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Posts Tagged ‘casualidad’

La vida está engarzada por mil casualidades. Yo viajo muy poco en avión, pero las pocas ocasiones en las que lo hago procuro pillarme vuelo directo, por el temor -me diréis que absurdo, sí, pero inevitable en mí- de que mi equipaje facturado se pierda de tanto avión pa’rriba, avión pa’bajo, o bien de que yo misma pierda la conexión con el vuelo siguiente por retraso en la salida del primero. El caso es que, para esta ocasión de la que os hablo, no había encontrado ningún vuelo cuyos horarios me encajaran y que no fuera con escala. Así que me dije: ¿por qué no perder el miedo de una vez? Y ahí que lo compré. Pero mira por dónde que voy y vuelo justo el día en el que los controladores aéreos españoles comienzan una huelga salvaje sin previo aviso que paraliza el espacio aéreo nacional durante día y medio. El último avión que salió de Palma de Mallorca -donde yo tenía el transbordo- antes del parón, lo hizo quince minutos antes de la hora prevista del mío, según comentaban mis frustrados compañeros de vuelo. ¡Por qué poquito me quedé en tierra! Además, Baleares… lo que impedía cualquier plan-B por carretera o tren. El barco no era una opción válida, porque aunque hubiera cogido el más madrugador, llegaría de todas todas tarde a mi cita del sábado por la mañana. Fue un cúmulo de desafortunadas coincidencias las que me impidieron asistir a la boda de mi mejor amiga y a disfrutar de un fin de semana con mi familia y amigos.

Sin embargo, ese cúmulo de catastróficas desdichas que se dio hace justo una semana, hoy se ha tornado en una bendita suma de casualidades favorables. Esta tarde, Igor me ha llamado un tanto angustiado. Ha ido a pagar en una tienda con la tarjeta de débito y ésta no aparecía por ningún sitio. Ha sido colgarle la llamada y empezar a desarmar prácticamente todo el salón. Mirando entre los libros, sacudiendo las revistas, levantando cajas… ¡he desbaratado toda la casa! Me he bajado a pasear a Mati y a Yoda sin apartar este pensamiento de la cabeza. ¡Madre mía! ¡Y ahora a activar todo el proceso de anulación de tarjeta, etc., con la complicación añadida de tener que hacerlo en alemán!

De vuelta del paseo, recojo las cartas del buzón. Cuando llego a casa, las apilo en un montón, junto a otras de días pasados. Busco, rebusco. Nada. Llega Igor a casa, más preocupado aún. Lo veo que mira entre los cedés. Nada. Se pone a abrir cartas. “No sé, es por abrir”. Y su decisión resulta más que acertada, pues, para su sorpresa y la mía, resulta que uno de los sobres guardaba una carta de nuestra caja de ahorros en la que había pegada una tarjeta. ¡Era nuestra tarjeta! ¡No un duplicado de la tarjeta, sino la misma tarjeta que Igor había empezado a echar en falta unas horas antes! ¡Pero qué casualidad que justo la tarde en la que Igor es consciente de su ausencia, sea justo la tarde en la que recibimos la carta con la tarjeta! ¡Pero qué casualidad que alguien honrado fue quien la encontró y la devolvió, por lo que se ve, a una sucursal de nuestra entidad bancaria! En esta ocasión, el viento ha soplado a nuestro favor. ¡Y cómo se agradece!

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