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Archive for 28 febrero 2011

Nunca dio el más mínimo problema. Limitadita en sus funciones, por lo cual, totalmente adecuada a lo que nos costó, nunca dejó, no obstante, de cumplir con su misión: la de batir cuanto quisiésemos. Nunca dijo “esta pequeña cuchilla bajera es mía” ni expresó jamás queja alguna del mucho trabajo que le hemos encomendado, dado nuestro imparable afán repostero. En nuestra cocina berlinesa reinaba la paz y la armonía hasta la tarde de autos, que fue la tarde del pasado viernes, en la que la ínclita batidora empezó a hacer unos ruidos muy extraños, a los que al poco le acompañaron unos fogonazos interiores que daban más miedo que otra cosa. Así, sin haberla sometido a una sesión especialmente dura, sin haberla expuesto a ingredientes difíciles de batir, sin hallar ninguna causa aparentemente motivadora de tan extraño fenómeno, nos encontramos de sopetón con un utensilio totalmente fuera de sí, como poseído por un espíritu que seguro que no era de este mundo, porque más que un electrodoméstico parecía el mango del sable láser de Darth Vader. Igor, que fue quien lidió directamente con tan diabólico instrumento, lo sometió  a todo tipo de maniobras de recuperación: probó con el clásico “apagado-desenchufado-enchufado-encendido” y también limpió los alrededores de la cuchilla, por si había algo que actuaba de freno. Pero todo era inútil. La pobre no daba más de sí.

 

Me dio tiempo, eso sí, de recoger en un escueto pero suficientemente clarificador vídeo, los últimos estertores de la batidora, que tan buenos postres, purés y cremas nos ha permitido degustar. ¡Va por ella!

 

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Ya estaba empezando a pensar que en alemán la palabra “sol” no se declinaba, porque precisamente el sol ha brillado por su ausencia durante una larga temporada. Ya llevamos cinco días cinco en los que don Lorenzo se ha dignado a hacer acto de presencia, aunque pa’ lo que calienta, mejor que se quede tapaíco por el habitual manto de nubes que encapota Berlín. Está ahí arriba y brilla y todo pero hace tanto, tantísimo frío aquí abajo que cuando los rayos nos alcanzan, no causan efecto alguno. Nada que ver con el sol de Madrid, con el sol de Guadix, los soles de los que guardo mayores recuerdos… soles que, incluso en invierno, te premian con un poquito de calor que echarte por encima. ¡Qué bien sientan esos soles tan ricos de las mañanas de mercadillo, de las sobremesas de gratas siestas o café y tertulia, de los paseos de domingo viendo caer esa tarde que va siendo cada vez más larga! Añoro el sol que calienta y brilla sin complejos y no tan inclinado, como aquí sucede, que para cuando se quiere dar cuenta, ya tiene que irse. Una cosa sí que tiene este sol que Berlín coloca en su cielo en invierno y es que, calentar no calentará, pero ojito con dejarte sin proteger alguna parte de tu cuerpo, porque  los menos-y-pico grados queman de lo lindo. Un infierno helado de mucho cuidao.

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Publicado en Wadi As en su edición del 18 de febrero de 2011

