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Archive for 22 marzo 2016

Mucho se ha escrito sobre la Semana Santa. Mucho se ha pregonado, cantado, contado ya sobre la semana del año más intensamente vivida, sentida por muchos, por aquellos que rezan bordando el manto de la Virgen, repasando las marchas que interpretarán las bandas que acompañarán a las cofradías durante sus estaciones de penitencia, tallando tronos, sacándole lustre a enseres, desalando lomos de bacalao, engalanando las calles por las que desfilarán las hermandades, ensayando la salida del templo bajo las trabajaderas, amasando pestiños, planchando túnicas, colocando ramos y palmas en balcones y ventanas, vistiendo imágenes, adornando pasos con flores y cirios, peinando a las camareras, cargando tronos, entonando saetas, llevando capirote, reuniendo en un mismo encuadre luna-vela-Cristo, incensando pasos. Se reza, por supuesto, en los cultos de hermandad, en la misa de Ramos, en los oficios, viacrucis y rosarios, vigilia pascual, pontifical de Resurrección. Pero el encuentro con Dios que se busca a través de la oración durante estos días no sólo tiene lugar en las iglesias, sino que también puede darse en contextos como los que he enumerado al comienzo. Yo, que he vivido la Semana Santa desde la acera y desde las filas, dentro y fuera del templo, antes, durante y después de la semana en sí, yo que la he visto con ojos de penitente, de niña con capa, de público incondicional, de telespectador fiel, he llegado a la conclusión de que son muy diversos y no excluyentes -más al contrario, de práctica conjunta deseable- los modos y maneras de participar en este catecismo en la calle que proponen las procesiones penitenciales. Para unos el rezo y la emoción llegan en esos momentos de retiro a los que invitan las cofradías de silencio o durante la visita a los monumentos que se instalan en los templos tras los oficios del Jueves Santo o en la oscuridad rota por el cirio pascual y las velas de los fieles en la vigilia del Sábado de Gloria; para otros, la emoción y el rezo acuden ante el balanceo del palio de la Virgen del barrio al son de la música. El padrenuestro perfectamente puede salir por la boca movido por el sonido solitario del paso arrastrao de los costaleros, por un solo de trompeta o por los aplausos del gentío tras una levantá. Ahora bien. No hay mecha prendida sin chispa que la encienda y sin la fe todo el folclore, la costumbre familiar, la tradición gastronómica, el componente estético, la visualidad se queda en una puesta en escena más o menos bella, pero cuya vivencia se convierte en algo totalmente opcional, en todo punto prescindible. Vivir la Semana Santa, usar el verbo “vivir” en el sentido de sentirla con sentimiento con toda la inmensidad de la palabra, implica un plus que sólo lo aporta si uno cree en la razón que la suscita, si uno se cree que Jesucristo padeció, murió y resucitó por nosotros. Desde esta fe es de donde uno reza donde quiera que sea y a partir de lo que sea que pasa -que es mucho- entre el Miércoles de Ceniza y Pascua Florida.

Si no se hace en los templos tanto como a los curas les gustaría, no es tema que a mí me competa tratar, como tampoco lo es lo referente a la creciente sevillanización de la Semana Santa accitana en detrimento de los rasgos idiosincrásicos granaínos y guadijeños y a la pérdida progresiva de costumbres locales. Al respecto de estos dos asuntos, vistos como problemas, como retos, como armas arrojadizas más de una vez, seguro que pueden disertar largo y tendido expertos en ambas materias, que haberlos, hay muchos y muy buenos. Yo les traigo impresiones, sensaciones que desbordan -ya lo siento- lo que estas setecientas palabras puedan llegar a transmitir. Sólo eso. Me presento hoy ante ustedes en calidad de semanasantera de a pie para hablarles de sentir, vivir la Semana Santa y en tanto a que experiencia íntima y personal nunca se agotarán las emociones que despierta en el corazón del cofrade, con el rezo a flor de piel, por lo que siempre habrá ocasión de escribir sobre ello, pregonar, cantar, contar, por mucho que ya se haya escrito, pregonado, cantado, contado.

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Publicado en Wadi As Actualidad y Cultura en su número de 21 de marzo de 2016

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Tengo el placer de invitarle a recorrer algunas de las localizaciones de la novela ‘Sombras en la luz’, en las que procederé a la lectura de los pasajes correspondientes del libro.

El paseo literario tendrá lugar el próximo 29 de marzo, a partir de las 18:30 horas, y partiremos de la biblioteca municipal José Asenjo Sedano (Plaza de San Francisco, 4).

Durante el recorrido por estos enclaves de Guadix que sirven como escenario para la historia de Soledad, además habrá ocasión para intercambiar impresiones y plantear reflexiones sobre el texto.

Estaré encantada de contar con su presencia y participación.

