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Archive for 31 enero 2013

Publicado en Wadi As en su edición del 25 de enero de 2013

 

basura

basura

 

Difícilmente una película logre plasmar mejor la esencia cainita de la Guerra Civil del 36 que “La Vaquilla”, de Luis García Berlanga. Esos últimos fotogramas centrados en el cadáver del animal mientras es comido por buitres en tierra de nadie, representan ese “ni pa ti ni pa mi y al final todos jodíos” en el que se sustanció la contienda entre hermanos, entre amigos, entre vecinos que desangró España.

 

Será también bastante complicado que pueda resumirse con una mayor claridad la miseria económica y moral que cunde hoy día como la peste en todos los estratos de nuestra sociedad, que como lo han hecho las recientemente difundidas imágenes de nuestra capital de provincia, la de hermosura repleta luna y sol de Andalucía que, a lo largo de dos semanas, ha acaparado portadas más bien por sus contenedores rebosantes de desperdicios. ¡Granada, Granada mía! Cuán diferente a la de los folletos turísticos es ésta otra que se ha dejado ver durante los días –trece, fueron trece; hasta en esto tiene cenizo la cosa- en los que han tenido lugar los paros secundados por los trabajadores de la limpieza viaria y recogida de basuras de la ciudad, enfrentados con su empresa por las nuevas condiciones laborales. ¿El resultado? Bolsas apiladas por doquier y de cualquier manera, o lo que es lo mismo, pestazo y porquería a tutiplén.

 

Yéndonos a lo general, ciertamente esta estampa de Granada -manola, cantada en coplas preciosas- nos sirve como metáfora para los tiempos que vivimos –a los que sobrevivimos, también podría añadirse-. La suciedad nos cerca. Del estallido de la burbuja inmobiliaria, del desmoronamiento de ese castillo de naipes que tomamos antaño como auténtico, vinieron estos lodos, esta mugre entre la que, cuando no nos abrimos paso, es que estamos buscando en ella algo para calmar el hambre. ¡Ay de nosotros, que hasta hace na nadábamos en la abundancia, y hoy caminamos entre desechos amontonados a las puertas de casa! Trece días de asquerosidades varias acumuladas sintetizan sobradamente el cansino cuento del juego turbio en política –la de los peces gordos y la del pezqueñín de charca- y en la economía –la de gomina y maletín, y la de chancleta y calderilla-. Estos trece días también ilustran a la perfección ese otro relato que narra la marranería y desfachatez de emitir telebasura en horario infantil, y nos valen asimismo para ese otro que trata sobre el nauseabundo tufo de las precarias contrataciones en época de crisis. Al final resulta que todo, o mucho de ese todo, es un enorme montón de inmundicias. Basura, lo nuestro es pura basura, presente también si, sin movernos de este tema de la huelga de limpieza, descendemos del plano simbólico-genérico al real-particular. Y es que es bastante significativo reparar en cómo han procedido la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Granada una vez resuelto el conflicto, y ha sido ensuciando aún más el ambiente, al culpabilizarse mutuamente de la incapacidad de poner orden en tan pestilente brete. Lo dicho, pura basura.

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Solos

Publicado en Wadi As en su edición del 11 de enero de 2013

 

Pues sí. Continuamos aquí. Vivitos y coleando. No ha habido más apocalipsis que sobrevivir a comidas y cenas copiosas ni más suplicio que soportar atascos para acceder a centros comerciales abarrotados ni más hecatombe milenarista que seguir la rutina “for Christmas”. Fallaron los pronósticos de los iluminados que situaban en cierto día de 2012 el fin del mundo, en vez de en la puñeta exponencial hacia el desastre absoluto que llevamos padeciendo a cuenta de la crisis. Tras el espejismo de colorines de las Pascuas, la reanudación del peregrinaje por este valle de lágrimas confirma, por su dureza, que la cosa sigue igual de chunga y que esta cuesta de enero cuesta mucho subirla, o mucho ralentizar la bajada, según se mire, porque tan agotador es arrastrar pesares rampa arriba como evitar que los mismos se nos vengan encima cuando se enfila el descenso. Pues fíjense que la desesperación que nos ataca a estas alturas de la crisis la percibo más en esta tesitura de ir cuesta abajo y sin frenos, dado el ritmo vertiginoso en el que las malas nuevas se suceden. Con este nervio veloz que nos mantiene en la más horrorosa incertidumbre es difícil atisbar si hemos alcanzado el tope de nuestras posibilidades o si lo peor está por venir. Vaya usted a saber qué nuevo regalito nos llegará de Bruselas, con qué nuevo impuesto patrio nos premiarán, con qué nueva sinvergonzonería del fresco de turno nos despertaremos mañana.

 

Supongo que, para no chocarnos contra quienes han tocado ya fondo al final de esta cuesta –la más pronunciada desde hace muchos eneros-, tendremos que pensar en cómo amortiguar nuestra caída y, por desgracia, no veo asideros a los que agarrarse más que unas cuantas grietas en las que hincaremos pies y manos. Tiempos complicados como estos curten la piel y el espíritu, al ponernos a prueba a diario y en la más completa soledad. La fuerza del conjunto, del trabajo compartido, acudirá a nuestro rescate sólo cuando cada cual haya pasado su particular calvario.

 

Ante la adversidad sólo quedamos nosotros, y no como grupo, sino cada uno de nosotros solo ante el peligro. La situación pide más de la materia prima 100% de cada cual. No esperemos tapar agujeros apostando tan sólo por los juegos de azar ni esperemos encontrar por pura casualidad ese empleo por el que suspiramos y cuyo hallazgo tantos desvelos nos causa. No miremos a los dirigentes; no creo que podamos obtener de ellos algo creativo, innovador y alejado de la crispación. No miremos a nuestros antiguos jefes. No miremos a nuestros vecinos y familiares. Mirémonos a nosotros mismos y preguntémonos qué podemos hacer para no tirar la esperanza por la ventana –ni tirarnos de paso con ella-. Y ésa es la cuestión. Y es tan rotunda, tan llena de verdad, que nos queda grande, que nos desborda, que nos vence. Como esta crisis que siempre ponemos en tercera persona, como si fuera una injusta maldición totalmente ajena al “nosotros-cada uno de nosotros”.

 

 

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