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Archive for 30 mayo 2013

Publicado en Wadi As en su edición del 24 de mayo de 2013

 

De lo primerico que uno hace na más llegar a destino es localizar los supermercados más cercanos. No sólo por no querer morir de inanición, sino también porque pensamos mejor cuando vamos bien servidos, lo cierto es que tener ubicados los puntos de aprovisionamiento se convierte en el primero de los muchos retos que uno afronta en el extranjero. El siguiente paso es adaptar el recetario patrio a lo que uno buenamente encuentra, aunque suele pasar que ni las más sencillas lentejas ni el más básico arroz con leche salen/saben lo mismo de bien que hechos en España. ¡Ay, España! Y para evitar caer en el “mamica-me-vuelvo-pal-pueblo/quién-me-mandaría-a-mí-venirme-pa’cá” es por lo que uno se pone en modo “Búsqueda de productos españoles” y, salvo que uno vaya ex profeso a alguna tiendecita especializada que te vende el ColaCao a precio de oro -como si el bote contuviese polvo de cuerno de unicornio-, se da cuenta de la limitadita oferta de nuestras cosicas en un super cualquiera, de la insuficiente/deficiente penetración de lo nuestro en el mercado internacional. Hablo al menos en lo que respecta a Berlín, que es donde vivo. En su defecto y por afinidad de sabores acabo comprando aceite cretense, pescado fresco en un mercado turco y vino italiano. Los italianos, ¡estos sí que se lo han montado bien! La ciudad está plagada de restaurantes italianos, en cualquier hiper hay un amplio surtido de pasta; ¡y qué decir de heladerías que, con el cartelito de “Gelato-Italiano”, tienen siempre gente! Estoy cansada de oír y leer en medios españoles que si la cocina española es tal, que si la calidad de nuestros productos es cual, pero a efectos prácticos cuesta encontrar en tierra extraña una representación de vinos, quesos y aceites españoles que haga honor a la diversidad existente, frente, por ejemplo, a los vinos, quesos y aceites italianos que llenan estanterías. ¿Y el cuerpo que se le queda a uno cuando repara en la letra pequeña y resulta que un aceite enlatado como italiano procede de Córdoba? ¿En verdad estamos sabiendo vender extramuros y sacarle partido a esa calidad conocida de puertas pa’dentro? ¿Hasta cuándo seguir permitiendo que otros hagan caja a costa nuestra? Es un poco como lo que está ocurriendo con los jóvenes emigrantes del nuevo “Vente-a-Alemania-Pepe”: España los forma y en este caso los deutsches se benefician de su rendimiento. Lo más triste es que muchos de mis compatriotas, en su afán por integrarse, renuncian a todo lo que suene a español, empezando por el mismo idioma, y ahí les tienes, por ejemplo, dirigiéndote la palabra en alemán en los minutillos de descanso que dan en los cursos, cuando bien se podría hacer un receso mental parloteando en la lengua de Cervantes. De puntillas. La Marca España llega al extranjero en callandico. Seguid a tortas catalanes contra extremeños, andaluces contra madrileños, barriendo cada cual pa su terruño, que yendo cada cual a su avío en vez de hacer piña, vamos a salir mu prontico de la crisis.

 

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Publicado en Wadi As en su edición del 17 de mayo de 2013

 