Han pasado ya casi dos meses desde que la cadena de noticias CNN+ echó el cierre, dejando espacio en la nueva dimensión de la TDT al canal 24 horas de “Gran Hermano”. Salvo las muestras de indignación que este trueque infame despertó (y lo sigue haciendo) sobre todo en el mundo mediático, ¿acaso ha habido una acción más global y generalizada de repulsa? ¿Acaso se ha conocido alguna masiva recogida de firmas? ¿Acaso una gran huelga de mandos caídos contra la cadena que ampara estos espectáculos tan lamentables? Pues no. Y muy al contrario, el programa “Gran Hermano” se ha consolidado en su undécima temporada y su versión 24 horas marca cerca de un 1% mensual, todo un logro para una cadena novel en TDT. O sea, que la audiencia, que es la que corta el bacalao, salva de la quema un espacio donde concursa gente sin complejos para airear sus más bajas pasiones, en una cadena que replica esta basura en los otros programas basura que alberga. Puedo llegar a entender –aunque no a compartir- que haya gente a la que esta comidilla le pueda interesar. El morbo ha vendido, vende y seguirá vendiendo. Pero me sorprende que ver a un pavo lavándose los dientes, a otra rascarse la espalda y al de más allá pelando una patata, pueda suscitar el interés de alguien. Sin embargo, esto es lo que hay. El debate sobre si la gente lo ve porque es lo que se le ofrece, o si es que el programa existe porque es lo que la gente quiere ver, se agota ante la contundencia de los hechos. Y estos nos marcan que la concurrencia prefiere la carnaza envuelta en “vida normal”, a la “vida normal” sin envoltorios. Quizás el éxito de la telerrealidad y de la telebasura esté en que han infestado de ese zafio entretenimiento muchas otras parcelas de nuestras vidas, de tal manera que aunque no veas “Gran Hermano”, acabas leyendo, escuchando o sabiendo algo al respecto. E incluso aunque ni leas ni escuches ni sepas nada de esto, la granhermanización entendida como “el espectáculo a toda costa” llega a todo: basta con navegar por cualquier medio digital y ojear el tipo de fotos que priorizan, y la manera de titular las informaciones… y también repasar las noticias más leídas por los internautas, las cuales no siempre se corresponden con las de mayor importancia. Aquí está la clave. El quid de la cuestión no está en saber dónde está el inicio de esta destructiva reacción en cadena, pues más bien es la pescadilla que se muerde la cola y ambas partes, cadena y público, permiten y alientan su subsistencia. Empecemos más bien a buscar el antídoto que acabe con esta simbiosis tan nociva. Aunque hallarlo se augura lejano en el tiempo, a saber de “pequeños detalles” como el encumbramiento de Belén Esteban como referente social o la deriva de los medios, que quieren ganar más dinero con menos profesionales que velen por contenidos de calidad.

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Según una receta de mi madre, que lo aprendió de la suya, y ésta de la suya y… muy típico también de Guadix.

 

Ingredientes para 4 personas/Zutaten für 4 Personen:

-3 huevos/ 3 Eier

1 yogur natural/ 1 Naturjoghurt

-3 cucharadas de levadura/ 3 EL Backpulver

-100 ml. de aceite/ 100 ml Öl

-130 gr. de azúcar blanquilla/ 130 g weiß Zucker

-200 gr.  de harina/ 200 g Mehl

-ralladura de un limón/ abgeriebene Schale von 1 Zitrone

 

 

Modo de preparación/ Zubereitung:


Precalentar el horno a 180ºC. Den Backofen auf 180ºC vorheizen.

-Mientras tanto, se baten los huevos, el yogur y la raspadura de limón. Eier, Yoghurt und Zitrone mit dem Mixer schaumig rühren.

-Se tamiza la harina con la levadura y se incorpora a la mezcla anterior. Mehl und Backpulver mischen und mit der früher Teil dazugeben.

-Se añade el aceite y el azúcar. Öl und Zucker dazugeben.

-Batir hasta conseguir una mezcla uniforme. Mit dem Mixer gleichmäßig rühren.

-Verter la masa en un molde de horno desmontable previamente untado de mantequilla y con harina espolvoreada. Hornear durante  30-40 minutos. Eine Springform gut mit Butter einfetten und Mehl bestäuben. Den Kuchenteig einfüllen und glatt verstreichen. 30-40 Minuten backen.

-En la misma bandeja de horno se deja enfriar. Abkühlen lassen.

Retirar el molde y ¡a comer! Die Springform öffnen und herausnehmen. Und… gut Appetit!

