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Archive for 6 junio 2014

Publicado en Wadi As en su edición del 30 de mayo de 2014

 

Y vuelvo al Lorca de “Poeta en Nueva York”, que leí en el instituto, que releí durante la carrera. Y ya que los homenajes por el aniversario de nuestro granaíno más universal se suceden estos días, creo oportuno compartir las impresiones de este regreso mío a la poesía más compleja de la obra lorquiana. Más cercanos al mundo onírico del surrealismo que al tipismo simbólico, han sido éstos los poemas con los que siempre me ha costado más sintonizar.

 

Firma_de_Federico_García_Lorca

Firma_de_Federico_García_Lorca

 

Mi visita a la Gran Manzana ha hecho que la relectura de este poemario me revele nuevos detalles sobre el poeta de tan inquietantes estrofas. En parte por ese Nueva York frío que aparece como telón de fondo de estos versos, ciudad ajena a la calidez del trato humano que alberga las más tremendas injusticias, durante mucho tiempo caló en mi esa impresión de las metrópolis como lugares sin alma donde vivir se reduce a sobrevivir.

 

Edificio en Bryant Park

Edificio en Bryant Park

 

Con esa idea llegué a Madrid, si bien Madrid se encargó de demostrarme lo contrario. Esa idea volvió cuando aterricé en Berlín, y será por las vicisitudes de su historia, será por tener que defenderme en otro idioma, el caso es que, en algunos momentos, sí he sentido esa angustia que Lorca decía padecer en Nueva York al verse como bicho raro ante una manera de ser  totalmente diferente. Pero cuál ha sido mi sorpresa que no me he encontrado el Nueva York tétrico, terrible, triste de sus poemas. Mejor dicho, no sólo. Junto a ése, había otros muchos Nueva York, y todos conviviendo al ritmo de vértigo de una ciudad que no descansa nunca, donde el bullicio nunca desaparece… ni la luz. Nueva York nunca se apaga. Nueva York es mucha tela. Es el de la poesía lorquiana, pero también el del cubano que expresa su orgullo de hispano del Bronx en sus conciertos de jazz latino, y el del judío de tirabuzones en las sienes, y el de afroamericanas que hipergesticulan aunque hablen sobre el tema menos enervante, y el de los chinos de la isla china de Chinatown, y el de unos turistas, como mi familia y yo, que pateamos y vimos hasta hartarnos. Nueva York es esto, aquello y lo opuesto. Sobre asfalto, entre vapores que se cuelan por respiraderos del suelo, a la sombra de gigantes de acero, cada cual hace su Nueva York y Nueva York deja hacer.

 

Estación Grand Central

Estación Grand Central

 

Encierra tantas ciudades distintas como seres la transitan. Es inmensa en fondo y forma. Todo cabe, nada desentona. Bien es llamada la capital del mundo porque el mundo entero puede pasar por ella y dejar su impronta, que NY seguirá siendo NY. Más que un sitio, es una experiencia. Releyendo “Poeta en Nueva York”, veo que Lorca, más que una aproximación a la urbe americana, ofrece el retrato de su alma, hundida, y pinta su pena con lo que tenía a mano, que era Nueva York que, como él, como su obra, no tiene límites, nunca se agota.

 

 

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