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Posts Tagged ‘fama’

Artículo publicado en Wadi As en su edición del 29 de octubre de 2010

 

No podemos negar que en ocasiones hemos llegado a envidiar, y mucho, el tren de vida de esos que pavonean sin pudor sus lujos en la tele, esos mismos en cuyo camino han dado con gallinas de privilegiadas posaderas capaces tan sólo de incubar huevos de oro. ¡Qué mansiones! ¡Qué vestidos! ¡Qué coches! ¡Qué barbaridad de planazos se le ocurren a una teniendo en el bolsillo (evidentemente es un decir, más bien en un banco suizo) tanta pasta! ¡Y qué apañá que sale siempre esta gente en las revistas, con la pose perfecta, con el/la acompañante/a idóneo/a, con el peinado y el maquillaje y el atuendo que más y mejor resalta su figura modelada, bronceada, descansada, tan ajena al machaque reservado para los peoncitos anónimos que engrosamos la gran-masa-gris! ¡Oh, la fama! ¡Los flashes de los fotógrafos furtivos, los fans esperando a la puerta del restaurante, las fiestas cuyo común denominador es el derroche y el desenfreno! ¿Y cómo demonios se puede saltar de la gran-masa-gris de los anónimos al Olimpo de los imposibles factibles? Que uno protagonice un suceso conocido en la China, el África central y la comarca accitana, puede ser un buen trampolín.

 

Tomando un ejemplo reciente de repercusión global, podríamos decir que los mineros rescatados hace unas semanas de una mina chilena serían candidatos para ingresar en el club de la fama. El interés que suscitó en todos los rincones del planeta su operación de salvamento (las imágenes del primer minero sacado fueron vistas por 1.000 millones de personas de los cinco continentes, alcanzando una cobertura periodística similar al ataque del 11-S en Estados Unidos) va a llevar a muchos de ellos de plató en plató para contar su historia, a escribir un libro sobre los días de encierro y a desarrollar tantas acciones publicitarias como se les ofrezca. Sin embargo, como todo, esto de la fama tiene su cara (fascinante, fashionante, flasheante), pero también su cruz. Siguiendo el mismo caso de los mineros, leía días atrás que se encontraron a uno de ellos desnudo en la playa horas antes de iniciar una tournée internacional impartiendo conferencias sobre su experiencia, mientras que otro de ellos prefirió irse de cena con un excéntrico empresario a asistir al nacimiento de su bebé. No sé si me convence esto de abandonar la gran-masa-gris para entrar a formar parte del ejército de superfamosos. Veo que se quedan por el camino ciertos hábitos “corrientuchos” (que, visto lo visto, asciendo a “caprichos impagables”) de los que no estaría dispuesta a deshacerme: poder salir de la casa sin maquillar sin el temor de ser portada por esto mismo al día siguiente, pasear cada día con un amigo distinto sin tener que aclarar/justificar el vínculo ante una nube de micrófonos, sentarte en la terraza de un bar cualquiera a tomar tranquilamente una caña, pedirle a la vecina un vasico de arroz pa’ completar el potaje que está en el fuego… acostarte por la noche fundida y, en el fondo, agradecida por seguir siendo anónima.

 

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