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Posts Tagged ‘belenes’

Publicado en Wadi As en su edición del 7 de septiembre de 2012

 

Muchas veces pienso si llegará el día en el que me levante por las mañanas sin acordarme de que allí, en Guadix, en su comarca, está a punto de empezar tal o cual festejo. Pero en el fondo creo que no, que nunca ocurrirá esto. Este calendario de hitos accitanos, que se me activa de manera automática, lo tengo tan incorporado que ya esté haciendo lo que fuere, que dedico unos minutejos a figurarme lo que allí, en mi tierra, se está cociendo. ¡Ay, la tierra, al final salió la tierra a relucir! Y es que la unión del accitano a su tierra es intensa, fuerte el vínculo que impide el olvido. No soy la única. La robustez de las raíces del guadijeño está ahí, en mayor o menor medida, en otros tantos cientos de paisanos dispersos por esos mundos de Dios con los que he podido hablar al respecto.

 

Basta con reparar en las tradiciones más de Guadix y comprobamos enseguida que contienen la impronta telúrica: sobre tierra se asientan las lumbres que le queman las barbas a San Antón; por ramblas llega el peregrino a Face Retama, santuario de San Torcuato; las habas, hijas de esa veguilla bendita, son bocado exquisito en los mayos accitanos; y ¿qué decir de los belencicos de Guadix, en los que la cueva es tan protagonista como el buey y la mula?, ¿y de la arcilla de la cerámica que decora nuestras casas, en la que comemos y bebemos? Y, por supuesto, el Cascamorras, una de nuestras fiestas donde está más presente este vínculo del corazón accitano con la tierra.

 

Esta unión está en el origen mismo del litigio -que la tradición sitúa en el siglo XVI-; esto es, el hallazgo, por parte del accitano Juan Pedernal, de una virgencica mientras éste se hallaba trabajando la tierra en el término municipal de Baza. Y es la térrea ligazón la que sustenta el argumento de los bastetanos para reclamar la estatuilla: “Está en nuestro territorio; es nuestra”. Y por caminos de tierra marcharon hacia la ciudad vecina un puñado de accitanos, encabezados por Pedernal, el primer Cascamorras, para intentar llevarse consigo la imagen. Y también son colores terrizos, además de otros tintes azulados y tiznajos negros de aceites y grasas, los que tiñen los cuerpos y ropas de los acompañantes cascamorreros, y esto, la mancha, es la viva muestra del fracaso de la encomienda, pues es condición para hacerse con la figurilla conseguir llegar sin pintar desde las afueras de Baza al templo de la Merced, que guarda la virgen. Y sí, son cerros los que enmarcan la carrera en ambas ciudades. Y sí, la fiesta del Cascamorras es, al fin, la historia de un destierro total, el de estar en un eterno ir y venir Guadix-Baza-Guadix al que está condenada el alma de Juan Pedernal, que se encarna año tras año para revivir tan vieja contienda, y que es pintarrajao por los bastetanos, pero también por los accitanos al no haberse podido apoderar de la imagen. La tierra-Guadix-los accitanos conforman, como se ve a poco que uno escarbe, un vínculo imposible de romper.

 

 

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