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Archive for 30 agosto 2011

Publicado en Wadi As en su edición del viernes 26 de agosto de 2011

Mi abuela no lo entendía. Le era muy difícil comprender cómo su madre, o sea, mi bisabuela, podía subirse a la carroza que “el hogar” –como en Guadix desde siempre se le ha llamado al centro de mayores- preparaba para la cabalgata de fin de fiestas de nuestra feria. No le entraba en la cabeza que esa misma mujer que había estado encamada en el hospital en el mes de mayo de ese mismo año, tuviera ganas de ponerse el traje de volantes, pillarse unas cuantas flores en el pelo y envolverse en un mantón de Manila. ¡Y a su edad! Tampoco le cuadraba a mi abuela la poca vida que los médicos habían pronosticado para aquella viejecilla y el entusiasmo que, sin embargo, desprendía cuando llegaba la hora de arreglarse para acudir al encuentro festivo con sus amigas. “En mayo, mu malica; en septiembre, vestida de gitana en la feria; en diciembre, en el día de santa Lucía, muertecica”, me relataba hace unos días mi tita Herminia, fuente inagotable de historias familiares. Gracias a su memoria prodigiosa, he podido conocer esta anécdota en la biografía de mama Mercedes, la madre de mi abuela materna, y que tan bien resume el espíritu que debemos derrochar en estas fechas. Porque es bueno que conectemos con esa vitalidad que sacamos a la calle cuando dejamos en casa el mal fario y las caras largas. Porque es bueno recordar qué es lo que hace que todo luzca tan estupendamente bien en las fiestas. Y no es la luz del alumbrado especial que engalana el ferial ni la de los caballicos ni la de los farolillos de las casetas. Es la que sale de nosotros mismos, de nuestro yo feriante, ése que se olvida de las penas, de las pupas, de los problemas y se viste con lo más vistoso que uno guarda. Porque por mu rico que esté el pinchito moruno, el algodón de azúcar o el rebujito, si uno no está por la labor, las cosas no sabrán ni la mitad de bien.

Puesto de patatas fritas. Feria Guadix 2010

La feria se acerca y toca reír al paso de los cabezudos… pero también debemos reírnos de nuestras propias cabezonerías. Las carocas, que despiertan el humor más ácido del sentir accitano, son un perfecto reflejo de ese socarrón que llevamos dentro y que se monta en los cacharricos, participa del bullicio que traen consigo los pasacalles e idea la frase o motivo que aparecerá en las camisetas del grupo de amigos. La risa y el buen humor son, sin duda, tan importantes en la feria como los bodegones de churros y chocolate y las cancioncillas que de un año a otro inventan los tomboleros para atraer la atención de la concurrencia en torno a sus chambaos llenos de bártulos de dudosa utilidad.

Tómbola

Sin una carcajada que relaje nuestra tensión habitual, los días de fiesta no son fácilmente digeribles ni tampoco tan ansiosamente esperados durante todo el año. La feria se disfruta, sobre todo, cuando dejamos que la alegría corra por nuestras venas: la alegría de compartir mesa con familia a la que ves, por desgracia, en contadas ocasiones; de compartir anécdotas sobre tiempos que ya no volverán; de compartir “pale cream” con amigos de Guadix de toda la vida; de compartir vivencias con tus compañeros de caseta. En feria uno es mucho más generoso en buen rollo. De ahí que con poquito que se haga, uno quede más que satisfecho. Un simple viaje en el “tren de la bruja” o un breve paseo por el ferial pueden resultar suficientes para arrancarnos una sonrisa. Uno se abre con mayor facilidad cuando de divertirse se trata. No hace falta ser el graciosillo de turno para que tus comentarios sean bien recibidos por los demás, siempre y cuando esos “demás” permitan, por supuesto, que la feria pase por ellos.

Cascamorras visitando una caseta. Feria Guadix 2010

Uno no deja de sorprenderse de la capacidad de resistencia del cuerpo humano cuando repasa los horarios seguidos en fiestas, con trasnoches a los que suceden ferias de mediodía, a las que suceden nuevos trasnoches, y más ferias de mediodía… este ritmo se mantiene sólo porque está en el ánimo de uno pasárselo bien. Ya lo dejó claro mi mama Mercedes. Nadie ni nada pudo disuadir sus ganas de feria. Ya ella paseó sus intenciones con una rotundidad absoluta, pese a la oposición de su propia hija: que da igual el ayer y el mañana, que lo que importa es el hoy y que el hoy hay que estrujarlo mientras que el cuerpo aguante. Anclarse en el recuerdo de las ferias de nuestra infancia y juventud invita a lamentar la ausencia de los que ya no están. Preguntarse si acaso ésta será la última traca fin de fiestas que uno va a ver, es empañar tan preciosa estampa.

Fuegos artificiales Feria Guadix 2010

Pero vivir lo que brinda el momento, y hacerlo con todo el gusto del mundo, nos da pasaje para exprimir hasta la última gota de feria. Cada cual destilará el jolgorio a su manera: unos, participando en las competiciones deportivas; otros, visitando las exposiciones; otros asistiendo al pregón y la entrega de los Premios Ciudad de Guadix, a los teatros, a los conciertos; otros, escuchando el repertorio con el que nos suele deleitar la banda municipal de música; otros, sofocando el calor de la mañana en las “casetas del agua”; otros, acompañando al Cascamorras en su despedida en el puente. Lo fundamental, se haga lo que se haga, es mantener intacto el espíritu festivo.

Concierto de la banda municipal de música. Feria Guadix 2010

Ya queda poco para que Guadix aparque por unos días su calma habitual. Ya queda poco para que se nos presente esta ocasión perfecta para dejarnos llevar por el desenfado y descansar de los malos humos. Lo que pasó, pasó. Lo que tenga que ser, será. Ahora toca hablar y sentir en presente. Ahora toca decir que esto es feria ¡y que nos quiten lo bailao!

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