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Posts Tagged ‘propósitos’

Publicado en Wadi As en su edición del 27 de diciembre de 2013

 

Al final uno tiene que reírse, porque mejor reírse que avinagrarse y, pa lo que le queda al año, mejor rematarlo con una sonrisa en el careto que llenicos de malafollá, pues el mal carácter enferma el alma y en tiempos achuchaos, como estos, al menos que tengamos lustrosas nuestras emociones y limpica de malas ideas la cabeza y podamos así poner cordura entre tanto sinsentido que nos rodea. Y sí, digo “malafollá” porque es lo que gastan, y a carros, muchos de por estas tierras donde he ido a poner el huevo; con el agravante de que estos  carecen de ese regusto de humor negro que hace del malafollaísmo granaíno un delicioso modo tragicómico de entender la vida.

Y todo esto viene por cómo uno llega a desarrollar una coraza frente a tanto rancio esaborío como abunda por aquí y, lo más curioso, cómo ante la indiferencia y, aún más, ante la sonrisa que acaba uno esbozando como antídoto frente a las maneras toscas del personal, estos se enfadan aún más, se vuelven más sonoros sus refunfuños. Normal que sus cuadriculadas mentes cortocircuiten cuando les diriges unas sonrisicas en vez del exabrupto que esperan recibir proporcional al suyo. Un gesto amable no se corresponde con la mala educación con la que te han tratado no sabes muy bien por qué. Que les desbarates el croquis de cenizo que enturbia su ánimo es lo que más les puede molestar a los amargados con los que a veces me toca lidiar mientras guardo turno para pagar en algún comercio, cuando viajo en transporte público, en cualquier contexto que implique una mínima interacción. Y yo me pregunto qué ganan siendo así. Me dirás tú qué gana ése que lleva una caja de lucecitas de colorines, de esas que se cuelgan en el balcón pa adornarlo en Navidad, y que está el tío que se come no ya las uñas, sino las manos enteras, impaciente porque la viejecilla que va delante ha decidido pagar en monedicas, cuando luego él hace lo mismo y también suelta calderilla sobre el mostrador. Me dirás tú qué gana la viejecilla, cargada de galletas especiadas típicas de estas fechas, despreciando la ayuda que le ha ofrecido una muchacha para bajar el escalón que da a la calle, cuando claramente no puede hacerlo por ella sola, o con dificultades. Me dirás tú qué ganan esos jovenzuelos con gorros de papanueles empujando pa querer subir los primeros al autobús, cuando hay tantísimos asientos libres. Me dirás tú si no es una enorme contradicción participar de la parafernalia navideña con tan poco espíritu conciliador como el que es de esperar en especial en tan entrañables fiestas. Ni siquiera en Pascuas hacen una pausa de su mal genio habitual. No es sana tan agria actitud ante la vida. No me queda otra que seguir apostando por la risa/sonrisa para navegar en estas aguas turbulentas. Sí, este es mi deseo para 2014, que la sonrisa/risa salga en nuestro auxilio cuando más faltica haga.

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Publicado en Wadi As en su edición del 28 de diciembre de 2012

 

Inocente soy si creo factibles los planes que, a las puertas de 2013, tengo pensado llevar a cabo en los próximos doce meses. En verdad siempre me planteo si esta lista bienintencionada de propósitos sirve para algo o tan sólo para calmar mi conciencia. Me da a mí que no soy la única que intuye esto. Por eso, sugiero por esta vez dejar a un lado este ambicioso, a la par que inútil, ejercicio de enumeración de nuevas tareas -que, sabemos de antemano, no vamos a emprender-, y sustituirlo por una revisión de aquello que no ha cuajado durante el año que se acaba, con la intención de sacar algo en claro del porqué de nuestro fracaso en su puesta en marcha -sin que, por supuesto, esto desemboque en la autocompasión, el plañiderío, la fustigación y demás atolladeros recurrentes-.

 

Repasemos, así pues, igual que hacen en estos días las teles con las noticias más relevantes  desde la última Nochevieja, qué ha quedado pendiente de envío en nuestras bandejas de salida. Si hacéis la prueba, descubriréis que al principio aflorarán las faltas leves –que si no voy al gimnasio lo suficiente, que si no consigo dedicar más tiempo libre a la pareja…-, que darán paso a los grandes proyectos truncados –por tratarse de algo más complejo y profundo, mejor que cada cual lo medite para sí-.

 

¿Por qué no hemos alcanzado nuestros objetivos? ¿Hasta qué punto es culpa de los jefes, de los dirigentes, de los otros? ¿Hasta dónde llega nuestra responsabilidad? El clima de incertidumbre, lejos de facilitar las cosas, las enreda más. Pero nosotros tenemos mucho que decir y decidir.

 

Cierto es que, con lo que nos viene de fuera y con la cruz que cada cual carga, es difícil ver la luz al final del túnel. Cierto es que, mientras se guarda turno en la oficina de empleo, cuesta muchísimo pensar en qué más puede hacer uno para cambiar su situación. Cierto es que afrontar pagos in crescendo cuando en el banco tenemos cada vez menos dinero es algo para lo que las matemáticas no funcionan. Cierto es que esa derrota en lo laboral y lo económico se extiende también a la familia y ni siquiera en casa halla uno la paz anhelada, siendo más las ocasiones para la discusión y el desencuentro, que para el consuelo y el apoyo. Pero no todo en nosotros es una ruina.

 

Cada cual tiene un potencial que, ahora más que nunca, debe poner en valor. Preguntémonos, asimismo, qué hemos hecho mal en la gestión de nuestras cuentas, para no volver a cometer errores similares. Vayamos a esos momentos inolvidables en nuestra vida familiar para coger de ahí parte de esa energía que precisamos pa’ batirnos el cobre. Dejemos de esperar el maná del Cielo –llámese “Gobierno”, “Europa”, “loterías”-. En nosotros mismos están las soluciones a nuestros problemas. Deseémonos, pues, mucha fuerza y valentía y arrojo para poder vencer esa crisis concreta de perfiles propios contra la que cada cual debe luchar.

 

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