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Posts Tagged ‘educación’

Publicado en Wadi As en su edición del 6 de junio de 2015

No solo de noticias de pactos poselectorales, traiciones partidistas y demás casquería política vive el hombre. Y bien que el españolito/la españolita de a pie lo deja claro haciendo clic en esta y aquella que acaban engrosando la sección de “Lo más visto y leído” que incluyen los digitales, en cuyas posiciones de cabecera se cuelan asuntos tan variopintos como el permiso penitenciario de la Pantoja, la pitada al himno nacional en la final de la Copa del Rey y la vuelta al candelero de Vicky Larraz, además, por supuesto, de las “frikinews” de turno que incomprensiblemente aparecen publicadas en medios en teoría serios pero que rayan en lo ridículo al hacerse eco de la última salida de tono del esperpento de moda o dar cabida a estudios supuestamente científicos con cantosos titulares sobre auténticas chorradas, por citar un par de ejemplos bastante habituales. Haciendo gala de un relativismo pasmoso, lo mismo publican concienzudos trabajos de investigación que rumorología travestida de supernoticia. Pero esto es harina de otro costal y la paulatina conversión de las ediciones online de los medios en meras webs contenedoras de información que no tiene por qué ser “digerida” ni trabajada ni contrastada, claro síntoma del declive irreversible del oficio periodístico, merece ya no artículo aparte, sino todo un serial.

Bien, pues aún entre las noticias sensacionalistas, morbosas, llamativas, escandalosas que captan nuestro interés, encuentran hueco aquellas que en verdad tratan temas importantes, como es este del acoso escolar. Cómo prevenirlo y abordarlo vuelve a estar sobre la mesa de debate a raíz de la última víctima mortal que se ha cobrado el “bullying” en nuestro país. Y, como por desgracia suele pasar, después de mucho bla-bla-bla de expertos de turné de plató en plató, de mucha cámara y mucha alcachofa ávidas de testimonios a pie de colegio, de comentarios fuera de lugar en las redes sociales, podemos sacar poco en claro de qué hacer si nuestro hijo se ve en una situación de este tipo. De todo lo que se ha publicado al respecto estos días, me ha llamado la atención una pieza que informaba sobre un programa implantado en Finlandia que ha reducido los casos de acoso en muchas escuelas. Este método actúa en especial en la actitud de los testigos, es decir, pretende que los compañeros del acosador ni le rían la gracia ni miren para otro lado cuando asisten a un episodio de acoso. Sin duda que los acosadores se valen del silencio de la mayoría que no quiere meterse en líos, que va a su bola, para arrinconar y amedrentar a sus anchas a su presa. Y sin duda que acosarían mucho menos si, de repente, esa mayoría silenciosa que con su indiferencia legitima el acoso deja de serlo y, por ejemplo, le afea la conducta o le da la espalda. Este sistema viene a sostener que la falta de reconocimiento entre iguales puede ser más efectiva que el endurecimiento de la ley o cambios en el régimen de sanciones del centro escolar. El grupo puede marcar la diferencia. Sin auditorio ante el que lucirse, el acosador es menos estrella.

Interesante es también este método en lo que respecta a la comunicación fluida y continua que debe existir entre el colegio y las familias. Y en este punto, de nuevo, la educación que se recibe en la familia, lo que el niño ve y oye y aprende en el seno familiar, vuelve a tener una función vertebradora clave. Es en la familia donde se llena de contenido la palabra “respeto”, donde se fija el límite que separa libertad y libertinaje, donde el niño percibe que sus derechos acaban donde empieza el uso y disfrute de esos derechos por parte del otro, llámese prójimo,  conciudadano, compi de pupitre. En la familia se enseña que no vale todo.

Por supuesto que el éxito de este programa debe mucho al bien estructurado sistema educativo finlandés. Por supuesto que los acosadores no se crían solo en familias problemáticas. Pero ambos factores, tanto la educación en valores en el ámbito familiar como la aplicación de esos valores en la vida en sociedad, podrían neutralizar en gran medida la aparición de acosadores y de acosados y, sobre todo, de esa mayoría que ni siente ni padece y que, con su inacción y pasotismo, consiente y sentencia.

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Publicado en Wadi As en su edición del 29 de noviembre de 2013

 

Hasta hace no mucho, opositar pa maestro-escuela era una tarea costosa, pero que ofrecía una grata recompensa para quienes salían airosos de los exámenes. Tener una placica fija, un sueldo asegurao y unos horarios compatibles con los que impone la crianza de hijos eran incentivos que brillaban, y de qué manera, al final de ese túnel de las oposiciones. Esto nos sonaba a chino mandarino a los que seguíamos otras vocaciones; nos tenía que bastar como único acicate ese acto de fe que supone eso de sentirse realizado con el mero ejercicio de la profesión. Hasta no hace mucho, el maestro-escuela que aprobaba las oposiciones pasaba a formar parte de una casta privilegiada, pues tras el no exento de dificultades maratón opositor, le esperaban en la meta alicientes que le ayudarían a soportar la egregia y complicada misión de participar activamente en la formación de los niños, de ponerlos en la senda de un porvenir provechoso. Insisto, otros teníamos que conformarnos con las etéreas mieles de la satisfacción personal, lo cual se queda por el camino después de tanto esfuerzo por contrastar informaciones, para que luego tuiteen más un rumor que esa noticia que ha llevado tanto curro. Pero esto es harina de otro costal. Hoy toca hablar de la docencia y de cómo en apenas unos años ha cambiado totalmente el panorama, tanto, tantísimo, que no hay incentivo que logre frenar el aumento in crescendo de bajas por depresión entre el profesorado de Primaria y Secundaria.

 

Cuando señalamos la crisis como culpable de la mala situación en la que se encuentra la educación en nuestro país, nos quedamos con frecuencia en la crítica a la dotación económica que la Administración destina a esta área, que el clamor general considera insuficiente. Es cierto que reducir gasto supone, entre otras cosas, menos plazas ofertadas en centros públicos, con lo que esto implica de más alumnos y más horas lectivas por profesor. Sin embargo, solemos dejar en el tintero aspectos que tienen también un papel importante. No es ya que los maestros tengan que trabajar con más alumnos, alumnos que por lo general están más interesados en wassapear que en aprender ortografía, sino que encima de contra esa desgana multiplicada deben batallar contra continuas faltas de respeto por parte del alumnado y de los padres de esos niños. En esto de la crisis de la educación en España, claro que los políticos, los que nos gobiernan y también los que han gobernado, tienen mucho que ver, entre otras razones por haber sido incapaces de sentarse unos con otros para elaborar unas directrices sólidas sobre las que asentar ese sistema de enseñanza llamado a sobrevivir a gobiernos de uno y otro color. Pero en paralelo a esta “crisis-de-la-Educación”, hay una profunda “crisis-de-educación”, hay un déficit en la transmisión de valores de padres a hijos, valores basados en el civismo, la capacidad de escucha, el poder de la palabra frente al insulto, el respeto a la autoridad del profesor. Esta mala educación no es cuestión de dinero. Ésta se combate al calor del hogar.

 

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