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“Quince años son muchos años”, me decía el pasado 9 de septiembre mientras marchaba rumbo a la estación. Pensaba en esto con cierto pesar. Temía tener demasiado idealizado mi último Cascamorras vivido en carne y hueso, del que hacía tres lustros, y que mis ganas de pasármelo en grande hubiesen alimentado unas expectativas condenadas a estrellarse contra una realidad muy diferente, incapaz de corresponderse con lo imaginado. Pero no fue así. Todo lo contrario.

Ahí estaba yo, de nuevo, ante la cueva de la que, en una chispa, saldría el Cascamorras rodeado de sus más cercanos, iniciando así el recorrido que le llevaría por las calles de un Guadix, su Guadix, que le recibiría como un héroe, pese a regresar de Baza de vacío, pese a volver sin la Virgen de la Piedad otro año más… y van más de quinientos.

No sólo discurrió todo como recordaba -salvo variaciones menores-, como si esos quince años no hubiesen pasado, como si el tiempo se hubiera detenido: la verja que se abre; el corazón latiendo a ritmo de tambor, a disparo de cohete; el tacto de la pintura en los dedos; pompas de agua y pintura entre calcetín y zapatilla; chorreones de agua tintada, de pintura aguada bajando por la espalda, convirtiendo la camiseta en una segunda piel; la vista que se tiene de “los Cruces” y la Catedral en el descenso por la Carretera de Murcia; la rigidez de la cara cuando se seca la mezcla; cubazos de agua, manguerones de espuma; el murmullo de la multitud multicolor; sed, calor, caños, frío; sonrisas blancas en caras oscuras; cámaras pese al riesgo de mancha -la mancha hoy es alegría-; avenidas y callejuelas; en solitario, en pareja, en pandilla, en familia -de abuelo a nieto-; juras; palmas, gritos; portalón que se cierra; vivas; “¡Viva!”; silencio.

Es que lo que tuve la oportunidad de vivir superó con creces cualquier vaga idea, toda expectativa por muy alta que fuera. ¡Qué gentío! Gente en los balcones, en las aceras, pero sobre todo corredores, muchos, de todo tipo y edad. ¡Qué carrera más limpia, pese a ir todos guapos de churretes! ¡Qué tarde más espléndida, de temperatura ideal! Fue, por tanto, una ocasión de lujo para renovar los votos cascamorreros y, en consecuencia, y desde la convicción reforzada, hacer por convencer y seguir animando a cuantos más, mejor, a que participen en la carrera y demás actividades.

Queridos paisanos, queridas paisanas, permitidme que redunde en la idea que desarrollé durante el pregón que tuve el enorme honor de dar el año pasado, relativa a que la grandeza de la fiesta le viene por alzarse como símbolo de hermandad entre las ciudades implicadas, por haber sabido transformar en ocasión para el encuentro, lo que en su origen fue motivo de litigio. Litigio sin el cual, por otra parte, no habría habido fiesta, piques, por otro lado, naturales entre poblaciones próximas. El Cascamorras del siglo XXI no ejerce de mero recaero, sino más bien como representante de la buena disposición con la que Guadix y Baza se avienen a perpetuar esta antiquísima tradición, desde el respeto y el cariño recíprocos.

Así pues, la manera en la que se vive el Cascamorras actualmente, la importancia que cobra lo que nos une a accitanos y bastetanos, singulariza y diferencia éste de otros festejos populares con los que pueden existir semejanzas.

Así, el Cascamorras es puro color, como color hay en la Tomatina de Buñol, pero no sólo. Cascamorras viste un hato de colorines, como algunas Botargas, y lleva una cachiporra, como los Cascaborras, por ejemplo, pero no son estos los únicos atributos del personaje, similar, asimismo, a los bufones.

De la fiesta del Cascamorras rezuma también esa capacidad para regenerar entusiasmo y no cejar en el empeño como la que pueda haber en las cuadrillas de moros que año tras año hacen frente a las de cristianos, a sabiendas de su derrota, en las famosas representaciones que se celebran en cientos de pueblos de España.

El Cascamorras tiene vocación de ser disfrutada por quien sea de donde sea, eso sí, que quiera divertirse sin excesos ni desmadres.

Aun siendo cierto todo lo anterior, aun reuniendo todas estas características, lo que hace singular al Cascamorras es cómo ha llegado a nosotros, es qué significa la fiesta hoy día, cuyo objetivo no es otro que la repetición misma de un ritual querido, aceptado, compartido por dos ciudades, Guadix y Baza, que manifiestan así una rivalidad sana, que entierran una vieja pugna y sellan, en su lugar, un acuerdo de buena vecindad.

Peculiar es la leyenda de la que bebe -con milagro incluido-, particular es la indumentaria de los corredores -ataviados siempre con sus peores galas, usando pintura como maquillaje-, pintoresca en todo punto en su plano visual y plástico la fiesta del Cascamorras tiene un innegable mérito de pervivencia en una época instalada en lo efímero, de sobrevivir cuando tan poco valor se da a lo que viene heredado y tanto a lo que está de moda, y en este contexto posiciona la unión como un factor sin el cual no cabe ni puede ser entendida. Guadix y Baza, Baza y Guadix, bajo una misma tradición, una misma bandera, una misma devoción.

¡Viva la Virgen de la Piedad! ¡Viva Baza! ¡Viva Guadix! ¡Viva el Cascamorras!

