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Posts Tagged ‘bajo coste’

Publicado en Wadi As en su edición del 14 de octubre de 2011

 

Se conoce que afilamos nuestro instinto de supervivencia en situaciones límite en las que vemos amenazada nuestra integridad. Sacamos de la jaula lo peor que llevamos dentro y lo soltamos para ver si, sin los grilletes del civismo necesarios –al menos, hasta ahora- para vivir en sociedad, hace algo por defender las lindes del terruño. Claros ejemplos de esto que os cuento los tenemos, por ejemplo, en el primer día de superchollos de un centro comercial, cuando reparten cosas “de gratis” y ante la puerta de embarque de los vuelos con compañías aéreas de bajo coste.

 

Viajeros ante un mostrador de facturación

 

A diferencia de los dos primeros contextos, los codazos, empujones e insultos que conforman un clímax suficientemente insoportable como para que nos veamos obligados a dejar salir a la fiera, se prolongan obra y gracia del pesado y largo proceso en el que consiste viajar de origen a destino en avión. Es la ley de la selva en estado puro. El más listillo, el más jeta, ése al que no le preocupa lo más mínimo haberse colado en tus narices, incluso haber usado su maletón como machete para ir abriéndose camino entre la gente, es el que coge antes asiento. Y lo peor es que tienes que aguantar la chulería del menda durante un buen rato. Incluso puede que te desafíe a las puertas del baño del avión, a la hora de comprar el bocata sabor a plástico de a bordo, al desembarcar… ¡será que viajar en un autobús con alas no invita a medir los egos en intimidad!

 

Quizás sea éste un caso extremo de la pérdida progresiva del trato social que padecemos, pero es que cada vez nos vemos envueltos en menos ocasiones que nos transmitan la confianza en que no todo está perdido. En tiempos de crisis se suceden episodios como el del sálvese quien pueda a la hora de embarcar con aerolíneas económicas. Repasemos un día cualquier en nuestras vidas y encontraremos miles de momentos “low cost”, de bajo coste emocional y consecuencias cortoplacistas ventajosas. No nos importa dejarnos la educación en casa si lo que queremos es lograr la mejor plaza de parking del super, aunque hayamos llegado a media mañana; apuntar al niño en el grupo de natación de mejor horario, aunque lo hagamos a un día del cierre de plazas; coger vez en la peluquería, aunque se nos haya ocurrido de un día para otro y no haya huecos disponibles. Lo más irónico del tema es que nos creemos los reyes del mambo tras soltar por la boca cuatro tacos al panoli que nos cede el paso, cuando en realidad y a su vez somos los panolis para otros que sueltan más tacos que nosotros y pisan más fuerte. Tener la sensación de superioridad, aunque sólo sea eso, una mera impresión, colma nuestro ramalazo prepotente de criatura alfa del grupo, si bien más que una jauría desbocada no seamos sino un cortejo circense que actúa por turnos, protagonizando patéticos momentos “low cost”. Y nos quedamos tan panchos.

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