Y pensaba yo que en mi nuevo vecindario no iba a haber fichajes dignos de mención, capaces de superar a las raras avis del anterior, recuerden: el anciano oriental escuchimizao con mil capas de abrigo encima, la viejita arrugadísima con el don de la ubicuidad, la señora-estatua impasible de la carpeta de temática cambiante o la otra mujer de la coleta pantojil recoge-botellas-retornables que se bambolea al caminar. Pero con regocijo puedo afirmar que este nuevo barrio mío no se libra de la presencia de personajes pintorescos del estilo cuyas maneras peculiares de proceder me animan a evadirme por unos momentos de la rutina machacona y prestar atención a lo que se sale del esquema sota-caballo-rey; me ayudan, ellos sin quererlo, desde sus particulares universos, a entender mejor la vida, pues al final esto de vivir tiene más de ir saltándose el guión constantemente, de ir adaptándose a las circunstancias, que de seguir protocolos estrictos. Mis encuentros con estos outsiders, invisibles cuando olvidamos nuestra capacidad para sorprendernos por todo cuanto nos rodea, cuando nos levantamos constreñidos por nuestra rígida agenda de deberes, me conectan por tanto aún más a esa realidad de la que aparentemente están apartados y me dan pie a reflexionar sobre asuntos de este mundo en teoría previsible que nos traen de cabeza. Mi última experiencia, la primera en la nueva vecindad, no tardó en llegar. Se hizo notar enseguida. No era pa’menos. Aquel hombre venía hacia nosotros como una exhalación. ¡Menudo ritmo llevaba! Caminaba tan rápido, que más que pisar el suelo parecía gravitar sobre él. Se servía de sus brazos, como remos en agua, para coger impulso y avanzar más y más. Pero no sólo era este detalle de este setentón trajeado lo que hacía imposible que pasase inadvertido: lo que chocaba era que todo él fuese una pura máquina de marchar a galope y sin embargo su mirada fuera de acá para allá. No era la típica mirada de quien corre para evitar perder el bus o el tren ni de quien va buscando algo que se le ha perdido ni tampoco la de quien lo ha perdido todo y busca hallar algo perdiendo precisamente su mirada en el infinito. Era más desconcertante. Era como un “aparentemente-sé-adónde-voy”, pero en verdad no, o no del todo. Era el trasunto en comportamiento humano del concepto ése de “huida hacia delante”. Al menos, a mí me lo evocó este señor, al que, al poco de perderlo de vista, volvimos a verlo yendo calle abajo por la otra acera. Y no fue cosa aislada. Nos lo hemos cruzado ya varias veces, a diferentes horarios, distintos días de la semana. Desnortaíco va siempre, como desnortaos encaran nuestros políticos esta fea crisis, gobernando y haciendo oposición a base de ocurrencias y eslóganes cara a la galería, imbuidos en esa “huída hacia delante”, en ese continuo “hacer por hacer sin pensar” -pa’qué pensar…-, dando palos de ciego, dándonos palos… sin pausa, sin parar, como este hombre de mi nuevo barrio berlinés.

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Publicado en Wadi As en su edición del 10 de mayo de 2013

 

Siento cómo el agua fresca del mar relaja mis músculos, afanados en dar suficientes brazadas como para permitirme avanzar. Hacía tiempo que anhelaba nadar entre las olas, sola, libre. Pero no. No estoy en el mar. Ni sola. Ese espejo de ahí delante me devuelve una imagen muy distinta. No llevo bañador, sino unas mallas y una camiseta de lactancia. No estoy en el mar, sino en una sala pequeña. No estoy sola, sino en compañía de otras madres, quienes bracean junto a mí en ese océano imaginario que la monitora de la gimnasia postparto nos ha propuesto como lugar al que transportar nuestras mentes mientras nuestros acartonados cuerpos se esfuerzan en recuperar la agilidad mermada tras/con el nacimiento de nuestros hijos. ¡Ay-ay-ay! Traicioneros espejismos, ilusiones maliciosas que entorpecen, más que ayudan. ¿De qué ha servido acaso figurarse estar balanceándose al ritmo del mar, sino para enrabietarme aún más por el hecho de haber caído en la trampa alucinatoria? Enfadada y triste me hallo yo, eso y to que hoy había llegado al curso con mucha energía, con la intención de no achantarme ante los duros ejercicios tonificantes del suelo pélvico; yo, que acudía hoy con unas ganas tremendas de dejar bien alto el pabellón patrio y de demostrarle al personal que vagos haberlos haylos en España, pero no somos todos, y como en todas partes. Porque cómo me cabreó la encuesta ésa según la cual la buena estima que los alemanes sentían hacia los españoles se ha desplomado de un tiempo a esta parte y un amplio porcentaje de los germanos se enquistan en el tópico del nuestro como país de vividores dependientes de la “generosidad” de naciones como la suya. Leído esto he convertido en un deber más en mi lista de tareas diarias rebatir, siempre que encarte, este estereotipo cebado por la tristemente célebre colección de corruptelas en las esferas dirigentes de España. Cierta que es, pero no es menos cierto, como apuntaba antes, que en todos sitios cuecen habas, y la diligentísima Alemania no es tan eficiente como se vende. Así, por ejemplo, los continuos aplazamientos de la inauguración del nuevo aeropuerto Berlín-Brandemburgo, llamado a convertirse en aeródromo de referencia en Europa, por importantes fallos en el funcionamiento, ha dejado en evidencia flagrantes errores en la gestión del proyecto, convertido en un pozo sin fondo que precisa de continuas inyecciones de capital por día que pasa sin abrirse. Por no hablar de esa avidez especulativa urbanística, tan criticada a países como España, que también se cierne sobre la capital alemana, hasta el punto de que la East Side Gallery, el trozo más largo conservado del Muro de Berlín, corre peligro de derrumbamiento. Y los otrora estados de la RDA tampoco son los mejores representantes de ese “paro-cero” del que presume Frau Merkel. No hay nada como mirarse al espejo, enfrentarse a lo que hay para poner fin a espejismos y otras distorsiones de la realidad. Y a reflexionar al respecto invito a los deutsches cuando exhiben su arrogancia. “Que no sois angelitos, que no”.