El Cascamorras infantil a su paso por la plaza de la Catedral (2015)

El Cascamorras infantil a su paso por la plaza de la Catedral (2015)

 

Publicado en el cuaderno anual de la Hermandad accitana de la Virgen de la Piedad en su edición de 2016

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Entrevista realizada en la desconexión provincial para Granada de Hoy por Hoy, de la Cadena Ser, el 27 de agosto de 2015

 

Hay una cosa que tenemos los españoles que prodiga poco en el extranjero y es la capacidad que tenemos de darle la vuelta a las cosas y de convertir, por ejemplo, en este caso el Cascamorras, un litigio en origen, en una ocasión para la fiesta, para el encuentro, para convivir, para compartir

María Jesús Ortiz Moreiro

(Extracto de la entrevista que se puede escuchar a continuación)

 

http://www.ivoox.com/entrevista-sobre-cascamorras_md_7894065_wp_1.mp3″ Ir a descargar

 

 

El Cascamorras infantil a su paso por la plaza de la Catedral (2015)

El Cascamorras infantil a su paso por la plaza de la Catedral (2015)

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Publicado en Wadi As Información en su edición del 5 de septiembre de 2015

Vista la marabunta pintarrajeada pareciera que correr el Cascamorras no tiene más historia que salir a la calle y dejarse manchar. Nada más lejos de la realidad. Hay toda una liturgia que guía la fiesta y que sigue al dedillo todo cascamorrero que se precie.

Comienza con las negociaciones con las madres. Su venia es crucial. Y obtenerla no es empresa sencilla. No es cosa menuda convencerlas de que miren para otro lado cuando nos oigan llegar tras la carrera. Ayuda asegurarles que, después de quitarnos los churretes, dejaremos el cuarto de baño como los chorros del oro. Esta fase se la ahorran los turistas. Suertudos ellos.

Es fundamental elegir la ropa y el calzado, que deben ser suficientemente prescindibles, a la vez que cómodos y que no limiten el movimiento. No vale cualquier harapo.

Por supuesto, hay que comprar las pinturas de agua (almagra, amarillos, azulete) para el Día D. La fiesta no sólo consiste en pillar resfregones de la gente y en mostrarte receptivo a ello. Tú también tendrás que pintarte y que pintar a quienes te lo pidan. Hay que agenciarse botellas de plástico –de agua, de refrescos…- en las que mezclaremos las pinturas con agua.

Ya el día de la carrera, hay que embadurnarse el cuerpo entero de crema hidratante o vaselina para que luego la pintura salga más fácilmente. Es más que recomendable recogerse el pelo y protegerlo con gorras y pañuelos. Una vez vestidos para la ocasión con nuestras peores galas, salimos de la casa con las pinturas y las botellas con agua o bien con la mezcla ya hecha. Muchos preparan los potingues ya enfilando la carretera Murcia. Sea como fuere, el hecho es que se llega al inicio de la carrera un tanto manchaíllo –dejémoslo ahí-.

Con el primer cohete empieza a notarse el gusanillo en el estómago. Queda menos de media hora para que comience la función. Aumenta la gente concentrada en el paso a nivel. Pero a mí me gusta subir hasta la cueva de donde sale el Cascamorras rodeado de sus incondicionales. Con el segundo cohete, los chavales y las familias con niños que quieren evitar el motrollón van arrancando poquito a poco carretera abajo. Y con el tercer cohete y el redoble del tambor, ya sólo queda echarse a correr porque el Cascamorras está ya pisándote los talones. Y lo que sucede después sí que es vivir para contarlo.

No hay tarde fresca de otoño precoz ni tarde calurosa de verano remolón que afecten lo más mínimo al subidón de adrenalina que se experimenta haga el tiempo que haga. Tanto si chispea como si hace airazo o brilla un sol de justicia, es igual, uno ya lleva dentro el ritmo de la carrera y sólo piensa en seguir lo que se le mande. A ratos se va caminando. A ratos al trote y al galope. Tocará huir de los acelerones que da el Cascamorras porra en mano. Tocará arroparle y animarle para que siga dándolo todo. Tocará pedirles que echen agua a quienes nos ven desde los balcones. Tocará ponerse de rodillas cuando el Cascamorras tremole la bandera. Tocará santiguarse. El momento llega. Todo llega.

Prueba de lo estricta que es la liturgia cascamorrera es que hay encuadres de fotos que se repiten año tras año: la muchedumbre marrón-rojiza bajando la Carretera Murcia, el baile de bandera en el puente del Río Verde en recuerdo de la despedida del día 5, el baño por parte del camión-cuba de los bomberos en la entrada del parque municipal, el baño en Santiago, el baño en la plaza de las Palomas, la entrega de los merengues de la señá Frasquita, el saludo del obispo desde un balcón del palacio episcopal, el baño de espuma en San Miguel y el encierro en la iglesia.

El silencio que se hace una vez acabada la carrera y disuelta la concentración forma también parte de la liturgia. Mientras uno va de vuelta rumbo a casa, al hotel, empieza a sentir el bajón después de tanto vivido. Viene el cansancio y las ganas de ducharse y ponerse limpico.

Ahora sí que sí Guadix clausura el verano y no el veintitantos de septiembre como el resto. Tras el paso de la multitud parduzca del Cascamorras, Guadix recupera su cariz de ciudad silenciosa, solitaria, seca.

El cartel es obra de MariLuz Parra Sánchez

El cartel es obra de MariLuz Parra Sánchez

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Artículo publicado en el cuadernillo editado por la Hermandad accitana de la Virgen de la Piedad con motivo del Cascamorras en su 525 aniversario

¿Que qué podemos hacer cada uno de nosotros por la fiesta del Cascamorras? Lo primero y más importante, tenemos que apostar por ella con total convencimiento. En trámites para ser considerada como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, está ya reconocida como fiesta de interés turístico andaluz, nacional e internacional, pero que sea tan conocida a nivel mundial como otros festejos patrios –Sanfermines, Fallas…- corre por nuestra cuenta. Es cuestión de fe, de nuestra fe, y ésta no puede ser una fe pasiva, la de quien espera que sean siempre otros, ya sea la Hermandad de la Virgen de la Piedad, los ayuntamientos de Guadix y Baza, la Diputación, la Junta, etc., los que hagan algo por la fiesta. Cascamorras nos necesita, a mí, a ti, ¡eh, tú!, sí, también a ti. Cascamorras necesita que profesemos una fe viva, activa, proactiva, esa que alienta actuaciones no importa cuál sea su dificultad, no importa cuánto esfuerzo comporten, la fe en el sentido de creer en el potencial de la fiesta.

