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Posts Tagged ‘medios’

Publicado en Wadi As en su edición del 5 de octubre de 2012

 

Se dicen muchas cosas, tantas que al final uno acaba oyendo demasiado, pero no enterándose de na. Justo ahora, cuando más medios tenemos a nuestro alcance para estar más al tanto que nunca de lo que ocurre, más embrollado se vuelve todo cuando lo que queremos es saber toda la verdad, y nada más que la verdad, o, al menos, aspiramos a ello. Internet facilita el acceso a la información, y su intercambio, pero también es vía perfecta para la difusión de medias verdades, que son las más peligrosas, porque adquieren grado de incuestionables/incontestables sentencias a poco que logren calar en el momento adecuado, en el sitio preciso y bajo un nivel de crispación determinado. Con la apariencia de papeles clasificados que ven la luz obra y gracia de abnegadas ánimas que trabajan en pro del esclarecimiento de la Verdad absoluta, se están poniendo en circulación bulos camuflados como objetivas informaciones que, lejos de desvelar el complot universal del Mal contra el Bien que denuncian, lo que hacen es aumentar la confusión reinante. Así, mezclan lugares comunes, eslóganes de pancarta, cifras aportadas por organismos oficiales y rumores, a cientos, en una trama propia de novela negra, creando así historias verosímiles, fácilmente digeribles, pero que no remiten a una realidad concreta. Por nombrar uno de los últimos de estos virales está la traducción española de un artículo recogido por varios periódicos económicos alemanes de la corresponsal de uno de ellos en España, lo que se nos vendía como algo que nadie se había atrevido a publicar en nuestro país por la dureza de su análisis. Nos bastó leer los típicos reproches sobre las causas de la crisis hispánica, para agotar nuestra paciencia socavada por tanto ataque inmisericorde como los que recibimos a diario en lengua extranjera, y muchos de nosotros pasamos tan incendiario texto a casi toda nuestra agenda de contactos como parte de un documento clandestinamente conseguido que todo hijo de vecino debía conocer. Pero ni se trata de una información que no se haya publicado, que sí lo ha sido, ni es la más exhaustiva representante de la opinión que en el exterior se tiene de nuestra economía.

 

Ahora que los ánimos están como están, ahora más que nunca debemos vigilar lo que vemos y leemos y poner en duda cada puesta en duda, cada supuesta conspiración destapada, cada mesías dispuesto a inmolarse en pro del derecho del ciudadano a saber. Porque tal y como está el patio es muy sencillo que nos cuelen patrañas varias y que seamos una pieza más en este juego de desinformar por sobreinformación que, más que obedecer a un ejercicio de transparencia y responsabilidad civil, recuerda a ese pasatiempo infantil del “teléfono roto”, en el que los participantes se divierten al escuchar cómo un mensaje se va distorsionando conforme va pasando de persona en persona. Afilando nuestros sentidos y nuestro juicio crítico deberemos hacer frente a esta amenaza que desestabiliza más si cabe el complicado escenario sobre el que estamos obligados a actuar.

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Publicado en Wadi As en su edición del 18 de febrero de 2011

Han pasado ya casi dos meses desde que la cadena de noticias CNN+ echó el cierre, dejando espacio en la nueva dimensión de la TDT al canal 24 horas de “Gran Hermano”. Salvo las muestras de indignación que este trueque infame despertó (y lo sigue haciendo) sobre todo en el mundo mediático, ¿acaso ha habido una acción más global y generalizada de repulsa? ¿Acaso se ha conocido alguna masiva recogida de firmas? ¿Acaso una gran huelga de mandos caídos contra la cadena que ampara estos espectáculos tan lamentables? Pues no. Y muy al contrario, el programa “Gran Hermano” se ha consolidado en su undécima temporada y su versión 24 horas marca cerca de un 1% mensual, todo un logro para una cadena novel en TDT. O sea, que la audiencia, que es la que corta el bacalao, salva de la quema un espacio donde concursa gente sin complejos para airear sus más bajas pasiones, en una cadena que replica esta basura en los otros programas basura que alberga. Puedo llegar a entender –aunque no a compartir- que haya gente a la que esta comidilla le pueda interesar. El morbo ha vendido, vende y seguirá vendiendo. Pero me sorprende que ver a un pavo lavándose los dientes, a otra rascarse la espalda y al de más allá pelando una patata, pueda suscitar el interés de alguien. Sin embargo, esto es lo que hay. El debate sobre si la gente lo ve porque es lo que se le ofrece, o si es que el programa existe porque es lo que la gente quiere ver, se agota ante la contundencia de los hechos. Y estos nos marcan que la concurrencia prefiere la carnaza envuelta en “vida normal”, a la “vida normal” sin envoltorios. Quizás el éxito de la telerrealidad y de la telebasura esté en que han infestado de ese zafio entretenimiento muchas otras parcelas de nuestras vidas, de tal manera que aunque no veas “Gran Hermano”, acabas leyendo, escuchando o sabiendo algo al respecto. E incluso aunque ni leas ni escuches ni sepas nada de esto, la granhermanización entendida como “el espectáculo a toda costa” llega a todo: basta con navegar por cualquier medio digital y ojear el tipo de fotos que priorizan, y la manera de titular las informaciones… y también repasar las noticias más leídas por los internautas, las cuales no siempre se corresponden con las de mayor importancia. Aquí está la clave. El quid de la cuestión no está en saber dónde está el inicio de esta destructiva reacción en cadena, pues más bien es la pescadilla que se muerde la cola y ambas partes, cadena y público, permiten y alientan su subsistencia. Empecemos más bien a buscar el antídoto que acabe con esta simbiosis tan nociva. Aunque hallarlo se augura lejano en el tiempo, a saber de “pequeños detalles” como el encumbramiento de Belén Esteban como referente social o la deriva de los medios, que quieren ganar más dinero con menos profesionales que velen por contenidos de calidad.

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