Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Cuevas de Guadix’

Ahmet acude todas las semanas al fisioterapeuta, sesiones de las que, según cuenta, no solo saca un manifiesto bienestar, sino también, con frecuencia, reflexiones interesantes. “No es que el movimiento sea algo necesario, es que “movimiento” es “vida”, ¡la vida es movimiento!”, le explicó en una de sus últimas visitas, idea con la que él, por su parte, concluyó el texto que tenía como tarea. Al igual que sus compañeros, debía proponer pautas para una rutina saludable.

Como suele suceder, es más lo que aprendo de mis alumnos que lo que les llego a aportar. Impartir clases de español, actividad que compagino con la de periodista, me parece una experiencia muy enriquecedora también porque me ayuda a tomar conciencia del peso de las palabras y el respeto, en consecuencia, que merecen, así como del alcance del idioma, mucho más que una herramienta para el intercambio y el entendimiento, siendo imprescindible su consideración como manifestación de un modo particular de ser y de pensar. Nunca antes había caído en cuestiones de este tipo. Hasta ahora la lengua castellana me había servido como mero instrumento de trabajo. Con el cometido que incorporo a mis quehaceres, me permito el lujo de degustar jugosos aspectos del castellano, aquí etiquetado como “español”, cuya riqueza, dicho sea de paso, resulta inagotable.

Decía que mis alumnos me dan más de lo que les doy, no ya porque me ponen sobre la pista de curiosidades sobre Berlín y sus costumbres, lo cual adoro, sino, sobre todo, porque en sus comentarios vierten lo que la vida ha tenido a bien enseñarles. Peinan canas todos ellos, aunque muestran ese interés por aprender que se espera -y no siempre se halla- en niños de Primaria y reservo algunas de sus intervenciones para cocinarlas a fuego lento, como esta del movimiento y la vida.

“Movimiento” y “vida” son palabras que tengo asociadas al Cascamorras y, por eso, estando pensando la frase del fisioterapeuta de Ahmet, me vino la imagen de la multitud manchada liderada por el personaje igualmente tintado que da nombre a la fiesta. El Cascamorras es correr y pararse, calor en marcha y frío en reposo. Es sentimiento puro, desbocado, espontáneo, si bien dentro de un orden, siguiendo una liturgia. Es rito, tradición; y ruptura, en cuanto a vivencia. Es lo viejo y lo nuevo que arrastra lo viejo hacia delante. ¿Qué es la vida, sino un torrente de emociones únicas, imprevisibles que avanzan, eso sí, por un cauce?

Lo que tiene de ritual la fiesta cascamorrera no le impide funcionar como símbolo de persistencia y esperanza. Como he comentado en varias ocasiones, el Cascamorras no fracasa porque nunca se da por vencido. Si no consigue alcanzar la iglesia de la Merced sin ser pintado, no hay problema; lo intenta el año siguiente. Las expectativas se mantienen intactas.

Me crie en los pliegues arcillosos de la hoya accitana. Desde mu chica me manché las manos con su tierra, esa tierra que Guadix, buena parte de su comarca, de la bastetana, la altiplanera y la de los Montes quieren prestigiar buscando que la Unesco la catalogue como geoparque de interés internacional. Los evaluadores que hace unos meses conocieron in situ enclaves del proyecto le han dado una puntuación sobresaliente, como cabía esperar. Imposible no rendirse a la belleza rotunda del paisaje. Imposible no reconocer la valía que esconde. Pero no está todo hecho ni dicha la última palabra. Por ello, a los actores implicados en esta prometedora iniciativa les pediría impregnarse del espíritu cascamorrero, tomarlo como impulso y perseverar en tan loable propósito, para que la distinción como geoparque de esta tierra nuestra sea pronto una realidad, comienzo de esa puesta en valor imprescindible.

