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Posts Tagged ‘barrio de Santa Ana’

Artículo publicado en Wadi As en su edición del 25 de julio de 2015

Basta con echarle un vistazo a las fotos que suben paisanos nuestros a los grupos que sobre Guadix hay en Facebook, para comprobar lo mucho que ha cambiado la ciudad en las últimas décadas: el asfaltado de las calles, el alumbrado, la urbanización de la barriada de las Cuevas, servicios educativos y sanitarios, infraestructuras y dotaciones municipales, etc. En muchos aspectos, para bien. Claro que todo tiene su contraparte y no siempre es buena. Así, estar conectados con Granada por autovía, una incuestionable mejora, le ha hecho sin embargo flaco favor al comercio accitano tradicional, incapaz de competir en precio con las grandes superficies de la capital. Otro ejemplo lo encontramos en las nuevas tecnologías que, por un lado, nos acercan al hijo que está de Erasmus en Helsinki, pero por otro hacen que no nos veamos obligados a relacionarnos con el vecino con la intensidad de antaño. La identificación con el barrio, sentirse de un barrio en particular, no es algo que nos importe demasiado ni nos defina. Da igual donde físicamente viva uno, que uno puede sentirse parte de una comunidad virtual o sita en cualquier lugar del mundo. Hacer vida de barrio casi, casi viene a reducirse a bajar al bar de la esquina a tomarse una cervecilla de higos a brevas. Por descontado que en el caso concreto del casco histórico y los barrios señeros de Guadix, la puntilla se la han puesto las sucesivas planificaciones urbanas, que han propiciado el crecimiento en/hacia la periferia en detrimento de la conservación del centro de la ciudad. Algunas zonas de San Miguel y Santa Ana están que da pena.

Como digo, basta con dedicar unos pocos minutos a repasar las imágenes que van nutriendo esos ciber-foros, mezcla de nostalgia y reivindicación –también hay hueco para la foto-denuncia-, para obtener una rápida, pero nítida radiografía del tiempo en que se vive, de la difícil papeleta que tiene Guadix, esto es, sus gentes, esto es, sus políticos y sus ciudadanos.

Guadix ha perdido peso en el mapa: de contar con más de 30.000 habitantes en 1950 pasa a estar por debajo de los 19.000 según los últimos datos. De la gestión de los grandes asuntos sí podemos responsabilizar a quienes han tenido el bastón de mando, pero la vida de un pueblo trasciende la política, va más allá del salón de plenos. Algo tendremos que decir los ciudadanos rasos al respecto de la discreta afluencia a las verbenas y demás actividades de las fiestas de barrio que, con mucho esfuerzo, tanto las asociaciones vecinales y hermandades como el ayuntamiento, intentan que no se pierdan, o sobre el creciente desinterés de las nuevas generaciones por las tradiciones locales. Tiempo… los jóvenes aducen/aducimos falta de tiempo para justificar, por ejemplo, que en vez de comprarle directamente a los campesinos la fruta o la verdura de temporada o de optar por la plaza de abastos para mercar género fresco –como se venía haciendo-, vayamos al super, donde de una atacada lo compramos todo, o que encarguemos por Internet lo que sea que luego recibimos a domicilio. Ahora bien, pensemos en cuánto tiempo de oro no se nos va en los telefonicos dichosos o en planes de ocio que se reducen a consumir por consumir y, entonces, tal vez podríamos rascar minutejos para ir a por pimentillos de la vega o a por un pollo de corral. Lo más exquisito no tiene por qué ser más caro. Vete a cualquier horno de Guadix y cómprate un simple bollo de aceite. Eso sí que es sabor.

Cuando sale el tema “pasado y porvenir en Guadix” en los corrillos de vecinos que toman el fresco en las noches de verano, la charla siempre se remata con un incómodo silencio que viene a invitar a los presentes a disolver la reunión. Y es que no es sencilla la respuesta. Para recuperar la vidilla de barrio no basta con quitarle a los críos las tablets, ponerles tizas en las manos y obligarles a pintar rayuelas en el suelo. No es fácil reconstruir eso que llaman “tejido social” cuando no conocemos a quien vive dos puertas más arriba. Pero, bueno, algo habrá que hacer. Al menos, por nuestra parte, que no quede.

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