Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 11 marzo 2014

Publicado en Wadi As en su edición del 8 de marzo de 2014

 

No era psicóloga ni monja ni amiga suya. No era más que una periodista que necesitaba su testimonio para completar un reportaje sobre afectados por el atentado del 11 de marzo. Pero aquella mujer me miraba, me agarraba del brazo, me lloraba como si yo pudiera calmarle la pena tan honda que la mantenía en una muerte en vida desde que ésta, su vida se paró cuando supo que su pareja iba en uno de aquellos trenes mortales. Yo tan sólo podía darle mi tiempo, que tampoco era mucho, mi escucha y mi promesa de que trasladaría al papel, lo más fielmente posible, lo que salía por su boca, lo que decía su cuerpo.”¿Por qué?”, repetía, “¿por qué a mí?”.

 

Esa pregunta ha retumbado desde entonces en mi cabeza no sólo en cada entrevista que tuve que hacer a otras tantas personas a las que el 11-M les marcó un antes y un después: la angustia de este “¿por qué a mí?” me revuelve las tripas cada vez que leo, veo, sé de cualquiera que ha sido sacado de su rutina, tan o tan poco excitante como pueda ser la tuya o la mía, por haberse cruzado en su camino una desgracia inesperada.

 

Aquel 11-Muerte cubrió Madrid de un luto que sigue pesando en el ánimo de los que vivimos de cerca aquellos días de terror. A mí en particular tanto el contacto con supervivientes del atentado, como con familiares de quienes en él murieron, me ayudó a cambiar por completo mi actitud hacia ese colectivo englobado bajo la etiqueta de “víctimas” y que aparecen en la prensa como esos para los que nunca parecen ser suficientes los pasos que la administración, los políticos, los jueces dan para la reparación social del daño causado. Tras hablar con estas personas pude entender que no precisan de nuestra compasión. Mucho menos quieren nuestra mirada condescendiente. Muchísimo menos, nuestros comentarios a la espalda que cuestionan la rectitud de su juicio.

 

Lo que más les hunde bajo el cartelito de “víctimas” es sentirse solas en su dolor, incomprendidas por sus vecinos, conocidos, por nosotros, cuando por indiferencia y/o  imprudencia, por ejemplo criticamos que familiares de asesinados por ETA estén contra la anulación de la doctrina Parot -pero ¿qué esperamos que hagan?-. O cuando tildamos de “conspiranoicos” a quienes, aún con el recuerdo fresco de los seres queridos que perdieron, piden que se esclarezcan las cuestiones que aún no están por completo probadas en la investigación sobre el 11-M. O cuando se apela a “resignarse ante infortunios que sencillamente pasan, sin más porqués que valgan”, como si esto pudiera calmar a quienes ni pueden ni quieren ni deben callar al exigir llegar al fondo de lo que pasó en el accidente del Alvia de julio del año pasado.

 

Aprendí que el mejor homenaje que nosotros, ciudadanos de a pie, podemos hacerles a las víctimas es mostrarles nuestro respeto y apoyo, que sepan que no olvidamos del lado de quién estamos. No las hagamos además víctimas de nuestros complejos, de nuestros prejuicios, de nuestro miedo a posicionarnos. Mantenerse al margen, en la distancia, no ha lugar.

 

Anuncios

Read Full Post »