Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘mercadillos navideños’

Publicado en Wadi As en su edición del 9 de diciembre de 2011

 

¿Qué cuento contar de estos días, cuando tan poco encanto habita en los atascos ante los centros comerciales, ante los probadores de las tiendas, incluso a la hora de pagar? Porque este cuento del nunca acabar de comprar no casa nada con esos otros que, en teoría, deberían estar leyéndose ahora y que tendrían que apartarnos por un momento al borde del camino y ayudarnos a recargar las pilas. Entre tanta factura tras la resaca consumista, tras tanto bicarbonato después de tanto atracón, no quedan ganas de ponerse nostálgico ni el corazón tiene fuerza como para latir con entusiasmo ni nuestro espíritu ánimo alguno de ejercitar sentimiento que no sea el de meterse rápido en la cama y descansar. ¿Qué nos está pasando que nos resulta dificilísimo encontrar una emoción sincera en este montón de actividades que agrupamos en estas pocas semanas? A nosotros, que tanto nos gusta ponerle titulillo a todo, nos queda grande, sin embargo, esta encomienda. Será que no seremos tan superwoman ni tan machomanes como pensamos. Será que no tenemos tan controlada nuestra vida como para ser capaces de calentarnos un poquito la cabeza y crear algo distinto a lo que el mercado ofrece prefabricado. A poco que hurguemos hallamos seguro motivos para sacar ese empuje preciso y escribir nuestros particulares cuentos de Navidad. Un beso improvisado, una convidá un día cualquiera, una comida alrededor de un perol de guiso caldoso, una sobremesa de mesa camilla y repaso de álbumes familiares, una serenata no ensayada… sobran las razones y los momentos para preparar algo con sabor propio y con suficiente intensidad como para despertar a ése que duerme dentro de nuestra carcasa de compra frenética.

 

Mi cuento de Navidad de este año va de sonrisas, de cómo una ciudad fría y lluviosa puede parecer la más cálida y entrañable cuando, a su habitual estampa, se le añaden rostros felices. Berlín, que carga a sus espaldas con un muy pesado pasado no muy lejano, tira además del lastre de la soledad del anonimato propia de las grandes capitales. Con el clima también en contra, reúne, en teoría, todos los requisitos para ser, si cabe, aún más triste en Navidades. Pero yo me agarro a las sonoras carcajadas que se dejan oír en los mercadillos de abalorios y productos típicos navideños que salpican la ciudad, para convertir en un aliciente pasear en estos días por Berlín. ¡Ay! Sonrisas que iluminan más que las bombillas de las calles. ¡Ay! Y  tan fuertes que apantallan las canciones de niños gritones que suenan por la megafonía. ¡Ay! Y tan potentes que queda en nada, como propio de una dimensión paralela, el estrés de las gentes que van de acá para allá cargadas de bolsas. Mi cuento no tiene forma de cuento ni moraleja al uso ni hay huerfanitos ni fantasmas ni hadas madrinas, pero consigue que me conmueva como lo hacía, de pequeña, cuando sujetaba con mis bracitos aquellas colecciones de relatos navideños de pasta dura que tanto me hacían soñar.

Anuncios

Read Full Post »