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Archive for 3 enero 2015

Publicado en Wadi As en su edición del 27 de diciembre de 2014

No hay quien nos entienda. Con cierto desprecio, mucha rabia e infinita resignación, cuando el sorteo de Navidad de las Loterías acaba y nosotros sin haber rascao ni la pedrea, entonamos un “otro año más, el día de la salud”, como si la salud fuese una suerte de premio de consolación que irrita más que calma. Suerte. A la suerte invocamos, sin embargo, cuando tenemos a algún familiar en el hospital o cuando somos nosotros mismos los que allí estamos y, añorando la salud perdida, probamos suerte con la suerte. “A ver si hubiese suerte y”… total, que nunca tenemos lo que deseamos, y este vivir en un continuo desencuentro es un sinvivir que poquitas alegrías y muchas amarguras nos trae.

Y es que es bastante fácil confundir la realidad con el anhelo, máxime en estas fechas en las que la publicidad, que nos ataca desde todos los frentes, nos incita a algo tan mundano y material como el consumo, pero apelando siempre a algo tan etéreo e indefinido como los sueños en su sentido más abstracto, donde en el mismo saco caben fantasías, caprichos, apetencias, bajo muchas de las cuales se esconden deseos no correspondidos y, por tanto, un hondo pozo de frustración… y, de nuevo, nos hallamos ante el sinsentido que nos desgobierna, que nos hace tomar por verídicas meras suposiciones, como, por ejemplo, que por “ahí fueras” van mejor las cosas porque la gente en las empresas es muy organizada y los órdenes del día de las reuniones se cumplen a rajatabla, igual que el horario de trabajo y demás condiciones laborales previamente pactadas. Que por “ahí fueras” sus megafantásticos sistemas educativos convierten a los niños de hoy en supereficientes trabajadores e instruidísimos ciudadanos del mañana. Que por “ahí fueras” no hay corruptos ni economía sumergida ni chanchullos varios. Creemos creer, damos por sentadas una serie de cuestiones que, sólo cuando uno se va y emigra, comprueba cómo muchas de estas “creencias” son infundadas y que no, que en España no estamos hechos de una pasta de ínfima calidad que nos hace irremediablemente inferiores respecto a los de “ahí fueras”. Que no, que por “aquí fueras” no es oro todo lo que brilla y que, a poco que uno rasque, sale a relucir una realidad que en nada se asemeja a lo que se tenía por cierto. No seamos tan malos con nosotros mismos, queridos compatriotas. No nos castiguemos tanto. Los españoles no somos lo peor. También tenemos cosas muy buenas.

Reconocer los errores, saber de nuestros defectos no impide poner en valor nuestros puntos fuertes: la flexibilidad para adaptarse a circunstancias adversas, la facilidad para trabajar en grupo, la creatividad y la improvisación como recursos para afrontar cambios sobrevenidos, la capacidad para empatizar con el prójimo y sus necesidades y la alta consideración que tenemos por la familia –lo cual está amortiguando los efectos de la crisis-, son algunos de ellos. Démonos una palmadita en la espalda, ¡caramba! Que son Pascuas y nos merecemos un respirito.

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