 

Trozo de bizcocho /Biskuitgebäck

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Publicado en Wadi As en su edición del 11 de febrero de 2011

 

Sólo hay que echar un vistazo a ‘Las noticias más vistas’ de los medios digitales para darse cuenta de lo populares que resultan ésas cuyos titulares rimbombantes (sobre vida extraterrestre, el origen del universo y misteriosos fenómenos captados por potentes telescopios, entre otras) no se corresponden, en la mayoría de las ocasiones, con el contenido anodino que se desarrolla en los párrafos siguientes. Vamos, que al final más que de noticias de ciencia-ciencia son de ciencia-casi-ficción. Aunque se trata, en realidad, de informaciones sobre experimentos en fases iniciales, ensayos puntuales y muestras parciales de un todo muy complejo, nos sirven de excusa perfecta para imaginarnos, por un momento, ese día en el que estrechemos nuestra mano con la de un hombrecillo orejotas verde, o ése otro en el que se conozca la respuesta científica al “¿De dónde venimos?”, o ese otro día en el que podamos conseguir en el mercadillo un manto de invisibilidad, un teletransportador de bolsillo o un pasaje en la máquina del tiempo. ¡Pero cómo somos! ¡Nos dan un poquito y mira la que liamos en nuestra cabeza! Nos montamos nuestro particular cuento de la lechera, pero en vez de con cántaros y vacas y granjas, con naves espaciales y brebajes mágicos y apocalipsis intergalácticos.

 

Cierto es que el terreno está abonado, ¡y de qué forma!, para que apenas leídas las primeras palabras del titular armemos toda una historia superextraordinaria en la mente. No es una impresión personal. Ahí está el número de click de ratón que aúpan a estas noticias a los primeros puestos de visitas. Ahí están los comentarios de muchos de sus lectores, que seguro en su día se empaparon de historietas sobre batallas estelares -como ‘Star Wars’ o ‘Star Trek’-, contactos con vidas extraterrestres amables –caso de ET- y no tanto –‘Alien’ o ‘V’- y, por supuesto, conspiraciones gubernamentales a granel para tapar la dimensión sobrenatural -terrícola y no terrícola-, y cuya máxima expresión fue ‘Expediente X’. Pero, ¿por qué construimos tan rápidamente una fantasía casi de la nada? La respuesta la encontramos mismamente en el cariz de las otras noticias digitales que comparten protagonismo con éstas de casi-ciencia: chismorreo rosa, chismorreo deportivo y chismorreo político. De oca en oca y… por las ramas que nos vamos. Quizás nos guste perdernos en estas historias porque no nos dan tantos berrinches como esas otras llenas de cifras que no logramos cuadrar a fin de mes, o ésas otras aún más terroríficas de cifras que crecen mes a mes (el paro, los precios,…). Con estos chascarrillos logramos perdernos, por unos minutos, de tanta cosa mala. El problema es que nos esforzamos tanto por desviar nuestra atención hacia estos derroteros, que puede que no demos con el camino de vuelta. Tener puntos de fuga a los que huir para no sucumbir en el machaque diario, también cuenta con ciertos riesgos, y hoy más que nunca debemos conservar la cabeza en su sitio, no vaya a ser que el acabose verdadero llegue y nos pille en pijama.

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Publicado en Wadi As en su edición del 4 de febrero de 2011

 