Tenemos varios ejemplos de cómo con la puesta en práctica de esta virtud se consiguen las cosas. La Hermandad accitana de la Virgen de la Piedad no ha dejado de creer en el proyecto cascamorrero. No ha parado un momento de idear y buscar nuevas formas de promocionarla y de asegurar una transmisión sólida de tan antiquísima tradición a futuras generaciones, como que el Cascamorras visite colegios y escuelas municipales de verano, con el Cascamorras infantil o el mismo hecho de proponer la fiesta para las diferentes catalogaciones logradas y la que se espera de la Unesco. Nada les ha frenado. Esa fe a la que me refiero es la fuente de energía que les hace sobreponerse a las adversidades y cumplir objetivos que parecían inalcanzables en un inicio, convencimiento también presente en el ánimo de quienes, año tras año, han encarnado la figura del Cascamorras, dando lo mejor de sí para lucimiento de la fiesta no sólo los días de las carreras –el 6 de septiembre en Baza, el 9 en Guadix-, sino estando a disposición de la Hermandad siempre que ha necesitado algo de ellos.

Con los premios que la Hermandad entrega en las galas de presentación del Cascamorras, se reconoce la labor que las personas y organizaciones galardonadas han hecho/hacen en favor de la fiesta. Ellos, por tanto, representan a la perfección qué significa el sentir cascamorrero y nos pueden servir como referencia y acicate para poner nuestro granito de arena que, como digo e insisto, es fundamental para que la fiesta tome el impulso definitivo.

Pero, ¿por qué luchar con tanto ahínco por el Cascamorras?

Porque seríamos unos auténticos irresponsables si dejamos que se pierda una tradición que ha pervivido en el acervo popular accitano y bastetano durante 525 años. A quienes nos tira la tierra no nos queda otra que hacer lo imposible para que nuestros descendientes la continúen durante muchos siglos más. Velar por costumbres de tan profunda raigambre es salvaguardar la identidad del pueblo que las atesora en una época en la que lo genuino, por escaso, es un bien preciado.

Porque el propio personaje del Cascamorras, central en las fiestas, tan peculiar, es de un interesantísimo valor antropológico.

Porque, lejos de fomentar rivalidades, la fiesta une a dos pueblos vecinos, Guadix y Baza, en torno a la devoción por la Virgen de la Piedad y a una tradición en la que no hay vencedores ni vencidos, agraviados ni recompensados, sino gente con ganas de pasárselo bien. La grandeza del Cascamorras es que, a partir de un motivo originario de disputa, se ha fraguado una fiesta de encuentro y convivencia, en la que él, el Cascamorras, actúa como enlace entre accitanos y bastetanos. ¡Qué gran lección para los tiempos que corren! Para los bastetanos el Cascamorras representa a aquel gracias al cual hoy tienen a la Virgen de la Piedad, a la que veneran como patrona, y para los accitanos es el símbolo de que nunca hay que rendirse y con esa moral Guadix manda cada año a su comisionado de colorines.

Porque, lejos de la distorsionada imagen que desacertados reportajes dieron en su día, la fiesta no incita a ningún tipo de violencia. Por el contrario, invita a experimentar un cúmulo de sensaciones muy buenas y con tal intensidad que la fiesta, una vez vivida en primera persona, engancha para siempre. Entra con fuerza por los cinco sentidos. Si impacta ver moverse con una agilidad pasmosa a esa muchedumbre oscura casi negra en Baza, marrón-rojiza en Guadix, más lo hace ser parte de ella. Es una fiesta que se huele, que huele a pintura, pintura que se nos cuela por los orificios de la nariz, por las comisuras de nuestros labios y que acabamos sacándole sabor. Fiesta que cuenta con sonidos inconfundibles, como el del tambor que guía la comitiva, el de los cohetes que acompañan la carrera o el del gentío gritando “¡Agua! ¡Agua!” que piden a quienes les observan desde los balcones, para con ello aplacar el calor que uno lleva dentro por mucho fresco que pueda llegar a hacer. Y, ¡claro está!, la fiesta del Cascamorras entra por el tacto y además lo hace como por ningún otro sentido. Sentir la pintura sobre la piel y las ropas empapadas contra el cuerpo durante la carrera es algo que te  mete en situación, te aísla de lo que pasa fuera: tú sólo entiendes de seguir el ritmo que va marcando el Cascamorras.

Porque la  fiesta del Cascamorras es eso, una fiesta, una ocasión para expresar y compartir la alegría –desde el respeto, por supuesto, a quien no quiere ser manchado, aunque sí formar parte de ella como espectador-, y que está abierta a la participación de gentes de todas las edades.

Más razones para tener fe en la fiesta.

Pues la otra fe, la religiosa, sin la que el Cascamorras tampoco puede entenderse. La fiesta del Cascamorras irá evolucionando con los tiempos, como hasta ahora ha sucedido, pero sin prescindir de ciertos componentes esenciales, como es la devoción por la Virgen del Piedad, que está en el origen mismo de la fiesta: fue el hallazgo de una talla mariana por parte del accitano Juan Pedernal en Baza lo que desencadenó los hechos que narra la leyenda que se encuentra en la base de la tradición cascamorrera. Esto no se puede obviar.

¿Y cómo manifestar nuestro convencimiento? Pues precisamente saliendo en masa a la calle el día de la carrera. Una participación masiva de corredores, una asistencia multitudinaria de público, será un reclamo rotundo de cara a ediciones futuras. Una imagen vale más que mil palabras y que dé la vuelta al mundo la foto de una multitud pintada que avanza entre un gentío abarrotando calles en calidad de espectador, es la mejor campaña de publicidad. Tan claro mensaje serviría como primera llamada de atención y el que la viese al menos se detendría y muy probablemente mostraría interés por querer saber más.