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Guadix en Cuaresma. Ceniza en la frente. Acopio de bacalao en salazón. Ensayos de las cuadrillas de costaleros. Conciertos de agrupaciones musicales. Recibos de ésta, y de la otra, y de aquella otra hermandad. Reuniones en ésta, y en la otra, y en aquella otra casa de hermandad. Tardes más largas. Tapas de vigilia. Marchas procesionales en el radiocasete/ reproductor de cedés y similares (ahora también compartidas por Wassap). Viacrucis y rosarios. Invierno que agoniza, primavera que se intuye. Cultos cofrades. Carteles oficiales pegados con fixo en las puertas de comercios y farmacias. Movimiento en las iglesias. Capirotes de cartón o redecilla. Roscos fritos, pestiños, arroz con leche. Programas de mano con los itinerarios. Pregón, pregones. Tertulias semanasanteras en Twitter, en un bar. Planchado de túnicas. Potaje de garbanzos y espinacas. Talvinas/tarbinas, natillas, torrijas. Hato de estreno pal Viernes Santo. Tonos para móviles con solos de corneta. Últimos retoques de los trajes de camareras; puesta a punto de tejas y mantillas y pendientes. Pendientes del Cielo/cielo (con mayúsculas y con minúsculas). Y así Guadix recibe la Semana Santa. Así y con palmas, ramos, niños. Y con procesiones. Mañana, tarde, noche. Noches de luna, silencio, murmullos. Baile de palios, de lágrimas, de emociones. Emoción y rezo.

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Procesión de la Borriquilla (Domingo de Ramos 2016)

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Nunca pensé que un pepino, una lechuga y un pequeño monedero pudieran ser tan pesados. Al menos lo son ese pepino, esa lechuga y ese pequeño monedero que la señora que está intentando subir al autobús lleva en la cesta de su andador. Como poco cada pieza debe pesar quintal y medio, a juzgar por la fatiga que la hace resoplar una y otra vez, por lo mucho que se afana por reunir las pocas fuerzas que almacena su cuerpo, venido a menos por los años y los achaques, y conseguir levantar el artilugio lo suficiente como para que las ruedas delanteras alcancen la plataforma del vehículo, que es lo que más cuesta. La chica que viaja a mi lado y yo hacemos intención de ayudarla a subir, pero en uno de esos resoplidos la anciana alza la vista y agarra con más intensidad si cabe los mangos del andador y aprieta más la boca y frunce más el ceño y se esfuerza más en su lucha frente a las fatalidades alineadas en su contra, a saber, el inexorable paso del tiempo, la urgencia del conductor por reanudar la marcha, el peso no ya de su mínima compra, sino más bien del andador en sí y de las miradas mezcla de piedad y lástima que recibe de buena parte de nosotros y de las prisas que meten otros tantos que hipergesticulan -e hiperventilan- por lo que la maniobra de la vieja está suponiendo de retraso sobre el horario previsto. El chófer le comenta algo, pero ella sigue erre que erre con su plan de subir por sí sola. Un señor que parece de su edad y que está en uno de los asientos reservados a personas con movilidad reducida le apremia a que acepte nuestra ayuda o se quede en tierra. Pero no acaba su discurso cuando el conductor para el motor, se levanta, despliega la rampa que el vehículo tiene para facilitar el acceso a sillas de ruedas y la señora, con calma pero firme, empuja el andador y va subiendo poquito a poco hasta que lo logra. No puede evitar esbozar una sonrisa cuando llega arriba.

Sucede esto justo mientras yo iba pensando sobre qué escribir ante el Día de la Mujer. Tal vez hablaría sobre la conciliación de la vida personal, familiar y laboral, sobre qué tipo de medidas serían precisas para que esto deje de ser un cuento chino, máxime si quien se encuentra en medio de esta ecuación imposible es una mujer, máxime al cuadrado si además es madre, máxime al cubo si encima quiere reservar parte de su tiempo para sí y sus inquietudes y aficiones más personales e intransferibles. Porque, por desgracia y pese a lo mucho avanzado, la cosa sigue complicada y lo de ser mujer y trabajadora continúa siendo la cuadratura del círculo que convierte la igualdad fáctica de oportunidades en una asignatura pendiente. “Igualdad de oportunidades”, retumba en mi cabeza mientras veo cómo la señora se acomoda en un taburetillo que lleva incorporado el andador. Y es que gracias a la rampa del autobús, gracias al andador, esta anciana puede ir ahora a sus mandaos, al médico, donde quiera que sea que vaya, con total independencia y autonomía, en pie de igualdad a yo y cualquier otro de los que compartimos viaje con ella. Eso es lo que esperamos de nuestra sociedad también en lo relativo al binomio complejo mujer-trabajadora, que si se quiere, se pueda, y que se habiliten todas las herramientas necesarias para que, en este caso, el género no sea un condicionante que limite la proyección personal, familiar y laboral de nadie.

No es cuestión de paños calientes, palmaditas en la espalda, miradas condescendientes ni ayudas puntuales. Sí es cuestión de que nosotras, mujeres, podamos hacer de nuestra capa el sayo que queramos. Y que tengamos a nuestro alcance lo necesario para conseguirlo es obligación de los poderes públicos, por supuesto, pero también un compromiso compartido y extensible a las empresas y requiere de un ejercicio de concienciación colectiva. Por tanto ¿en verdad “mujer” y “trabajadora” son parte de una ecuación imposible? Desde luego que no, pero hace falta voluntad decidida y concreta para pasar de lo mucho que se ha dicho al hecho, de manera que quede garantizado el ejercicio de este derecho tan importante.

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Publicado en Wadi As Actualidad y Cultura en su número de marzo de 2016

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