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Posts Tagged ‘crispación social’

Publicado en Wadi As en su edición del 15 de noviembre de 2013

Para ser alemana, mi monitora de Pilates improvisa con frecuencia y hasta cuenta chascarrillos graciosos entre bocanada de aire que se toma, bocanada de aire que se suelta. Eso sí, impone en clase una férrea disciplina prusiana. Vigila que hagamos cada ejercicio con absoluta exactitud. No hay excusa que valga. Por muchos crujidos que salgan de nuestros acartonados cuerpos, por mucho que nuestras flácidas piernas tiemblen de fatiga, ya sabemos las sufridas mamis que nos reunimos bajo su tutela que, si no nos concentramos en las fases de cada estiramiento, la sesión pasa de ser algo “durillo” a convertirse, no ya en un sobresfuerzo rayano a la tortura, sino en el contexto perfecto para tirones y lesiones. Sin duda que, para mí, lo más difícil de este embolao de inspirar y espirar a la vez que se levanta esta pata y se baja aquel brazo, es cuando hay que retener el aire en su justa medida e ir soltándolo a su debido tiempo. La capacidad de concentración que se exige no es tanta como el poder de contención, como el control que nuestra mente debe ejercer sobre la respiración y sobre el cuerpo en su conjunto.

 

Habiéndole echado un vistazo a la prensa patria de esta última semana, me pregunto si acaso no debiéramos ejercitar esto de dominar nuestros impulsos, saber cuándo coger y cuándo soltar el aire, cuándo y durante cuánto aguantarlo. Cuando, como ahora sucede, se respira tanto pesimismo, se masca tanta desgracia, lo único que apetece es deshacerse rápido de esta asquerosa carga; si tóxico es lo que se engulle, veneno es lo que sale por nuestra boca. El tema es que, si esto sigue así, llegará el día en el que estaremos tan llenos de porquería, tan cegados de fango, que nos pongamos a dar palos de ciego a diestro y siniestro sin importarnos contra quién ni por qué. En cierta manera, ya estamos viendo que hay quienes protagonizan episodios que encierran tamaño sinsentido: he ahí los que se creen más listos que los médicos y les agreden por discrepar con el diagnóstico que les dan; los que arremeten contra la “gente Iglesia” y sin embargo se muestran tolerantes con creencias que impiden el desarrollo de los derechos y libertades más elementales; los que piden democracia para sí, pero ni por asomo la ponen en práctica cuando toca aceptar posturas divergentes del discurso oficial; los que escupen a los periodistas que informan para medios que no son de su cuerda; los que señalan con el dedo a políticos, banqueros y empresarios, pero son incapaces de hacer una acusación concreta argumentada más allá de la topiquísima parrafada antisistema que rula por las redes sociales. Están las aguas ya lo suficientemente revueltas como para que encima provoquemos más marejadas. Ganas no faltan de dejarse arrastrar por la corriente, pero ahora más que nunca debemos templar los ánimos y actuar con contundencia, pero desde la sensatez y la cordura. Todo en su justa medida. Todo a su debido tiempo.

 

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