En relación a esto, es vital nuestra implicación en la promoción de la fiesta, inundando, por ejemplo, nuestros perfiles en redes sociales de información sobre el Cascamorras, explicándole a nuestros hijos, a nuestros alumnos, a nuestros compañeros de la facultad, a nuestros colegas del curro, a nuestros amigos de fuera de qué va todo esto.

Y haciendo cada cual lo que mejor sepa y pueda y se le ocurra. Los organizadores estarán encantados de poner oído a nuestras propuestas. Todo suma. Lo importante es que, lo que hagamos, lo hagamos convencidos de lo que la fiesta es y significa. Para convencer a un coruñés, un milanés o un neoyorquino de que vengan y se animen a participar en el Cascamorras, primero tenemos que estar convencidos nosotros y demostrarlo actuando en consecuencia. Cuando las cosas se hacen de corazón y con absoluto convencimiento, esa fuerza se contagia y se transmite con rapidez. Sólo desde este sentimiento la fiesta cogerá la dimensión y el reconocimiento fáctico a la altura de las denominaciones obtenidas y de la que aspira tener.

No nos engañemos. No miremos para otro lado. Por muchos folletos, webs, anuncios publicitarios y material promocional que se distribuya, por mucho que la Unesco la incluya en un futuro en el catálogo, todo esto no será suficiente sin nosotros, accitanos y bastetanos practicantes, cascamorreros todos convencidos.

El año pasado fue ya una carrera en la que hubo un gran incremento de corredores en Guadix. ¡Este año podemos ser muchos más! El año pasado se notó un considerable aumento de visitantes. ¡Este año pueden venir muchos más!

En nuestras manos está que la fiesta ocupe el lugar que le corresponde.

El Cascamorras, el del traje multicolor, el que se abre paso entre el gentío con la cachiporra, el que ondea la bandera, sólo es uno. Pero Cascamorras, la fiesta, somos todos.

María Jesús Ortiz Moreiro

Pregonera 2015

José Antonio Escudero, durante su presentación como Cascamorras 2015

José Antonio Escudero, durante su presentación como Cascamorras 2015

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Pronunciado el 28 de agosto de 2015 en el Teatro Mira de Amescua de Guadix

 

Vídeos de la gala del Cascamorras en la que se enmarcó el pregón de la fiesta cascamorrera

(Editados por Pedro Muro)

 

 

 

Texto del pregón

Dignísimas autoridades civiles, militares y religiosas. Hermandad de la Virgen de la Piedad de Guadix y de Baza. Cascamorras. Señoras y señores.

Bienvenidos. Welcome. Bienvenu. Benvenuti. Willkommen. Siendo la fiesta del Cascamorras de interés turístico internacional y a un paso, como está, de ser reconocida como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, qué menos que arrancar el pregón dando la bienvenida en unos cuantos idiomas.

Empiezo mi intervención dando la bienvenida y también las gracias por encomendarme la tarea de pregonar las fiestas cascamorreras en su 525 aniversario. Es un orgullo grandísimo, como accitana que soy y me siento y por ser ésta una fiesta que desde pequeña he vivido mucho.

Agradezco a la Hermandad accitana de la Virgen de la Piedad esta oportunidad que me da para, igual que han hecho mis predecesores en estos menesteres, anunciar con entusiasmo  que, un año más, Guadix manda al Cascamorras a Baza con la intención de que llegue sin pintar a la iglesia de la Merced y pueda, así, traerse la Virgen de la Piedad.

A la Hermandad y en particular a la familia López Lechuga/López Porcel, también quisiera agradecerles –agradecimiento al cual estoy segura querrán sumarse ustedes-, que hayan dado y den tanto por la fiesta, que estén haciendo tantísimo por perpetuarla, por garantizar que los más jóvenes sigan sintiendo como propia esta antigua fiesta. Para ellos pido un fuerte aplauso.

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Queridas amigas, queridos amigos.

Les invito a hacer un viaje en el tiempo. Vayamos cinco siglos atrás. Echémosle también un poquito de imaginación. Busquemos a ese tal Juan Pedernal, obrero accitano con el cual todo empezó, según cuenta la leyenda.

¡Sí, ahí está! Pero no lo encontramos en Guadix. Resulta que le ha salido un encarguillo en Baza. Y ahí lo tenemos, en plena faena, intentando demoler una pared en las ruinas de una antigua mezquita donde pronto levantarán un templo cristiano. Parece cansado. Y es que picar muros es una tarea dura. Faltaba este calor pegajoso. ¡Ay! Es que en septiembre, en Baza, como en Guadix, salen todavía días de mucho calor.

¡Atención! Algo pasa. No es sólo fatiga lo que refleja la cara de nuestro albañil. Algo le ha hecho dejar el pico a un lado. Cree haber oído algo. “Tonterías”, se dice. “Será que estoy cansado”, se repite. Sigue picando. “¡Piedad!”, oye justo cuando el pico da con algo duro ahí abajo. Suelta la herramienta como si el mango estuviese ardiendo. “¡Hay alguien ahí abajo, detrás de esa piedra que asoma!”, se dice. Mira a su alrededor. Los otros obreros siguen trabajando con total normalidad. “¿Acaso nadie más ha escuchado esa voz?”, insiste para sí. Para evitar que le tomen por loco, intenta resolver el enigma por sí solo. Sigue picando, pero ahora con sumo cuidado. La extrañeza se convierte en perplejidad absoluta cuando da unos golpecitos a esa cosa, que de piedra no tiene nada, sino que es más bien un bulto de yeso, y suena a hueco. Se da cuenta de que, con el pico, ha abierto un pequeño agujero en la superficie.

Y la perplejidad se transforma en enorme sorpresa cuando rompe el cascarón y encuentra la talla de una virgen. “¡He encontrado una virgencita! ¡Y la Virgen me ha hablado!”. “¡Ten piedad!”, me ha dicho.

Pedernal, como pa’ no pedir piedad después del golpetazo que le has dado con el pico. Hasta se le ve a la imagen un ligero roce en la mejilla.