No recordaba haber metido caramelos en el bolso y, sin embargo, ahí estaban. Desconocía que podía llegar a preparar un bizcocho en condiciones y, no obstante, lo hice. Y ni por asomo habría podido imaginar que pudiese aguantar tantas horas diarias estudiando un idioma tan complejo como es el alemán, pero así sucede. Y hasta ayer no me había dado cuenta de en qué medida mis abuelos han puesto parte de su esencia en mí. La capacidad de previsión, la habilidad con las comidas y el espíritu de sacrificio que en tan altas dosis concentraban mis abuelos Manuel, María y Sebastián, y que reconozco tímidamente en tan rutinarios momentos, me lleva a pensar en cuán profunda es la huella que los padres de nuestros padres dejan en nosotros, y cuán presentes están en nuestras vidas. Porque no es preciso llamarles por teléfono ni visitarles ni abrazarles para sentirlos cerca. Hasta ayer en que empecé a encadenar estos pensamientos, sí que su recuerdo iba acompañado de una honda sensación de pérdida, que aumentaba cuando escuchaba ese pasodoble que le oía canturrear a mi abuelo Manuel y comprobaba que no lo haría nunca más, o cuando abría el armario en el que acababa de guardar ropa limpia y de inmediato me llevaba al olor del de mi abuela María, o cuando en el restaurante veía en la mesa de al lado a un señor mayor colocando junto a su plato las pastillas de la toma y evidentemente no era mi abuelo Sebas. Su ausencia retumbaba dentro de mí con un desconsuelo absoluto. Sin embargo, ahora me reconforta pensar en lo mucho de ellos que seguro albergo y que tengo que descubrir en los más simples detalles de mi día a día. Ya no me ahogo en la pena de repasar los muchos episodios de mi vida que no podré compartir con ellos. Ya no me quedo atrapada en su ausencia.

 

La historia de la abuela Dolores también merece ser conjugada en presente. El primer recuerdo que guardo de ella es la fuerza con la que me da ese beso y ese abrazo el día en el que nos conocemos. Dolores era, es una mujer de una gran fuerza vital. Hace falta mucha fuerza para emigrar, como ella lo hizo, desde su Rute natal hasta Placencia, en el País Vasco, y para criar a seis hijos, y para corresponder a sus nietos, ¡y de qué manera! Siempre atenta de que no faltara nada, siempre pendiente de que todos estuvieran bien, y siempre con una sonrisa en la boca. Eso es fortaleza, y lo demás son tonterías. Y tan intenso es este arrojo que seguirá emitiéndose sin importar los años que pasen ni las generaciones que vengan. Ha tenido que irse la Dolores para que me dé cuenta de lo presente que sigue estando, y para que en los caramelos de mi bolso, el bizcocho de limón y el estudio del alemán vea también a mi abuelo Manuel, a mi Mami, a mi Chiqui.

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En la tarde de San Blas bulle Guadix en las más que filas, riadas de accitanos que marchan a toda mecha con las mechas encendidas de las velas con las que acompañan al santo protector de las gargantas, como si con tan frenético compás quisiesen asegurarse una pronta curación ante las afecciones laríngeas que restan por venir. Sea cual sea el motivo del acelere consustancial a esta popular procesión, lo cierto es que le confiere un valor añadido que hace de ésta una celebración muy peculiar, llena de anécdotas que la convierten en un algo sin igual en la ciudad. Así, tantas gentes al mogollón con mogollón de velas avanzando por esas calles del barrio de San Miguel, de trazado irregular, de contornos destartalados, propicias a las corrientes de aire que se arremolinan detrás de la esquina, dan lugar a episodios que, por pura intervención divina –no hay otra explicación-, se quedan en un sustillo, en un ‘¡ay, que me quemas!’, y no en desastrosos incidentes con bomberos de por medio. Esa velocidad de crucero que toma la procesión una vez en la calle hace que, en raras y muy contadas ocasiones, uno logre llegar a su hora a la puerta de la iglesia. Te retrasas cinco minutos y, ¡zas!, el santo ya casi se está encerrando.

Y estas prisas contagian tanto a los devotos que estos se apuran tanto en consumir en el menor tiempo posible cuantas más velas mejor que, aunque no acaben con ellas durante la procesión, se esperan en la puerta de la iglesia hasta que no son sino un charco de cera, para calvario del cura, que teme, más que por los gaznates que no se librarán del resfriado, por los posibles descoyuntamientos de las pobres viejecillas que acudan a misa llenas de fe y salgan llenas de moratones. Raudos también van los accitanos a comprar las manzanas cubiertas por ese baño de caramelo tan sabroso como pegajoso, al igual que los pirulís y las piruletas, o ese turrón partedientes y esas calabazas, peras y boniatos escarchaos tan propios de las fiestas de Guadix de toda la vida… como la de San Blas, santo y seña de esas vivencias que son siempre presente continuo.

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