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Posts Tagged ‘Guerra Mundial’

Publicado en Wadi As en su edición del 15 de octubre de 2010

 

La amplitud del recinto apantalla las explicaciones de los guías turísticos. También diluye los comentarios que suscitan entre sus grupos de visitantes. Incluso los graznidos de los cuervos que planean sobre nuestras cabezas, incluso el sonido de las hojas y las ramas de los árboles mecidas por el viento, pasan a un segundo plano. Es el silencio, un silencio de luto, el que se impone en este lugar que no acabará nunca de llorar suficientemente a sus muertos, pues pareciera que no llegásemos a aprender del todo ese ‘nunca más’ que recorrió la faz de la Tierra cuando en 1945 cayó el régimen nazi y se tuvo consciencia mundial de sus siniestros planes de aniquilación y dominio.

 

Patio de Sachsenhausen

 

Y digo que Sachsenhausen, al igual que los otros campos de concentración que se mantienen actualmente como museos, seguirá sangrando por las mismas heridas, porque la barbarie hitleriana no supuso el esperado punto y final definitivo, sino que después han venido otras tantas matanzas selectivas, como el genocidio camboyano, el ruandés, la Guerra de Bosnia…

 

Puerta de acceso a Sachsenhausen

 

‘¡Mala memoria! ¡Mala memoria! ¡Mala memoria!’, susurra repetidamente ese silencio que encoje el alma en este campo de la vergüenza. ‘¿Por qué otra vez, y otra, y otra…?’, sigue el lamento, que retumba en los barracones que agrupan los catres de los prisioneros, en las celdas de castigo en las que muchos pasaron sus últimas horas, en los restos que aún quedan de los hornos de cremación.

 

Sachsenhausen

 

Cabe pensar que quizás sigan produciéndose, para escarnio público, casos de exterminio, porque somos incapaces de asumir que los monstruos que perpetran esos crímenes son de carne y hueso. No surgen de la nada ni aparecen de repente, como por arte de un sortilegio, en el lado oscuro. Si no estudiamos y reflexionamos sobre la manera en la que estos seres humanos han dejado de serlo, acabados estamos, y sin duda que ayuda a hacer memoria, a hacerse una idea de lo que sucedió, el hecho de visitar y conocer en primera persona lo que queda de aquella ignominia.

 

Lo malo no se puede olvidar. Lo que pasó, pasó, y precisamente para que no vuelva a pasar deben seguir en pie estos museos del horror, para poder así impregnarnos de ese rotundo y necesario “no volverá a ocurrir”, pues hoy más que nunca, con la actual crisis de valores, con el relativismo que pesa sobre los principios básicos, con la flagrante fragilidad de los vínculos afectivos, con el deterioro del sentido estricto de las palabras, con la falta de fe en el individuo y en las instituciones que deben velar por la integridad de las personas, no podemos olvidar que lo que se castigó, por encima de todo, fue la disidencia, la libertad de ser y manifestarse diferente: además de presos judíos, este campo aglutinó a opositores políticos, gitanos, homosexuales, y posteriormente a prisioneros de guerra y a Testigos de Jehová. En resumen, humillados, torturados y ejecutados por ser distintos al ideal ario, al ideario nazi. No. No se puede olvidar.

 

Interior del pabellón de prisión de Sachsenhausen

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