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Posts Tagged ‘corrupción’

Publicado en Wadi As en su edición del 22 de noviembre de 2013

 

Las pelis de patadas voladoras, puñetazos en estéreo y pistoleteo cada cinco minutos no son mi primera opción a la hora de echar el ratico en frente de la tele. Pero he de admitir -y el que esté libre de culpa tire la primera piedra- que uno se va a la cama con cierto alivio en el cuerpo después de haber visto alguna “stalloneada” –llámese también “schwarzeneggerada”, “stevenseagalada”, “chucknorrisada”…- de ésas en las que los malos terminan con el rabo entre las piernas. Que sí, que estoy con vosotros en que son una fantochá sobreactuada pobre en diálogos brillantes y generosa en exhibiciones de tiro con una amplia gama de armas; pero qué agustico se queda uno al ver que le dan pal pelo al que violaba, mataba, robaba, extorsionaba, amenazaba al mundo con una hecatombe nuclear. Hay una parte de nosotros, esa que tenemos bien dentro, escondiíca debajo de todos los niveles esos que los loqueros llaman “conscientes” o “racionales”, que aplaudiría con las orejas si alguno de esos ajusta-cuentas de ficción diera el salto a la realidad y le cantara las cuarenta a más de uno. La Justicia se queda tan justita en la vida real que nuestros deseos más profundos e inconfesables por políticamente incorrectísimos cabalgan junto al justiciero que actúa al margen de la ley y pone a cada cual en su sitio.

 

Con etarras sanguinarios que tras un puñado de años salen de la cárcel con licenciaturas bajo el brazo y regresan al terruño recibidos como héroes, con violadores múltiples que vuelven a las calles de las que fueron sacados por haber destrozado tantas vidas, con chorizos de guante blanco que escapan del juicio casi de rositas pa tantísimo como/que mangaron, con delincuentes reincidentes a los que la policía está hartica de detener, pues es normal que nuestra confianza en el correcto funcionamiento del Estado de Derecho esté bajo mínimos. Esta sensación de impunidad, de que los malos terminan ganando, también pone su granito de arena en ese desencanto que sentimos por todo y hacia todo. Pero es que es de cajón que nos sintamos así. Es que no se entiende cómo puede estar sucediendo esto. ¿De verdad que no hay nadie, ahí arriba, entre los que mandan, entre los jueces, al que no se le ocurra cómo evitar que los malos se rían en nuestra cara, mientras nosotros encima tenemos que callarnos, agachar la cabeza y rezar para que nuestros caminos no se crucen con los de esos piezas?

 

Pero, mentes pensantes de ahí arriba, hagan por favor algo rápido al respecto, porque puede que llegue el día en el que, por tanta injusticia acumulada, por tan deficiente reparación del daño causado, la cordura, la sensatez y el respeto, valores que rigen la vida en sociedad de los ciudadanos de bien, acaben siendo reemplazados por el resentimiento, la rabia y la sed de venganza de ese jinete que nuestra impotencia alienta en las mazmorras de la conciencia. Entonces puede que se líe parda, pardísima.

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Publicado en Wadi As en su edición del 10 de mayo de 2013

 

Siento cómo el agua fresca del mar relaja mis músculos, afanados en dar suficientes brazadas como para permitirme avanzar. Hacía tiempo que anhelaba nadar entre las olas, sola, libre. Pero no. No estoy en el mar. Ni sola. Ese espejo de ahí delante me devuelve una imagen muy distinta. No llevo bañador, sino unas mallas y una camiseta de lactancia. No estoy en el mar, sino en una sala pequeña. No estoy sola, sino en compañía de otras madres, quienes bracean junto a mí en ese océano imaginario que la monitora de la gimnasia postparto nos ha propuesto como lugar al que transportar nuestras mentes mientras nuestros acartonados cuerpos se esfuerzan en recuperar la agilidad mermada tras/con el nacimiento de nuestros hijos. ¡Ay-ay-ay! Traicioneros espejismos, ilusiones maliciosas que entorpecen, más que ayudan. ¿De qué ha servido acaso figurarse estar balanceándose al ritmo del mar, sino para enrabietarme aún más por el hecho de haber caído en la trampa alucinatoria? Enfadada y triste me hallo yo, eso y to que hoy había llegado al curso con mucha energía, con la intención de no achantarme ante los duros ejercicios tonificantes del suelo pélvico; yo, que acudía hoy con unas ganas tremendas de dejar bien alto el pabellón patrio y de demostrarle al personal que vagos haberlos haylos en España, pero no somos todos, y como en todas partes. Porque cómo me cabreó la encuesta ésa según la cual la buena estima que los alemanes sentían hacia los españoles se ha desplomado de un tiempo a esta parte y un amplio porcentaje de los germanos se enquistan en el tópico del nuestro como país de vividores dependientes de la “generosidad” de naciones como la suya. Leído esto he convertido en un deber más en mi lista de tareas diarias rebatir, siempre que encarte, este estereotipo cebado por la tristemente célebre colección de corruptelas en las esferas dirigentes de España. Cierta que es, pero no es menos cierto, como apuntaba antes, que en todos sitios cuecen habas, y la diligentísima Alemania no es tan eficiente como se vende. Así, por ejemplo, los continuos aplazamientos de la inauguración del nuevo aeropuerto Berlín-Brandemburgo, llamado a convertirse en aeródromo de referencia en Europa, por importantes fallos en el funcionamiento, ha dejado en evidencia flagrantes errores en la gestión del proyecto, convertido en un pozo sin fondo que precisa de continuas inyecciones de capital por día que pasa sin abrirse. Por no hablar de esa avidez especulativa urbanística, tan criticada a países como España, que también se cierne sobre la capital alemana, hasta el punto de que la East Side Gallery, el trozo más largo conservado del Muro de Berlín, corre peligro de derrumbamiento. Y los otrora estados de la RDA tampoco son los mejores representantes de ese “paro-cero” del que presume Frau Merkel. No hay nada como mirarse al espejo, enfrentarse a lo que hay para poner fin a espejismos y otras distorsiones de la realidad. Y a reflexionar al respecto invito a los deutsches cuando exhiben su arrogancia. “Que no sois angelitos, que no”.

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