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Publicado en Wadi As en su edición del 3 de mayo de 2013

 

Esta noche Juana no se duerme. Con esto de la maternidad estoy afilando esa capacidad que las mujeres traemos de fábrica de pensar en varias cosas al mismo tiempo.; así, a la vez que se suceden en mi mente posibles respuestas para ese malestar que la mantiene, que nos mantienen en vigilia, voy empezando a asumir que este desvelo no es ni mucho menos algo puntual, sino un anticipo de las muchas más noches en blanco que me quedan y no sólo durante su niñez; ¿acaso no me levantaré cuando ella madrugue para estudiar, y no la esperaré despierta cuando empiece a salir por las noches con su pandilla de amigos, y no me costará coger el sueño cuando sepa que lo está pasando mal y yo no pueda hacer nada porque ella esté lejos de mí? Esto no ha hecho más que empezar. Cuando supe de su existencia, no podía hacerme una ligera idea de lo que su llegada cambiaría mi manera de ver las cosas; comenzando por el mero hecho de que a mis diversas facetas se suma ésta, la de madre, que trae consigo este “pensar por dos”, este “piense en lo que piense Juana siempre estará presente”… como ahora, cuando dejo que discurran estas ideas mientras intento que concilie el sueño. Y ahora es cuando cobra sentido todo lo que he leído, oído, todo lo que mi madre me ha contado sobre esto de ser madre. Ahora que lo he vivido en mis carnes puedo comprender lo profunda e íntima que es la unión con el hijo, fruto del más hermoso acto creativo en el que el ser humano puede participar. Algo tendrá que ver haberla llevado dentro durante nueve meses, haberle puesto a su servicio todo mi ser para que ella se haya podido desarrollar hasta verse preparada para empezar a hacerlo fuera de mí. De aquello hace ya cuatro meses, ¡Jesús!, cuatro meses ya, cuando parece como si ella hubiera estado siempre pegadita a mí, acariciándome con su manecita mientras mama, como justo ahora está haciendo. Lo de antes se pierde en un pasado remoto. Sin duda que volví a nacer, o al menos nací para una nueva vida, cuando desperté tras la operación y la vi apoyadita en mi hombro. Esto fue suficiente para borrar el recuerdo del mal rato del parto, al igual que cuando responde a mis palabras con una sonrisa se me olvidan las duchas rápidas o las comidas exprés o las gestiones del día a día que tengo que despachar a toda pastilla entre toma y toma o, por supuesto, las noches en vela como ésta que estoy compartiendo con vosotros. Ahora estoy entendiendo cuando mi madre me dice que mis hermanas y yo somos su fuerza; paradójica fuente de recursos ésta que tanta energía consume. Y ahora, mamá, que me hallo iniciando este camino, comprendo lo que me has comentado en más de una ocasión, que ser madre hace que se le quiera más a las madres. Ciertísimo.

 

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