El Cascamorras lleva la marca de la tierra como seña identitaria. Fíjate en cómo luce la carrera accitana, vestida de almagra y ocre… como los cerros; de amarillo, como el del sol que los señorea; de azul, como el del cielo que los cubre casi a diario, y de verde, como el de la vega que brota allá donde el suelo guarda agua. Por tanto, qué mejor que tomar prestado de esta tradición tan ligada a esta tierra y sus gentes, ese ímpetu que gastan los que, septiembre tras septiembre, se enfundan en el traje de colorines, para rematar lo que, porque no puede ser de otra manera, debe llegar a buen término.

 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

Publicado en Wadi As Actualidad y Cultura en su edición de octubre de 2018

Read Full Post »

Publicado en Wadi As en su edición del 27 de marzo de 2013

 

¿Que cuántas fotos tengo de la Catedral, o de las cuevas, o de Guadix vista desde sus miradores? Pues unas cuantas. Más bien unas muchas. Siempre encuentro una razón para tomar una nueva fotografía: “si es que hoy hay una luz especial”, “si es que creo que esto no lo tengo desde esta perspectiva”, “venga ponte ahí que queda un encuadre perfecto”… excusas detrás de las que se esconde una fascinación que no sólo sienten accitanos que, como yo, vivimos fuera y con nuestras cámaras queremos quizás guardar esencia de pueblo que luego iremos dejando escapar durante nuestra prolongada ausencia. También embriaga a quienes, improvisada o deliberadamente, aterrizan en nuestra ciudad. ¿Qué es eso que tiene Guadix que no deja indiferente a quien por ella pasa?

 

Calle de la Concepción

 

Paseemos por sus calles un día cualquiera. Con los atascos típicos en los típicos sitios. Con gente que hace un hueco en su agenda mañanera para sentarse a desayunar. Con sus tiendas, en las que aún pueden verse a clientes y dependientes hablando sobre algo que no es el puro negocio que les ocupa. Con éste que saluda y aquel que se hace el despistao pero acaba saludando. Con los corrillos que se forman cuando te has encontrao con ésta y luego con la otra y, ¡claro!, tienes que dar cuenta de de dónde vienes y a dónde vas. Corrillos donde se desmenuza el tema de turno (“que si he oído que este año toca el Gordo en la lotería de tal Hermandad”, “que si me han dicho que en tal super hay una oferta de no sé qué”…) además, por supuesto, de los cotilleos folletinescos que no pueden faltar en ciudades con alma de pueblo, como es nuestro Guadix. Calles que pliegan el chiringuito y no están para nadie a las tres de la tarde. Calles que cuando reabre el comercio por la tarde quieren recuperar el ajetreo de la mañana, pero eso dura un poquitillo y más en invierno, cuando al calor de la mesa camilla se cuece la rutina de los hogares accitanos. Y la noche cae como un manto de silencio. Sssssh… silencio. Sí. A Guadix le gusta el silencio.

 

Catedral

 

Y aprovechando que está tranquilo, sumido en sus sueños, bien de un pasado glorioso, de un futuro aún por definir, podremos leer mejor entre las líneas del día a día guadijeño en busca de lo que convierte a Guadix en algo especial. Llegados a este punto no se escuchan las grescas que enzarzan a unos contra otros ni las rencillas mundanas que nos mantienen peleados con éste y aquella ni los odios y envidias que se generan justo cuando hay mayor roce y vecindad, como sucede en ciudades pequeñas como la nuestra. Dejemos a un lado las broncas que vienen y que van y también las modas que van y que vienen. Sin el peso de estos habituales “engasques” podemos captar mejor lo que permanece en el ambiente.

