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Posts Tagged ‘cocina’

Publicado en Wadi As en su edición del viernes 28 de enero de 2011

 

No lleva más que tres huevos, un sobre de levadura, un yogur natural, tres medidas de yogur de harina, una medida de yogur de aceite, otra de azúcar y la ralladura de un limón y, sin embargo, ha hecho de mi merienda una perfecta ocasión para despedir el dolor de cabeza con el que amanecí. Seguro que vosotros tenéis también una receta especial, una comida, postre o bebida que, al degustarla, os invite a cerrar los ojos para concentrar así toda la atención en el sentido del gusto e intentar quizás apresar esa placentera sensación y prolongarla en el tiempo. En caso de no tenerla localizada, os invito a navegar por vuestros recuerdos gustativos en busca de ese sabor con el cual poder endulzar los pesares que pesan sobre nosotros, que no son pocos. Porque es necesario, en estos tiempos que corren de tan agrias maneras, tan ácidas reacciones, tan amargos desenlaces, buscar remedios que nos ayuden a tragar mejor la dura rutina que nos toca digerir.

 

Bizcocho hecho según la receta familiar

 

Si hace unos días fue el Aleluya de El Mesías de Händel la solución para mi cefalea, esta tarde me ha curado el bizcocho que ayer preparé siguiendo la receta de mi madre, que a su vez aprendió de su madre, y ésta de la suya. Creo que ha sido el limón el desencadenante de tan gratas sensaciones. De la mano de las virutas y el zumo de este cítrico alimento he podido hoy viajar a la cocina donde mi abuela tenía su particular taller de arte/magia… porque ella no hacía reducciones de no sé qué ni deconstruía no sé cuantitos más y, sin embargo, sin másters gastronómicos en su currículum –sólo tenía hecha la escuela básica- ni congresos internacionales en su haber –en contadas ocasiones salió de Guadix-, conseguía que todos los afortunados que tomábamos sus comidas fuéramos un poquito más felices mientras nos afanábamos por rebañar el plato. Vistos aquellos festines con perspectiva, además de tamaña envidia y de la inevitable sensación de vacío que deja quien ya no está entre nosotros, creo lograr ahora identificar la razón de su éxito abrumador: y es que aprovechaba al máximo lo que cada alimento podía dar de sí. Ella nunca me lo dijo, pero su secreto mejor guardado estaba escrito en sus platos, y ahora, unos cuantos años después, ha tenido que ser el limón el que me lleve hasta él. En muchas ocasiones bastaban unas cuantas patatas y unos trocicos de pollo y, no obstante, la capacidad que tenía para convertir tan modestos productos en un asado digno del paladar más sensible, era sencillamente asombrosa. Su ingrediente mágico no era ni el laurel ni el clavo ni el pimiento seco colorao: era su ingenio para hacer de la nada un todo exquisito. Hoy en día existe una potente resistencia a lo intrínsecamente fresco y creativo, pero sólo afilando el ingenio podremos avanzar hacia mejores derroteros… no lo digo yo, lo decían las comidas de mi abuela, y esto es una verdad incuestionable.

 

 

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