Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘porrón’

Publicado en Wadi As en su edición del 15 de agosto de 2014

 

Es verano y hace calor ¡y qué le hacemos! Tanto quejarse y quejarse cuando lo normal es que ahora haga foscazo. Pues eso, que antaño no había tanta cosa como ahora -que si el ventilador, el aire acondicionado, el agua pulverizada en terrazas de bares…- y la gente soportaba el calorín y san-se-acabó. Igual hasta nos conviene tomar nota de lo que se ha venido haciendo, por si con ello podemos ahorrar dineros.

Algunos de estos consejos de-toda-la-vida se siguen actualmente, caso de lo de ir de mandaos a primera hora, lo de tener a mano un abanico, lo de llevar ropa ligera –míticas baberonas que vestían las mujeres, en progresivo desuso-, lo de abrir temprano las ventanas de toa la casa  pa’ventilar bien y cerrarlas y bajar las persianas como mu tarde a las once y no volver a subirlas hasta las ocho como poco -esa imagen de la casa a oscuras está íntimamente unida al recuerdo de las historias del Bute y el Mantequero que las abuelas contaban pa’hacer echar la siesta a los nietos-. Aún se dejan ver por fuera de las puertas de muchas casas cortinas de tiras de plástico, que permiten tener la puerta abierta pa’que pueda haber corriente con otras puertas/ ventanas abiertas, dan oscuridad y fresquito, también intimidad e impiden que entren bichos.

Si bien hoy se opta por las duchas de agua fría cuando el calor es insoportable, antes, que lo del baño era un privilegio, los críos buscaban remedio metiendo los pies con las sandalicas y to y las piernecillas en caños y en abrevaderos de ganao y los mayores se pasaban paños empapaos en agua fresca por la cara, la nuca y los brazos.

Pa’evitar la deshidratación, frente al sinfín de bebidas y helados hoy a nuestro alcance y que almacenamos en frigoríficos y neveras, hasta no hace mucho los niños hacían polos echando gaseosa o leche en las cubiteras y poniendo palillos en cada hueco. Además, antes en toda casa se tenía en el sitio más resguardaíco el botijo, que mantenía el agua estupenda, y la fruta se colocaba debajo de las cantareras, y se usaban calabazas vaciadas como cantimploras y parecía que empinándose el porrón, el vino -con o sin sifón- entraba mejor. Ahora somos más de gazpachito triturao, pero el gazpacho de antes era el de segaor, con pepino, aceite, vinagre y sal, en el que los peazos de la hortaliza flotaban en un agua muy fría con cubitos. Por cierto, que las cáscaras del pepino se las ponían luego en la frente pa’calmar el bochorno.

Pa’refrescar el ambiente, cuando caía el sol regaban las puertas de las casas y por la noche sacaban sillas de enea y hacían tertulia con los vecinos hasta las tantas. Y, por supuesto, hay que hablar de las meriendas de domingos y festivos en alameas, barrancos, a pie de riachuelo, donde era común ver sandías, melones y bebidas dejándose enfriar en la orilla del arroyo o en la “tejea” del manantial/nacimiento.

Anuncios

Read Full Post »