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Posts Tagged ‘paro’

Publicado en Wadi As en su edición del 10 de mayo de 2013

 

Siento cómo el agua fresca del mar relaja mis músculos, afanados en dar suficientes brazadas como para permitirme avanzar. Hacía tiempo que anhelaba nadar entre las olas, sola, libre. Pero no. No estoy en el mar. Ni sola. Ese espejo de ahí delante me devuelve una imagen muy distinta. No llevo bañador, sino unas mallas y una camiseta de lactancia. No estoy en el mar, sino en una sala pequeña. No estoy sola, sino en compañía de otras madres, quienes bracean junto a mí en ese océano imaginario que la monitora de la gimnasia postparto nos ha propuesto como lugar al que transportar nuestras mentes mientras nuestros acartonados cuerpos se esfuerzan en recuperar la agilidad mermada tras/con el nacimiento de nuestros hijos. ¡Ay-ay-ay! Traicioneros espejismos, ilusiones maliciosas que entorpecen, más que ayudan. ¿De qué ha servido acaso figurarse estar balanceándose al ritmo del mar, sino para enrabietarme aún más por el hecho de haber caído en la trampa alucinatoria? Enfadada y triste me hallo yo, eso y to que hoy había llegado al curso con mucha energía, con la intención de no achantarme ante los duros ejercicios tonificantes del suelo pélvico; yo, que acudía hoy con unas ganas tremendas de dejar bien alto el pabellón patrio y de demostrarle al personal que vagos haberlos haylos en España, pero no somos todos, y como en todas partes. Porque cómo me cabreó la encuesta ésa según la cual la buena estima que los alemanes sentían hacia los españoles se ha desplomado de un tiempo a esta parte y un amplio porcentaje de los germanos se enquistan en el tópico del nuestro como país de vividores dependientes de la “generosidad” de naciones como la suya. Leído esto he convertido en un deber más en mi lista de tareas diarias rebatir, siempre que encarte, este estereotipo cebado por la tristemente célebre colección de corruptelas en las esferas dirigentes de España. Cierta que es, pero no es menos cierto, como apuntaba antes, que en todos sitios cuecen habas, y la diligentísima Alemania no es tan eficiente como se vende. Así, por ejemplo, los continuos aplazamientos de la inauguración del nuevo aeropuerto Berlín-Brandemburgo, llamado a convertirse en aeródromo de referencia en Europa, por importantes fallos en el funcionamiento, ha dejado en evidencia flagrantes errores en la gestión del proyecto, convertido en un pozo sin fondo que precisa de continuas inyecciones de capital por día que pasa sin abrirse. Por no hablar de esa avidez especulativa urbanística, tan criticada a países como España, que también se cierne sobre la capital alemana, hasta el punto de que la East Side Gallery, el trozo más largo conservado del Muro de Berlín, corre peligro de derrumbamiento. Y los otrora estados de la RDA tampoco son los mejores representantes de ese “paro-cero” del que presume Frau Merkel. No hay nada como mirarse al espejo, enfrentarse a lo que hay para poner fin a espejismos y otras distorsiones de la realidad. Y a reflexionar al respecto invito a los deutsches cuando exhiben su arrogancia. “Que no sois angelitos, que no”.

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Publicado en Wadi As en su edición del 4 de mayo de 2012

 

Me escribe una amiga y me cuenta que no le sale nada. A ella, que tiene estudios universitarios, amplios conocimientos de idiomas y una nutrida experiencia laboral se le resiste, sin embargo, el hallazgo de un nuevo puesto de trabajo. Se le nota desconcertada. Y no es para menos. Ha conducido uno de los programas más seguidos de una cadena autonómica y ahora engrosa el tristemente numeroso ejército de parados de nuestro país. Me explica que no hay movimiento alguno y que, en tanto consigue algo, apura la opción “vuelta a las aulas”.

 

En estos días convulsos oye uno por ahí muchas teorías sobre cómo hemos llegado a esto, esto es, a que hasta los que en principio tienen más posibilidades de estar en activo en el mercado de trabajo, se queden fuera de él. Que si el sistema educativo hace aguas y no se adecua a las exigencias del mundo laboral; que si nuestra economía, basada aún en una fórmula de explotación intensiva de mano de obra, desdeña el peso de la I+D; que si tanta confianza en el ladrillo –no tan tangible y real como se pensaba- hizo ignorar otras opciones de desarrollo; que si con semejante debilidad cualquier pinchazo internacional nos iba a colocar a los pies de los caballos; que si hemos estado viviendo en un espejismo de disfrute ilimitado que tan sólo era pan de hoy y hambre de mañana; que si la falta de cintura de la clase política, perdida en sus luchas partidistas y sus cuotas de poder, ha erosionado la credibilidad en el funcionamiento ordinario de la democracia… por no hablar de las consecuencias sociales y en cada uno de nosotros que ha traído de la mano toda esta palabrería con fondo de verdad.

 

Claro, querida mía, que en este modelo que ha entrado en crisis, es decir, que no responde a lo que se cuece hoy en día, no encaja gente como tú. Pero también hay que pensar que toda crisis obliga a un cambio, dado que lo de ahora no sirve. Como insistía el profesor de redacción de la facultad, cuanto más difíciles estén las cosas, más tenemos que afilar los sentidos, y esperar hasta ver la situación tal y como es. Tenemos, amiga mía, que sacarle punta a nuestros ojos, a lo que nos llega por el oído y el tacto, atentos al sabor que deja el poso de aquello que vivimos y, por supuesto, tener el olfato presto a detectar esas nuevas líneas sobre las que se sustenta el nuevo orden que dará relevo al viejo del que venimos. La incertidumbre mata, la desesperanza remata, pero debemos intentar no dejarnos arrastrar por su destructiva fuerza y, en su lugar, exprimir las neuronas y leer entre líneas por dónde van los tiros. A tan vasta encomienda debemos ahora enfocar la intuición, ésa que nos ha llevado siempre hasta la noticia. Sí, ante nosotros hay un enorme interrogante “¿?” y unos desquiciantes puntos suspensivos, pero también un nuevo futuro, y eso es altamente estimulante.

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