró en el arranque de esta gran obra con la que consiguió pasaporte para la inmortalidad. Con él, gracias a él, la luz se hizo música y habitó entre nosotros.

 

 

Comparto con vosotros una grabación un tanto antigua, pero magistral, con Narciso Yepes a la guitarra. Quien, si no…

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Disparos

Él disparaba su cámara de fotos mientras a él le disparaban con una pistola. Disparos ambos, pero con munición distinta y distinto destinatario: él buscaba fotografiar a su familia ante su casa en Nochevieja; el otro disparo buscaba su muerte. ¿El remitente? Pues posa junto a su familia, ajena a la tragedia que se mascaba tras ellos. Su última imagen, su imago mortis: las caras de su familia y la de su asesino.

 

Fotografía a su asesino momentos antes de morir

 

La prensa de hoy nos trae este suceso que provoca no pocos escalofríos. Macabra cosa tomar tu última instantánea en tus últimos instantes con vida. Y que, además, aparezca en ella la Muerte, no en abstracto, sino con ojos, cara y nombre.

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