Sí, sí. El Señor Juan lo tiene claro. Lo ha oído. No sabe si la alegría que siente es porque la Madre de Dios le ha escogido de entre todos los mortales para intercambiar unas cuantas palabras o por el revuelo que la historia del hallazgo, con milagro incluido, causará entre sus paisanos.

Se imagina Pedernal siendo recibido por el señor obispo. Imagina que su nombre aparecerá en más de una placa en su honor. Por lo pronto, en la puerta de su casa cuando el Señor lo acoja en su santo seno: “Aquí nació y entregó su alma a Dios Juan Pedernal, vecino de Guadix y fiel devoto, a quien la Santísima Virgen le pidió piedad”. Se imagina recibiendo en casa a diario a fervorosos marianos rogándole que repita, paso por paso el relato de los hechos y premiándole con ricos presentes.

Pero este castillo en el aire que ha levantado en una chispa empieza a desmoronarse desde el momento en que decide contarle su secreto a sus compañeros de obra. “¡De aquí no se mueve la virgen!”, dice uno. “¡En Baza se queda!”, dice otro. El caso es que Juan Pedernal se vuelve pa’ Guadix con el trabajo a medias y sin la virgencica que a él, y no a otro, le ha hablado.

Me imagino lo triste que se siente. Más triste aún cuando se entera de lo que Guadix y Baza acaban de decidir para solucionar la papeleta: que Guadix nombre un comisionado, que lo mande a Baza y que si logra llegar sin mancha alguna hasta la iglesia de la Merced, templo de la Piedad, entonces se la podrá llevar a Guadix. Misión imposibilísima. Me imagino lo que ronda por su cabeza: “en el barrio todo el mundo se reirá de mí, y el gobernador me desterrará, y…” el sentirse fracasado tiene esto, que uno nunca encuentra fin a lo malo por venir.

Tal vez piensa todo esto mientras es manchado y echado de Baza, mientras es recibido y manchado en Guadix.

Pero incluso en esta variante de la leyenda –que dice que Juan Pedernal fue el primer comisionado, el primer Cascamorras-, y como sucede en la vida misma, siempre hay hueco para la esperanza: “Bueno, si no es este año, pues ya lo lograré el próximo”, se convence Pedernal. Y este pensamiento es el que ha acabado pesando sobre la decepción, sobre el abatimiento. Y así ha venido sucediendo. Las expectativas se mantienen intactas 525 años después.

El ánimo de Juan Pedernal, presente en los accitanos que, año tras año, han asumido el papel de Cascamorras, se agarra a ese clavo ardiendo, que quema su orgullo, sí, pero que también lo redime y hace imposible que la palabra fracaso resuma su vuelta de manos vacías a Guadix.

El Cascamorras nunca fracasa, pues nunca se da por vencido. Pedazo de lección la que nos da. No tiene precio que cinco siglos después de todo aquello que se cuenta, siga viva en los accitanos la ilusión de elegir cada año a su emisario del traje de colorines y de ponerlo rumbo a Baza, y que, pese a volver sin haber completado la misión, Guadix lo reciba como una fiesta y mantenga la esperanza de que el Cascamorras pueda el año siguiente de nuevo ponerse en la calle para repetir el ritual.

Esto hace grande, muy grande la fiesta, que se coloca por encima de la disputa que hubo en su origen y del soponcio que se llevaría aquel pobre albañil.

Cuando uno vive fuera -como es mi caso, como es el caso de algunos de los presentes-, cuando se vive lejos de la familia, fuera de tu contexto natural, de tu gente, en otra cultura, usando otro idioma, la ilusión y la esperanza te dan el aliento necesario pa’ seguir pa’lante.

Independientemente de si se gana o se pierde,  a pesar de todo, siempre hay un amanecer, siempre hay una ocasión para empezar de nuevo, como le pasa al Cascamorras. Creo que, en el fondo, por esta razón, por esa capacidad de renovar el entusiasmo pese a los tropiezos, me atrapa la fiesta cascamorrera.

Bueno, al César lo que es del César. Mis padres y mi familia también han tenido algo que ver en que sienta un cariño especial por esta tradición.

Tenía la suerte de que mi Mami y mi Chiqui, mis abuelos maternos, vivían en la Carretera Murcia, ya casi a la altura del puente del río Verde. En las tardes del 9 de septiembre, su balcón funcionaba como palco de lujo desde el que seguíamos el primer tramo de la carrera.

Antes de ser corredora cascamorrera, he sido espectadora y bien puedo decir que también como público se vive muy intensamente esta fiesta.

Cuando mis hermanas y yo éramos chiquitillas, mis padres nos llevaban tempranico a la casa de mis abuelos para evitar resfregones de los chistosos de turno y pa’ ir metiéndonos en ambiente, viendo pasar carretera arriba hacia la Estación a los que tenían pensado participar en la carrera.

Recuerdo que mi abuela troceaba para su degustación frutas escarchás y turrones que compraba días antes en esos puestecillos de dulcería tradicional que siguen poniendo por estas fechas en la acera del parque. Los mayores se mojaban el gaznate con sidra achampaná y nosotras nos contentábamos con algún refresco.

Además de la convidá, la preparación de los cubos de agua que luego lanzábamos a la marabunta cuando pasaba por debajo formaba también parte de este compás de espera.

Ni que decir que los años en los que era el mismísimo Cascamorras el que pedía agua a los balcones del bloque de mis abuelos, lo celebrábamos con especial alegría. “¡Que viene el Cascamorras! ¡Que está ahí, ahí abajo!”.

En aquellos años de Cascamorras vistos y vividos desde el balcón, me acuerdo de que éste siempre estaba lleno de gente. Mis abuelos, mis padres, mis tíos, tíos de mi madre, mis primas… ambientazo que también se veía en los balcones vecinos. Todos, hasta la bandera.

Con los primeros cuetes chivatos entraban ya nerviecillos. Y con el definitivo, el que anunciaba que el Cascamorras estaba ya en la calle, el movimiento en los balcones, el bullicio en las calles, aumentaba de manera increíble.

