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Posts Tagged ‘Dios’

Publicado en Wadi As en su edición del 16 de abril de 2014

 

Casi imposible es ponerle palabra a lo que entra por el ojo y el oído y, a la vez, cautiva el olfato y, además de tener su versión gustativa propia, incluso puede tocarse. Así, por mucho esmero que pongan los comentaristas durante las retransmisiones televisivas de las procesiones de Semana Santa, lo que cuentan se queda corto. Como cortas quedan estas líneas. La vivencia de este catecismo al aire libre que son los desfiles procesionales exige eso, ser experimentada en carne propia, para completar su función como llamada al rezo, más o menos silente, al recogimiento, más o menos solemne, a la expiación, estación última de la penitencia pretendida al poner en la calle estos conjuntos escultóricos bellamente engalanados, majestuosamente mecidos al son de la música. Será este seguimiento indirecto de los hechos que la distancia me obliga a hacer, y que resta fuerza a las emociones que se dan cita bajo la luna, a la luz de candelerías y hachones, entre la bruma de incienso que envuelve los pasos. Será por las arremetidas que la vida, más bien la muerte, ha dado por aquí y por allí, en apenas unos meses, llevándose a seres muy cercanos y queridos. El caso es que lo que oigo de estos reporteros sobre los crucificados, las vírgenes de palio, las imágenes a las que se refieren, no me ayuda a conectar con la aflicción del penitente. “Y, ante ustedes, los pies de Cristo”, comentan, mientras la cámara enfoca el detalle del extremo inferior de una cruz. Pero esto, que tal vez de haberlo escuchado después de haber presenciado un par de procesiones, habría sido suficiente invitación para remover todos esos sentimientos que, como creyente y semanasantera, suelo tener a flor de piel por estas fechas y en otras circunstancias, me resulta en estos momentos un incompleto llamamiento a tomar parte de eso que muchos estáis sintiendo in situ.

 

Pies castigados, los de cualquiera de esos que se echaron a las drogas, que han dado con sus huesos en la calle, sin techo, sin rumbo, almas perdidas, dignidad olvidada. La mirada ida del nazareno que carga con la cruz es la del que huye de la guerra, la del vecino que agoniza en soledad, la de la mujer maltratada, la del niño sin infancia. Los puñales de filigrana se hincan en los pecherines de las vírgenes como raja por dentro el puñal del desconsuelo por la pérdida de quien se fue tras una enfermedad sobrevenida, por una desgracia inesperada. La sonrisa de mi hija me da alas a la esperanza que se abre hueco entre tanta pena. Dios quiera que en medio del sufrimiento siempre podamos encontrar razones a las que agarrarnos para seguir creyendo en la redención que aguarda al final del camino del penitente. Estos episodios, estas heridas que sangran, y no tanto la imaginería que procesiona, es lo que conduce la reflexión cristiana de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo que emprendo en esta Pascua. Ejercicio tanto o más intenso.

 

 

 

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