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Archive for 22 abril 2011

Receta de un dulce típico de Semana Santa, aprendida de mi madre, quien a su vez la aprendió de la suya…

Die Pestiños werden zu Ostern in Spanien zubereitet


Ingredientes/ Zutaten

1 taza de aceite de oliva/ 1 Tasse Olivenöl

2 tazas de vino blanco/2 Tassen Weißwein

19 gramos de anís verde o matalahúga/ 19 g grüne Anis

Azúcar/ Zucker

Canela molida/ Gemahlen Zimt

Harina/ Mehl

Cáscara de limón/ Zitronenschale

Modo de preparación/Zubereitung:

–          Poner el aceite a calentar en una sartén con un trocito de cáscara de limón. Cuando la cáscara esté a medio dorar, apartar el aceite. Nada más apartarlo, se vierte en él la matalahúga, para que se tueste un poco con el calor que mantiene el aceite. Das Olivenöl mit Zitronenschale in einer Pfanne auf dem Herd erhitzen. Wenn die Schale goldfarben ist, die Pfanne vom Herd runter nehmen. Sobald das Olivenöl vom Herd runter ist, den Anis in der Pfanne gießen. Das Olivenöl abkühlen lassen.

–          Una vez frío, se vierte en un bol, a lo que se añade el vino. Con una cuchara de madera, vas moviendo e incorporando la harina, hasta formar una masa suficientemente consistente como para que no se pegue al rodillo. Das Olivenöl in eine Schüssel gießen. Weißwein dazugeben. Mehl unter Rühren langsam dazugeben. Mit einem Holzlöffel mischen, bis der Teig konsistent wird (der kann nicht am Nudelholz ankleben).

–          Extender la masa lo más fino posible. Se van cortando cuadrados. Se toman las puntas opuestas, haciendo como un lazo. Der Teig ausrollen. Mit einem Messer in Quadrate schneiden. Die entgegengesetzten Scheitelpunkten zusammenlegen.

Pestiños listos para freír

–          Se pone una sartén con abundante aceite y cáscara de limón. Cuando el aceite está, se van friendo los pestiños. Cuando se sacan, se echan a un escurridor con papel absorbente de cocina. Viel Öl in einer Pfanne mit Zitrönenschale erhitzen. Wenn das Öl fertig ist, die Pestiños braten. Wann sie fertig sind, in einem Abtropfsieb auf Küchentücher abtropfen lassen.

Una vez fritos y escurridos de aceite, los pestiños deben pasarse por azúcar y canela molida

–          Cuando ya han escurrido un poco el aceite, se echan en un plato que tiene  azúcar y canela molida, y se “bañan” en esta mezcla. Mit Zimt und Zucker mischen.

–           En torno a una hora después estarán listos para ser comidos. ¡Buen provecho! Nach ca. 1 Stunde sind die Pestiños fertig. Guten Appetit!

Pestiños

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Publicado en Wadi As en su edición del 15 de abril de 2011


Penitentes de la Hermandad del Descendimiento del Señor, en Guadix

Aspiro con fuerza y me viene el olor a incienso que sale de las iglesias, y de las casas, aunque en este caso mezclado con el aroma a arroz con leche, pestiños y bacalao… y a túnicas recién sacadas del armario. Afino el oído y me llegan los pitos que aún se escapan en los últimos ensayos, y si lo estrujo un poco más, hasta escucho el paso arrastrado de quienes hoy sostienen una estructura metálica desangelada sobre la que se apilan varios sacos, y que en estos días que vienen soportará las tallas del Cristo, la Virgen o el misterio que procesionará en Semana Santa.