Por muchos años que hayan pasado desde mi último Cascamorras desde el balcón, no se me va de la cabeza la imagen de la multitud tintá de almagra, de amarillo, de azulete –los colores del Cascamorras en Guadix- Carretera Murcia abajo ni la de esos grupos grandes pidiendo agua ni la de mis abuelos, mis tíos, mis padres cogiendo los cubos y mis hermanas y yo los cubicos de la playa, llenos todos hasta el borde de agua, y echándoselos a los de allí abajo ni por supuesto la otra imagen de los corredores arrodillados en torno al Cascamorras en la jura de bandera del puente.

Sentir los colores cascamorreros, sentir la ropa empapada y pintada contra la piel también pintada y empapada, eso es punto y aparte. Vivirlo para contarlo. Da igual si chispea como si hace un sol que achicharra, que el subidón que entra cuando estás metido en la carrera, no te lo quita nadie. A ratos la cosa va tranquila. Pero no puede uno fiarse, que te despistas un momento y tienes al Cascamorras pisándote los talones porra en mano. Durante la carrera, hay tiempo para todo.

Para reír, para hablar, para llorar, para santiguarse, para correr, para sentarse, para temblar, para pedir agua y más agua. Para decir, “cuchi, pues si corre maretilla y to”. Para gritar. Para guardar silencio…

Igual que yo conecto con la fiesta de esta manera, con estos recuerdos y estas vivencias, ustedes, vosotros tendréis las vuestras.

Y de estos recuerdos, vivencias y emociones que a cada uno de nosotros nos unen al Cascamorras, podremos sacar los mejores argumentos para terminar de convencernos de la singularidad de esta fiesta y, una vez superado esto, estar en condiciones de convencer a quien haga falta.

Accitanos, bastetanos, cascamorreros todos. No miremos para otro lado. No esperemos que sean siempre otros –la Hermandad, los ayuntamientos, la Diputación, la Junta, el Gobierno central…- los que hagan por la fiesta.

Nadie sino nosotros, accitanos, bastetanos, cascamorreros de a pie que estamos aquí arropando a José Antonio Escudero, Cascamorras 2015, y todos los que, aunque no presentes, están aquí con el corazón, para validar, con nuestras experiencias y vivencias, la vigencia de esta tradición tan antigua.

Los mejores embajadores de la fiesta somos nosotros. La mejor promoción la tenemos que hacer nosotros. ¿Cómo? Saliendo en masa a la calle el día 6 en Baza, el día 9 en Guadix, bien como corredores, bien como espectadores.

No hay mejor publicidad que hacer que fotos, muchas, den la vuelta al mundo, fotos en las que aparezca gente, mucha, por todos lados. Los ciudadanos rasos somos quienes, con nuestra implicación, demostramos lo profundas que son las raíces de nuestras tradiciones, lo importantes que son para nosotros.

Por eso, si salimos todos el día de la carrera, ya sea pintarrajeados de negro –color cascamorrero bastetano-, o en ocres –color cascamorrero accitano-, ya sea como público, estaremos dando un mensaje muy claro: que el Cascamorras nos importa y mucho.

Promoción de la fiesta que cada uno de nosotros también puede hacer en las redes sociales replicando información sobre la misma, explicándole a quien haga falta de qué va todo esto.

Y haciendo cada cual lo que mejor se le dé. La Hermandad necesita manos y estará gustosa de oír las propuestas que les hagamos llegar.

El pueblo lo formamos nosotros, a título individual, y también en tanto miembros de asociaciones de vecinos, asociaciones gremiales, cofradías…

Círculos de empresarios, asociación de comercio, hosteleros, sois fundamentales. Creed en el Cascamorras. Apostad por él. Es de un atractivo y un potencial tremendo. Mirad a largo plazo. Toda inversión que se haga ahora la recuperaréis con creces en un futuro.

La labor a favor de la fiesta del Cascamorras que se lleva a cabo desde las instituciones que representan al pueblo es también crucial. Aquí hoy hay representantes del Gobierno central, de la Administración regional, provincial, municipal.

Me consta lo mucho que ha batallado –y lo sigue haciendo- la Hermandad de la Virgen de la Piedad por convencerles de lo singular y genuino y, por tanto, interesante como reclamo turístico, que es el Cascamorras.

Sus esfuerzos han calado y ya se ven los frutos de esa insistencia. Pero se puede hacer mucho más.

Ahora que parece que nos hemos decidido por el turismo como motor de desarrollo económico de la zona, el Cascamorras en tanto tradición arraigada, significativa de nuestra tierra, debe estar presente en todas esas estrategias, planes, iniciativas que ustedes estén pensando poner en marcha.

Llamen a las puertas que tengan que llamar. Remuevan Roma con Santiago. Denle proyección. Apostar por el Cascamorras es ir sobre seguro. Hemos de promocionar lo que nos diferencia de otras ciudades de similares características, lo que nos hace únicos.

Dignísimas autoridades. Antes de avanzar en mi discurso, quisiera compartir una reflexión. Reparen en lo mucho que se ha conseguido cuando se ha trabajado por el beneficio común. Quisiera poner en valor los muy positivos efectos del “todos a una”.

Cuando desde los diferentes órganos de gestión y representación, cuando desde las distintas opciones y sensibilidades políticas se ha trabajado por y para la fiesta, esa suma de voluntades ha permitido dar pasos de gigantes.

Les animo a seguir por esta senda. La gresca, la trinchera, el afán por colgarse la medallita, todo eso no son más que despistes y trabas en el camino, ya no sólo para la causa cascamorrera, sino para todo en general.

En definitiva, es la suma de esfuerzos, de los ciudadanos de a pie, de entidades y asociaciones y de las instituciones, es este compromiso compartido lo que blindará la fiesta y refrendará las declaraciones conseguidas –de interés turístico andaluz, nacional e internacional- y esa denominación de la Unesco que llegará pronto.

Pero, ¿por qué tenemos que implicarnos, queridos accitanos, queridos bastetanos? ¿Por qué hacer tanto por el Cascamorras, asociaciones e instituciones aquí representadas?

