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Archive for 30 mayo 2017

Berlín no sabe sudar. Incluso en una actividad tan fisiológica como esta, la herencia cultural y el poso antropológico marca el resultado de la acción. Sudar es la gota que cae por la frente y las gotas que empapan el pelo y arroalan camisas, pero también, por supuesto, la actitud que comporta el hecho de la sudoración, algo que en España -en particular, en los lugares donde el personal tiene las glándulas sudoríparas echando continuamente horas extra- se conoce, se asume y se sabe apaciguar, aguantándose, pues, con una resignación muy llevadera. Claro que con el calor los nervios se pierden con más facilidad. Eso es así en Écija, Manila y Sebastopol. No obstante, no es menos cierto que el umbral de tolerancia cambia de unos sitios a otros y si, de por sí, el mal pronto typisch Berliner sale a relucir en las situaciones más cotidianas e intrascendentes, si se le añaden unos cuantos grados de más y estos llegan, además, de repente, de un día para otro, entonces se forma la tormenta perfecta. Y es que para los berlineses, a los que les queda un buen ramalazo prusiano -por mucho que renieguen de ello-, todo eso de la improvisación, de lo que viene de sopetón, no tiene encaje sencillo y, ante lo espontáneo, no reaccionan con la naturalidad que baña las regiones mediterráneas, de ahí que en estos días de avanzadilla del verano su humor de perros se vea acentuado por la incomodidad de sentir la camiseta sudada o de tener que soportar el tufo de los pies del colega o del vecino de asiento del metro, por ejemplo. En que Berlín no sepa sudar cuando el calor aprieta influyen, sin duda, las dificultades que encuentra para vestirse cuando el sol hace lo que debe, o sea, cuando calienta en condiciones. El aspecto es algo que en absoluto quita el sueño por estas latitudes, pero digamos que, en invierno, con todo lo que hay que echarse por lo alto, el cascamorreo pasa más desapercibido. Sin embargo, en estos días a los que me refiero, queridos paisanos, esto es un colorín que solo tiene parangón estético con la fiesta accitana más internacional. Las estrambóticas combinaciones de prendas de invierno y verano que prodigan con este tiempo en parte provocan ese sudor que no sabe ser sudado.

Y es que Berlín es una ciudad de frío y esto cala en el ánimo y determina los hábitos incluso durante los meses de deshielo. Tanto que no puede faltar en el vagón de tren el nostálgico de turno que, pese al calorazo, va con su gabardina y sus botas. Tanto que Berlín no sabe caminar erguido. Acostumbrado uno a ir encorvado, embebiíco ante las bajas temperaturas y el recurrente airazo del este, a la hora del destape cuesta ponerse tieso, de manera que la chepa permanece ahí. “Los jorobados invaden la ciudad”, podría rotularse el pie de foto de una instantánea cualquiera de una vista general de cualquier calle en jornadas de mercurios animados. Berlín, pues, no se reconoce, no se halla en este brete, se siente incómoda. Le pilla con el pie cambiado este sol bravucón y sobrevenido y el festival de pies calzados de cualquier manera es apabullantemente pintoresco. Esto sí es pintoresquismo, y no el romance del torero y la folclórica. Bueno, hasta los hay que van a lo rey de la selva sin zapato que les cubra los pinreles.

Por no saber, ni siquiera Berlín tose y estornuda con garbo en los días posteriores a la irrupción del calor “calor”, propicios para enfriamientos, insolaciones y demás familia.

En definitiva. Que sí, que con la calor las terrazas estarán llenas, las áreas verdes con overbooking de picnics y los carriles-bici atascados, pero la ciudad sigue latiendo con el mismo tono y el personal continúa con sus usos y costumbres, esto es, con el careto largo y lánguido habitual y el bramido por casi todo. Berlín, de frondosos bosques, hermosos parques, surcado por ríos y canales que, en los días soleados, proyectan una claridad deslumbradora, perfecta para kilométricos maratones de fotos, no es ciudad para el calor. No sabe disfrutarlo. Ni calzarlo ni vestirlo ni sudarlo. Berlín y el calor. Cómica pareja. Sublime paradoja. Matrimonio imposible.

(c)www.pixabay.com

 

 

Publicado en Wadi As Actualidad y Cultura en su edición de mayo de 2017

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