Postres y dulces típicos de Semana Santa

No cuesta demasiado esfuerzo imaginar lo que está ocurriendo a tantos miles de kilómetros de distancia, si desde que tengo memoria he ido archivando estas sensaciones. No me hace falta estar en cuerpo presente para sentir algo que llevo tan dentro, que viaja conmigo allá donde vaya. Con que el alma asista, lo doy por hecho. Muchos accitanos que se han criado entre parihuelas y capirotes estarán conmigo en que, aunque lejos de la tierra que les vio nacer, en estos días que vienen lograrán recuperar con total nitidez las saetas que se hacen hueco en el silencio o entre los sones de una banda, y de los aplausos que merecen, o la cadencia pausada del rezo de los Viacrucis en las procesiones más solemnes, o los sollozos espontáneos que surgen cuando, viendo pasar tal o cual imagen, oyendo tal o cual pieza, uno recuerda a quien ya no está, pero con quien compartió tantos momentos.

Cristo de la Luz, en la Placeta de Santiago, en Guadix

Evidentemente cada uno siente la Semana Santa de una manera. Uno bajo el paso, otro mientras ve el paso salir del templo. Otro bajo las sayas del penitente, otro cuando pierde su mirada en las hileras de velas o faroles. Puede que otro con un solo de corneta, y el de más allá con la discreta música de capilla. Para algunos ver a los niños con palmas y ramos junto a la Borriquilla quizás les lleve a recuerdos de su infancia y tal vez otros prefieran esa clara oscuridad de las noches de luna que acompañan al Cristo en la cruz que baja desde las Cuevas hasta el corazón de la ciudad.

La Virgen de los Dolores y el Cristo de la Misericordia, una hermandad mu de Guadix

Hay quien conecta mejor con el sentimiento semanasantero de la mano de hermandades que se han mantenido fieles a la tradición heredada, y otros con aquellas otras de más reciente formación que tienen una marcada influencia foránea. Hay quien se reserva la lágrima para esos abrazos con los compañeros de cuadrilla tras el desfile procesional, o para entregarse en brazos de la impotencia al no poder salir por la lluvia. Son muy diversas las situaciones de las que uno, con mayor o menor fe, con mayor o menor arraigo, logra sin embargo rescatar una imagen, un sonido, una emoción de la Semana Santa accitana, porque, sin duda alguna, no existe en Guadix manifestación religiosa y cultural que congregue a más diferentes perfiles de personas como ésta.

La gente abarrota la placeta de Santiago el Viernes Santo por la mañana

Haz click en el vídeo mientras lees estas líneas. Te ayudará a ponerte en situación…

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Publicado en Wadi As en su edición del 8 de abril de 2011

 

Por si no lo sabéis, aún echan en La 2 “Saber y ganar”. Por si no caéis de primeras, añado que es ese programa presentado por Jordi Hurtado, por quien, por cierto, los años parecen no pasar, ya que sigue teniendo pinta de Vicentín y haciendo las mismas bromas marisabidillas -a la vez que entrañables- a los concursantes que se atreven a luchar contra el cronómetro calculando cantidades, completando palabras a partir de unas pocas letras y respondiendo preguntas rebuscadísimas. Viendo el programa de ayer, no pude evitar que una sucesión de pensamientos me atosigaran durante un buen rato. Y sucedió por varias razones. En primer lugar, porque después de treinta y tantos programas con muy buenas puntuaciones, fue eliminado un jienense que demostró en todas sus intervenciones un gran bagaje cultural, haciendo gala además de una humildad y una simpatía encomiables. Pero reconozco que he sentido su marcha sobre todo porque en las palabras de despedida que Jordi Hurtado le dedicó, dejó entrever que el hombre no atravesaba una buena racha laboral. ¿Cómo alguien tan excepcional puede estar en el paro? Pero esa misma cuestión ya me la hice hace un tiempo, cuando se supo que otro de los concursantes con los que éste último ha compartido los últimos programas, y que cuenta con una puntuación aún mejor a la del jienense, también está parado. “¡Tanta agilidad mental y verbal, tanto aprendido para acabar donde tantos otros!”, me dije. No pretendo generalizar, pues no todos los supercrack están en el paro ni tampoco todos los que trabajan son gañanes, ya que si ambos extremos fuesen ciertos, esto ya habría explotado hace mucho, y no lo ha hecho precisamente porque de todo hay en la viña del Señor. Pero sí que esto a lo que hoy me refiero refleja en cierta manera la escasa importancia que se le da hoy en día al talento. Estos magníficos concursantes, muy versados en casi todo, no tienen, sin embargo, un trabajo en el que brillar con luz propia. Algo falla. El talento no se mima lo suficiente. Y no sólo en esta esfera del conocimiento. También se precisa talento para mantener la tierra bien cultivada, y talento para la venta, y talento para la enseñanza, y talento para educar a los hijos, y talento para componer,… talento, en definitiva, para alcanzar la excelencia, para superar nuestros topes. Pero desde fuera nos llegan continuamente mensajes que desinflan cualquier intención de echar el ancla en el talento. El éxito fácil y el triunfo del cutrerío nos llevan a mirar para otro lado o, como mucho, a verter unas cuantas lágrimas cuando, por ejemplo, sabemos de esos nuevos Pepes que se marchan a nuevas Alemanias, o de esos otros Pepes que prefieren quedarse y optan por rebajar sus méritos académicos con tal de conseguir un trabajillo con el que ganar algo de dinero. En estos tiempos de crisis, ahora más que nunca, hay que enlucir el talento, que poner en valor lo mejor que tenemos dentro.