Seguro que nos podrían dar más de uno y de dos motivos por los que apoyar la fiesta los cascamorreros que en un rato serán galardonados, o don Antonio Mirallas, que recibirá el Pin de Oro de la Hermandad, o don Ginés García, a quien se le hará entrega de la Medalla de Oro de la Virgen de la Piedad, o quienes han sido premiados en ediciones anteriores.

Preguntémosles también por las razones para creer en la fuerza de la fiesta a los que han venido encarnando al Cascamorras.

¿Por qué apostar por el Cascamorras?

Por de pronto, a mí se me ocurren unas cuantas razones.

Porque es una fiesta totalmente atípica: nos echamos a las calles con nuestras peores galas y usamos como maquillaje pinturas de agua, almagra, azulete, aceite.

Porque es una fiesta abierta a todo tipo de público, dispuesto, eso sí, a pasar un buen rato.

Porque es una tradición antiquísima. Ya le gustaría tenerla a más de un pueblo.

Tradición en la que hay una clara impronta del carácter local. Ahora hablo como accitana y por cuanto atañe a la celebración de la fiesta aquí, en mi ciudad.

El color predominante en los corredores cascamorreros de Guadix es el marrón-rojizo, color de los cerros que lo rodean, de la arcilla con la que trabajan los alfareros, de los muros de iglesias y conventos, de la Alcazaba, de la Catedral.

Qué hay más de Guadix que los cuetes y la banda de música y ambos, los primeros acompañando en el desarrollo de la carrera, la segunda, con su presencia en diferentes actos cascamorreros, tienen su papel en la fiesta.

Y reconozcámonos los accitanos un mérito tremendo. Que celebramos la derrota como una victoria y que lo hacemos además días después de haberse acabado nuestra feria, o sea, con las pilas flojillas. Y aún así, el día 9 llevamos a nuestros críos al Cascamorras infantil y salimos a la tarde con el Cascamorras. ¡Olé ahí, Guadix!

Fiesta de Guadix y fiesta de Baza. Y con esto caso ya con la otra razón que veo importantísima para entender y creer en el potencial del Cascamorras: porque es símbolo de buena vecindad. La grandeza de la fiesta es que ha transformado en ocasión para la convivencia un motivo originario de disputa.

Baza y Guadix, Guadix y Baza quedan unidos bajo una misma tradición, bajo la devoción por la Virgen de la Piedad. Se ha antepuesto compartir, vivir, disfrutar sobre cualquier tipo de rencilla que pudo haber en el origen de la leyenda. Y esta vocación de reunir y convocar que tiene el Cascamorras, que se celebre no como una afrenta, no como una revancha, sino como una oportunidad para la fiesta, es lo que dota de contenido el festejo, lo que hace distinto nuestro emisario de colorines de otros personajes, en apariencia similares, que pueda haber en otros pueblos de España.

Hablaba antes de lo importante de nuestra implicación. Una denominación por sí sola no hace grande la fiesta. El Cascamorras nos necesita.

Accitanos y bastetanos cascamorreros. Si queremos que una japonesa, un ruso, un texano vengan a las carreras de Baza y  Guadix, además de la fuerza de esa imagen impactante de la que antes hablábamos, tenemos que darlo todo por dejar bien claro qué es y qué no es el Cascamorras, y además hacerlo con total convencimiento.

¿Qué no es el Cascamorras?

En el Cascamorras no hay violencia: ni el Cascamorras pega ni le pegan.

No alienta ningún tipo de enemistad.

No somos “algo así como” –ni aspiramos a ser- la Tomatina de Buñol o la batalla del vino de Haro o el festival de los colores Holi de la India, con todos los respetos que merecen cada uno de estos festejos.

El Cascamorras no es una ocasión para el botellón.

Ni para ensuciar la ciudad. No debe aprovecharse para, por gracieta o inconsciencia, ir manchando paredes, mobiliario urbano ni ir pintando a quien no quiere ser manchado. Respeto ante todo.

Y qué sí es el Cascamorras.

Es una fiesta de interés turístico internacional y aspira a ser registrada como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

Es una tradición que arranca hace 525 años. ¿Quiénes somos nosotros para interrumpirla?

Tiene raíces religiosas y antropológicas: no puede prescindirse de lo primero ni de lo segundo. Ambos elementos la hacen genuina y altamente representativa del sentir local.

Mantiene unidas a dos ciudades vecinas, Guadix y Baza, como antes apuntaba.

En el corazón cascamorrero no hay sitio para rivalidades.

Es una preciosa metáfora de la vida: convertir un motivo originario de disputa en una fiesta.

Es fe. La de las promesas que la gente hace a la Virgen de la Piedad, promesas convertidas en lazos, los que lleva la bandera que porta el Cascamorras. La de los vítores a la Virgen que se suceden después de las juras de bandera durante las carreras. La de los devotos que nutren las filas de la procesión en Baza. La fe que alienta al Cascamorras a seguir pa’lante cuando las fuerzas empiezan a menguar.

José Antonio, tú lo explicabas muy bien en una reciente entrevista cuando te preguntaban por lo que significaba para ti ese cariño por la Virgen de la Piedad.

Orgullo, emoción, intensidad, alegría, palabras que también usaste para definir las sensaciones que experimentas bajo el traje multicolor. Y el arrope que sientes de parte de bastetanos y accitanos. Pues eso también lo incorporo, con tu permiso, a esta enumeración de síes que dan contenido a la fiesta cascamorrera.

Es entrega y compromiso, el de la Hermandad, por supuesto, pero también el que muestran todos los cascamorreros que año tras año apoyan a los sucesores de Juan Pedernal, ya sea con su presencia en la carrera, como público, con un donativo, ayudando a que esto y aquello sea una realidad… se arrima el hombro de muchas maneras.

¿Qué sí es el Cascamorras? Pues eso, una fiesta. Fiesta que, una vez vivida en primera persona, engancha para siempre.

