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Archive for 22 mayo 2014

Publicado en Wadi As en su edición del 9 de mayo de 2014

 

Entre los muchos chamanes, iluminados, visionarios, ideólogos, charlatanes que abundan en los espacios públicos en los que opinión e información se entremezclan con impúdica frecuencia, están los que tienen como tema estrella de sus disertaciones la conciliación de la vida personal, familiar y laboral, especialmente centrada en las mujeres. Que ya es hora, dicen, de que la maternidad deje de ser sinónimo de renuncia a hacer carrera profesional. Que deben ser ya historia, sostienen con vehemencia, los despidos o no contrataciones por embarazo o por reiteradas bajas por depresión causada por sobrecarga de funciones en el lado femenino de la pareja. ¡Cómo acaricia el alma esta música celestial! El problema es que esta palabrería justiciera que esgrimen en sus embaucadores discursos, ante los que es imposible no sucumbir, es la misma que ya se oía hace décadas, cuando el futuro que estos expertos en retórica atisbaban como Arcadia feliz es este presente enfangado en la incertidumbre y la desilusión en el que vivimos, en no pocos aspectos, un poquito peor. Por lo que, cuando sé de algún sarao relacionado con el tratamiento teórico del asunto, cuando asisto a cualquier exhibición de verborrea con cargo a la traída y llevada conciliación, no lo concibo ya como una poética declaración de intenciones, sino como una tomadura de pelo. Cuando se desciende a la realidad más gris y mundana, cuando en verdad una tiene que compaginar casa, marido, niños pequeños, mascotas, estudios, búsqueda de trabajo, todos esos argumentarios que los trajeados que filosofan sobre estos menesteres usan en sus charletas, se quedan en papel mojado y, al final, resulta que lo que hace que una se sienta como una mujer que puede aportar a la sociedad algo más que como madre y como esposa, no es lo que sale de una mesa de coloquio, sino de esa universidad que en sus instalaciones ofrece servicio de guardería, o de esa biblioteca con salas para que puedas leer en compañía de tu bebé sin que se moleste a nadie, o de ese café con área de juegos para los peques, o de esa asociación con talleres de inserción laboral que pone a disposición niñeras mientras duran las sesiones, o de ese curso de gimnasia para madres con bebitos al que puedes asistir con ellos porque no se ven como un estorbo. Al final es este cúmulo de iniciativas lo que ayuda a encajar lo de ser madre como una pieza más, y no como la pieza que lo descuadra todo. Estas medidas que acabo de enumerar a modo de ejemplo y de las que he tenido la suerte de disfrutar, no son la solución definitiva en un área en la que se debe hacer mucho, pero son soluciones prácticas y reales que desde luego sí que muestran que es posible cambiar las cosas y que el cambio nace de un compromiso compartido, no desde luego de las divagaciones de quienes han montao su chiringuito sin aportar más que “bla-bla-bla” en torno a tan importante reto.

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