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Posts Tagged ‘cigarra’

Publicado en Wadi As en su edición del 16 de noviembre de 2012

 

¡Pobres hormigas sufridas! ¡Siempre cargando con cosicas en lo alto, siempre jugándose el tipo en sus largas travesías por aceras transitadas por esos gigantes que somos nosotros, envueltos en esa superioridad propia de quien desdeña al que no supone peligro alguno! Las hormiguicas me merecieron tales y más lamentaciones el otro día mientras esperaba el autobús. Dejé entonces que la vista se me fuera detrás de una que remolcaba  una miguita de pan. Yo no era la única que la observaba. También lo hacía un niño de unos seis años que parecía disfrutar sacando de quicio a su madre, subiéndose y bajándose sin parar a/de uno de los asientos bajo la marquesina –y embarrándolo todo, dicho sea de paso-. Pero las miradas que le echaba no eran de curiosidad ni de admiración por los muchos obstáculos que estaba superando la aplicada hormiga camino de su hormiguero: convencida estaba yo de que, al final, el niño iría a pisarla. Justo lo que los viandantes, con o sin bicicleta, carrito de la compra, carricoche, perro, no habían hecho por pura casualidad, lo culminaría a sabiendas ese malcriado cuando se le antojara.

 

De todo esto me quedo con lo distinta que es esta hormiga de esa otra hormiga triunfante de la popular fábula en la que la holgazana cigarra paga con creces su falta de diligencia ante el necesario acopio de recursos frente al difícil invierno por venir. La hormiga de mi relato, la de la miga a cuestas, la que sobrevive bajo amenazas ya azarosas –la de los paseantes monstruosamente grandes que ignoran tan pequeña presencia-, ya preñadas de intención –la del niño, dejémoslo en travieso-, me parece, por desgracia, más hormiga-real que la otra que ve reconocida su labor. Ya me gustaría, ya, que no hubiera inconscientes presuntuosos ni críos puñeteros ni nada que torpedease la ruta de la enclenque hormiguita, pero sé que si su epopeya no se trunca hoy, lo hará mañana. Pesimista moraleja a la que llego, como desconsolado es el lamento de muchos españoles que, en años de bonanza, se apretaron el cinturón, en previsión de posibles “vacas flacas” futuras, y prefirieron ir granito a granito antes que dejarse arrastrar por un consumismo cegador que sacó al príncipe/princesa que llevamos dentro, imprimiendo en sus víctimas un ritmo de vida muy ajeno a sus posibilidades reales. Y esos muchos españoles que fueron hormiguitas en su día, contemplan con rabia cómo ahora que está cayendo la que está cayendo, lejos de obtener recompensas por sus sacrificios pasados, deben cargar además con las culpas de quienes, cuando todo iba bien, hacían lo contrario. Impotentes se sienten los/las hormiguitas al ver cómo parte de lo atesorado sale por la puerta para tapar los agujeros creados por la codicia de unos y la ingenuidad de otros. Sí, hormiguita, corren malos tiempos, pues si quieres tener para comer, habrás de trabajar el doble y encima cerrar la boca, a menos que quieras que te acusen de egoísta insolidaria de pacotilla. Malos tiempos, sí.

 

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