Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Hamburger Bahnhof’

 

¿Cómo definirlo? ¿Como la visita al laboratorio de un científico loco que busca hallar la pócima de la vida eterna? ¿Acaso como una rocambolesca performance que sirve para hacernos sentir al cómun de los mortales como unos completos ignorantes, a la par que engordar el ego del artífice de tamaña complejidad conceptual? ¿Tal vez una tomadura de pelo? Y es que si os cuento que he visto en un museo doce renos -vivitos y coleantes- paciendo sobre heno bajo cuatro jaulas llenas de canarios, junto a vitrinas con ratones y frigoríficos con setas y tarros llenos de pis me diréis, y no os reprocharía nada, que si es que estoy más fumá que otra cosa. Y no iríais nada desencaminados, porque mi alucinante historia de hoy va precisamente de esto, de alucinógenos, y aún no sé si acaso todo esto en verdad lo he visto y vivido o lo he alucinado por obra y gracia del efecto en el ambiente que hayan podido causar las setas que el “artista” llamado Carsten Höller ha empleado en su “¿experimento artístico?” (él lo denomina “pintura viva tridimensional”) que ocupa la parte central del museo de arte contemporáneo Hamburger Bahnhof de Berlín.

 

¿Que qué es lo que pretende? Su propósito, escenificar la búsqueda del elixir de la inmortalidad, don que los himnos vedas hinduistas aseguran conseguirse con la ingesta del “soma”, alimento divino en cuya composición se encuentran unas setas (en concreto, las Amanitas Muscania). Pero la cosa no queda aquí. Al parecer, lo que se asemeja al “soma” es la orina de renos, cuya dieta natural incluye las amanitas.

 

¿Que qué es lo que ha hecho? Pues ha dividido en dos mitades el espacio en el que extiende su “experimento” y ha distribuido todos los elementos que antes he enumerado (renos, jaulas, ratoneras, etc.) de manera simétrica en uno y otro lado. La “gracia” está en que sólo ha puesto en marcha su “cosa” (osease, seta come mosca, reno come seta, reno se mea, pájaro y ratón y… beben pis de reno) en una parte, mientras que en la otra no ha hecho nada de nada.  Según el panfletillo que reparten con la entrada, la evaluación de esta “obra de arte” (con todos los entrecomillados del mundo mundial) depende enteramente de la capacidad de observación del visitante. Por respeto al mundo animal, no tomé ninguna foto de esta movida conceptual. Tan sólo incluiré en este post una que saqué de la entrada al recinto.

 

 

Detrás de la taquilla del museo, se extiende el espacio ocupado por "Soma"

 

Pero aquí no acaba el asunto: en medio de esta granja-escuela para artistas supermegamodernos cuya obra es inasible al entendimiento de los vulgaruchos, se alza una plataforma sobre la que hay una cama. Y no está ahí por mero adorno, sino que la “exposición” la pone a disposición de quien quiera pasar la noche en ella y empaparse así del alucinante mundo del Soma… claro que a cambio de ¡1.000 euros! Si es que disfrutar de tan divino manjar… pues eso, que vale lo suyo.

 

Yo, ¡qué queréis que os diga!, no me siento capaz de juzgar lo visto y vivido a cuenta de los renos dopados. No sé si es que me han turbado el juicio crítico el resto de “manifestaciones artísticas” vistas en este museo, tales como esos garabatos y pintorrejeos sobre lienzos en blanco, esa vitrina con un par de canastos llenos de cáscaras de huevo, esas teles del año catapún emitiendo extraños vídeos (como uno en el que aparece una mujer con pequeños televisores en las copas del sujetador -me río yo de los corsés de Madonna- que hace como que toca el violoncello, pero en vez de violoncello es un hombrecillo), esas pequeñas salas de cine en las que se proyecta desde la caída de la tarde en una especie de polígono industrial, pasando por un montaje hecho a partir de distintos vídeos caseros con gente tocando algún instrumento, hasta otro en el que un hombre maquillado como una mujer imita las fases del llanto de un bebé… por no hablar de una sala enorme en cuyo centro se acumulan trastos, o de una sucesión de salas pequeñitas en las que se pueden ver distintos “mini-vídeos-arte”  (como uno en el que se ve cómo se depila un cactus), o de un saloncito en gris lata -en el que uno espera encontrar al Hombre de Hojalata de “El Mago de Oz”-, o del cuadro con los patrones de un traje, o de otro del que brotan latas y alambres oxidados, o de la vitrina que guarda una bombilla amarilla y un limón…

 

… el tema es que no tengo tema, que aún ando buscando el concepto que supuestamente evocan cada una de las “cosas” contenidas en las distintas salas de este museo. No puedo decir si me ha gustado o no. Primero, digo yo, tengo que procesar la información que sigue atascada en mi mente. Por eso, me veo en la obligación de ponerlo todo en cuarentena (de ahí todos los entrecomillados del post) y aplazar la valoración para más adelante. Prefiero la prudencia al sonrojo de que en tiempos futuros alguien rescate del pasado este post y exclame un “¡mira ésta, qué cateta, que no supo reconocer el valor de tal o cual Untitle!”. Y precisamente en homenaje al 70% de las “obras” vistas y que llevan por nombre precisamente ése, Untitle, titulo -vaya sinsentido, ¿verdad?- de esta manera estas cuantas líneas sin valía alguna por entenderse todas de cabo a rabo. Pero, ¿qué se le va a hacer? No todos estamos tocados por la gracia.

Anuncios

Read Full Post »