 

Iglesia de Santiago

 

 

Demos una bocanada de aire. Con ella tragamos humedad, que sale de las viejas casas de los viejos barrios, y también aromas a guisos de cuchara y pimientos asaos y bollos de horno. Demos otra y ésta nos llega junto al frescor de la mareta cortante que corre por las sombras, a las que siguen claros donde el sol nos pica incluso en invierno. El aire nos trae, con la tercera bocanada, el runrún de chistes que encierran lágrima y carcajada. En este mismo ambiente que acabamos de engullir perviven sentires unidos a usos y costumbres desde no se sabe cuándo y que se resisten a marcharse… como esas procesiones de barrio sin orden ni concierto, como ese salirse a las puertas en las noches de verano, como ese hacer de la arcilla un modo de vida y una forma de arte.

 

 

Cuevas

 

La arcilla, la tierra, ¡qué unida está al ser de Guadix! Y no sólo por el oficio alfarero ni por esas cuevas que preñan los cerros. Es algo que va más allá. Una prueba gráfica de que el accitano es hijo de la tierra está en ese séquito tintado de ocres que acompaña al Cascamorras cada 9 de septiembre. Echa un vistazo a esas fotos que guardas en tu álbum y verás como los cascamorreros se confunden con la piedra de la Catedral y los pardos campanarios de las iglesias y la argamasa de la Alcazaba y los cerros de Guadix, formando una sola cosa marrón, rojiza.

 

alrededores

 

Todo parece emerger de esa arcilla accitana que brilla con luz propia. La tierra de Guadix encandila y más en su contraste con el blanco de chimeneas y fachadas de cuevas encaladas, y con el celeste intenso que suele teñir el cielo guadijeño. Luz que también reside en las alameas verdes y en la vega regada por esa agua oculta que murmura bajo nuestros pies.

 

Peregrinos camino de Face Retama

 

Pero en Guadix no sólo tomamos contacto con la esencia de la tierra y el agua, sino también con la del fuego en las iluminarias que alumbran la fiesta de San Antón, o de las antorchas que acompañan a San Torcuato en la romería nocturna ante el santuario de Face-Retama, o de las velas que se queman por San Blas. Y qué decir del viento que juega a arremolinarse en los callejones de San Miguel, Santiago y Santa Ana, viento que nace en la Puerta Alta, coge impulso en las ramblas y lleva polvo hasta las balconadas de la Magdalena y la Bala, y hasta las cimas de los cerros que cercan buena parte de Guadix.

 

Guadix desde el cerro de la Bala

 

Y el tiempo. En Guadix el tiempo se mide por lo que una orza tarda en cocerse, o en trabarse la salsa de un arroz caldoso, o en fermentarse el vino cosechero, o en formarse una cuadrilla de costaleros, o en coger hechura un tocinico de cielo, o en crecer el esparto y el romero, o en irse el día y venir la noche, o la lluvia en empapar la arcilla que luego el sol seca y luego la lluvia vuelve a mojar y que el alfarero usa para moldear una orza que tarda lo suyo en cocerse y…

 

Enseres de arcilla

 

El espíritu de Guadix, eso que tiene Guadix que tanto seduce, cabalga en el punto donde este tiempo peculiar y ese espacio, conformado por tan puros y rotundos elementos que lo dotan de tan hermosa simplicidad, convergen para ofrecer a quien lo experimenta una oportunidad de avanzar por su propio sendero, sin más compañía que la de los propios pesares. Ciertamente Guadix ejerce como cruce de caminos, pero de esos que uno tiene que ir tomando en la vida. Sólo hay que hacer un pequeño esfuerzo y evadirse de las bajas pasiones para descubrir a ese Guadix auténtico que sobrevive bajo el Guadix de nimias historias. Y es éste Guadix lento y arcaico y primario el que impide el olvido en el visitante ocasional, incluso en su hijo más descastado. Este Guadix no cabe en las 1.210 palabras de este artículo. Es un Guadix personal que hay que vivirlo y al que hay que dejar que cuente a cada cual lo suyo. Así ejerce Guadix como lugar de paso. Así es como invita a tener siempre la maleta lista para emprender, una y otra vez, este viaje por los sentidos.

 

Read Full Post »