Es color y movimiento, color en movimiento, como bien refleja el cartel de este año. Enhorabuena, MariLuz, por haber captado a la perfección cómo se vive la fiesta del Cascamorras. Es también agua, la que llueve de los balcones. Es el sonido del tambor que guía la comitiva y el de los cohetes que acompañan la carrera.

Es responsabilidad nuestra, de todos los que sentimos los colores cascamorreros, que la fiesta, lejos de perderse, vaya a más y que dentro de cinco siglos Guadix siga mandando a su comisionado a Baza con la misión de llegar a la Merced sin pintar.

¿A quién decirle qué sí es el Cascamorras y qué no? Los primeros, a nuestros hijos, sobrinos, nietos, vecinillos…

Acerquémonos con nuestros críos al Cascamorras cuando hace su cuestación por las calles ahora en estos días. Además de dar una propinilla para la Hermandad, aprovechemos para saludarle y darle ánimos. Seguro que agradecerá sentirse querido y arropado.

Llevemos a nuestros pequeños al Cascamorras infantil.

Maestros, profesores, catequistas, cualquier explicación que deis  a los alumnos en torno a la figura del Cascamorras y su historia, estoy segura de que no caerá en saco roto.

Hay que crear cantera.

¿A quiénes más hablarles de los síes y noes? A nuestros vecinos que aún no se han convencido de lo que el Cascamorras verdaderamente significa y a los de fuera que saben menos o nada.

Y a cualquiera, sea de donde sea, que lo de menos es que hablen otro idioma. Para ejercer de embajadores de la fiesta no es necesario que sepamos hablar las lenguas en las que he dado la bienvenida ni el resto de las que se hablan en todos y cada uno de los rincones del mundo.

Hay un lenguaje que es universal y es el que sale directamente del corazón. Cada cual encontrará la manera de implicarse en esto del Cascamorras y de hacer llegar el mensaje. Si le ponemos ganas, cundirá como la pólvora, será altamente contagioso.

Aunque es deseado un compromiso vivo y activo durante todo el año, en los próximos días tenemos dos ocasiones muy importantes, el día 6, en la carrera de Baza, y el día 9, en Guadix, para demostrar lo mucho que nos importa esta antiquísima tradición, lo orgullosos que nos sentimos de ser accitanos y bastetanos y de lo generosos que somos al ofrecerla a quien se anime a sentirla y vivirla en vivo y en directo.

¡Accitanos! ¡Bastetanos!

¡Viva la Virgen de la Piedad!

¡Viva Baza!

¡Viva Guadix!

¡Viva el Cascamorras!

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Queridas amigas, queridos amigos:

Como ya os comenté, tengo el grandísimo honor de ser la elegida para dar el pregón de las fiestas del Cascamorras, de interés turístico internacional. Las ciudades de Guadix y Baza quedan unidas bajo una misma tradición que cumple 525 años. Color, fuerza, fe, emociones en estado puro se dan cita en este festejo que se celebra cada año en las calles de Baza el día 6 de septiembre y en Guadix el día 9 de septiembre.

La gala del Cascamorras, en la que se enmarca el pregón, tendrá lugar hoy 28 de agosto, a partir de las 21 horas, en el Teatro Mira de Amescua de Guadix (Plaza de la Constitución).

Más información sobre la fiesta la podéis encontrar en la página web de la Hermandad de la Virgen de la Piedad.

¡Viva el Cascamorras!

El cartel es obra de MariLuz Parra Sánchez

El cartel es obra de MariLuz Parra Sánchez

 

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Tengo el inmenso honor de ser la encargada de dar este año el Pregón del Cascamorras, Fiesta de Interés Turístico Internacional, que une las ciudades de Guadix y Baza bajo una misma tradición que cumple en esta edición 525 años.

Me encantará poder contar con tu presencia.

  • 28 de agosto de 2015
  • 21:00 horas
  • Teatro Mira de Amescua. Plaza de la Constitución. Guadix (Granada)

 

Cascamorras 525 aniversario

Mi apego por esta fiesta, muy de Guadix, me ha llevado a escribir diversos artículos, que recopilo a continuación para que puedas conocer más sobre el Cascamorras, que se encuentra a un paso de ser catalogado como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, denominación que otorga la Unesco.

Cascamorras: de Guadix, de Baza y de la entera Humanidad

Que la fiesta del Cascamorras sea ya de Interés Turístico Internacional y que vaya superando los trámites necesarios para ser denominada como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, debería tenernos a todos los accitanos, o al menos a los que gustamos de ejercer la accitanidad, haciendo palmas con las orejas y llenísimos de orgullo, por supuesto, pero también tendría que llevar a cada cual a buscar la forma de implicarse en que ambos titulillos sean un presente continuo, pues ambas etiquetas, una conseguida, la otra en proceso, aunque son importantes en tanto a que validan de manera oficial el producto referenciado, exigen de un evidente ejercicio que las refrende año tras año y que las haga dignas del significado del galardón que representan (seguir leyendo)

Cascamorras all-over-the-world

Cuando vi la barbaridad de aportaciones que accitanos y bastetanos íbamos haciendo al grupo que abrió en Facebook el paisano Manuel Khortés para recopilar referencias en prensa extranjera del Cascamorras, me di cuenta de que se conseguiría material más que suficiente como para justificar con creces su declaración como fiesta de interés turístico internacional (seguir leyendo)

Tierra

Muchas veces pienso si llegará el día en el que me levante por las mañanas sin acordarme de que allí, en Guadix, en su comarca, está a punto de empezar tal o cual festejo (seguir leyendo)

Corazón cascamorrero

Cuando se pega la camiseta al cuerpo por el agua, el azulete, los polvos de pintura y el sudor de la carrera, uno se siente como embutido en un cartón que permite, eso sí, una suficiente movilidad para evitar que la turba que rodea al Cascamorras te arrastre y te lleve al agitado ritmo que sigue, ahora paseíllo con la porra, ahora subir a hombros, ahora baño bajo balcones (seguir leyendo)

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