 

libros

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Publicado en Wadi As en su edición del 1 de abril de 2011

 

No podía sacar el euro del carro donde había cargado todo lo comprado en el super. No sé si era porque en verdad se había atascado o porque no acertaba a ver la ranura por la que debía meter el enganche del carro de delante para que le saltara su euro. Debía ser esto último, porque movía sus gafas de arriba a abajo, se las quitaba y se las volvía a poner, como si con esto fuese a mejorar algo. No era excesivamente mayor, pero sí que la vida había pasado más intensamente por él, a juzgar por sus manos agrietadas, su cuerpo encorvado y sus lentos movimientos, que estaban empezando a saturar la paciencia de los que, como yo, esperaban dejar los carros una vez terminada la compra. Pero el señor no daba pie con bola. El bloqueo acabó bloqueándolo y al final echó la vista atrás, como buscando ayuda. Una señora que aguardaba a mi lado me miró, me soltó primero una sonrisa y después una parrafada de la que sólo entendí palabras sueltas pero suficientes para saber de su propósito de deshacer el entuerto, lo que quedó confirmado cuando la vi caminar hacia el abuelo en apuros. Por mi parte, intenté organizar el caos que iba creciendo tras nosotras y por gestos más que con palabras, les indicaba a los nuevos que llegaban al super en busca de carro, que le dieran la moneda correspondiente a la metida a los que esperaban dejar el carro, evitando con ello que entrasen en el atasco del “parking” de carritos. Aunque al final cada cual hizo lo que quiso, creo que sí que me entendieron, igual que momentos antes yo había comprendido el plan de la señora sin apenas mediar palabra inteligible alguna. Pero lo que cuenta es que el señor logró recuperar su euro, y la zona de los carros, la normalidad.

 

 

Dispositivo de carros de supermercado

 

Tan rutinario incidente me ha servido en bandeja una lección muy adecuada para estos tiempos de crispación en los que vivimos. Por lo general tendemos a ver con más claridad lo mucho que nos separa frente a lo poco que nos une a los demás. Vamos buscando ese cartel bajo el que significarnos, ese cliché en el que escudar nuestra identidad, que reforzamos arremetiendo contra los amparados bajo otro u otros clichés, otros carteles. Y al final, atrincherados cada cual en una postura, hasta se nos olvida la causa del debate.

 

 

Ciertamente son más las cosas que me diferencian de estas personas con las que he tratado en el supermercado de mi barrio berlinés, que las que tenemos en común, pero, sin embargo, hemos superado con éxito el atasco provocado por el viejete torpón. Hoy ya tengo más claro qué es lo que posa y pesa, y qué lo que pasa sin más, y, por consiguiente, qué es lo que importa y lo que no tanto en esto de las relaciones humanas. Y es que, cuando la necesidad apremia, la unión se fragua y las soluciones llegan.

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