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Posts Tagged ‘Reyes Magos’

Si en los 80 pegaron fuerte las permanentes y los mullet, si en los 90 no había salón de bodas sin molduras de escayola color salmón ni menú nupcial sin cóctel de gambas con salsa rosa, si en el arranque del milenio no había familia que no tuviera tantos teléfonos móviles como miembros, si en el año 10 no había hogar sin tele de pantalla plana, estos tiempos presentes que ahora pisamos no se entienden sin la moda de pregonar por tierra, mar, aire y Twitter que da alergia todo lo que huela, suene, sepa a Navidad.

El sarpullido es menos cantoso, eso sí, cuanto más se maquille el hecho religioso que da sentido a las Pascuas según hoy las conocemos y, por tanto, el choque anafiláctico es menos acusado siempre que se evite cualquier referencia al nacimiento de Jesucristo, haciendo, para ello, todo tipo de malabarismos dialécticos hasta terminar recalando en el puerto de esas palabras que son tan abstractas, tan genéricas, que abarcan todo lo que cada cual entienda por ellas, como “paz”, “amor”, “suerte”, que bien podrían usarse tanto en estos días para felicitar las fiestas como también para escribir la dedicatoria de turno en una postal de cumpleaños o para componer una canción pachanguera y tremendamente cursi. Sí, porque al final el regusto que dejan en el paladar estas palabras tan llenas de todo que no significan nada en concreto es de una cursilería irritantemente empalagosa que, además, ni conmueve ni remueve ahí dentro más sentimiento que el del empacho. El conjunto será biensonante y bienqueda, pero acaba repitiéndose como el ajo y cayendo en la ñoñería que se critica. En cualquier caso, cuanto uno más demuestre la de urticaria que le provoca el espumillón, la de eccemas que le causa rozar siquiera una figurilla del belén, la de convulsiones que sufre al escuchar un villancico, la de náuseas que le entran al ver la felicidad en el rostro de quien va a echar los christmas al buzón de correos, en quien viene de ejercer de paje real, en quien carga con la cesta navideña, más puntos positivos gana cara a una galería que, lejos de la impostura contra la que estos grinch de nuevo cuño dicen batallar, precisa del postureo para significarse. Las apariencias nunca han estado más a la orden del día que hoy día, en tal grado como el afán por despreciar, ningunear, considerar rancio eso de velar por las esencias que hacen que seamos de esta manera y no de otra, algo que bajo la óptica de la moda imperante se interpreta como un obstáculo a la diversidad, aun cuando precisamente cuidar del hilo de la tradición que ha ido engarzando la historia de nuestro entorno con las grandes historias menudas de nuestros antepasados genera esa pieza genuina, pintoresca, peculiar que, unida a otras piezas genuinas, pintorescas, peculiares componen la diversidad. Pero no. Se estila renunciar a lo que se ha venido haciendo para pasar a hacer lo que dicen por ahí que no solivianta a quienes no han crecido en nuestro marco cultural, un viaje a ninguna parte, bueno, sí, un viaje hacia ese lugar donde todo cabe, donde todo vale, donde todo es tan igual a lo demás que se diluye y disuelve en una anodina uniformidad.

Hoy toca hacerse el interesante, el guay, el moerno y decir que las Navidades están ideadas y alentadas por tétricos poderes en la sombra para hacernos consumir a lo bestia, claro que nuestra teoría conspiranoica, que difundimos en las redes sociales para que nadie nos acuse de blandengues mentales, se cae a pedazos cuando nuestros mayores, que vivieron verdaderamente días difíciles muy, muy distantes de la abundancia material actual, recuerdan sin embargo las Pascuas de aquellos tiempos con emoción y cariño.

Esto me lleva a pensar que quizás esta alergia a los gorros de papanueles, los belenes vivientes y los Reyes Magos se deba o, al menos, sea más intensa por lo enrarecido que está el ambiente con tanto prejuicio. Tan contaminado, tan envenenado está el debate, que cualquier planteamiento que se separe del buenismo oficial resulta molesto.

Quita, quita, no nos vayan a tachar de… Calla, calla, no vayan a decir que… que el qué dirán, lejos de estar superado, siga más vigente que nunca, ¡ya nos vale!

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Publicado en Wadi As Información en su edición del 2 de enero de 2015

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Publicado en Wadi As en su edición del viernes 7 de enero de 2011

 

Si pasas tu mano por el lomo de Yoda, creerás estar acariciando terciopelo. Y si acercas tu nariz a su cogote, te parecerá haber metido la cabeza en el armario donde tu abuela apila las sábanas. Y si le miras cara a cara, acabarás perdido en sus enormes ojos redondos. Sintiendo cerca a mi pequeño carlino, me es más fácil viajar a ese lugar donde guardo la munición con la que combato los contratiempos del día a día.

 

 

Todos tenemos ese rincón exquisito donde atesoramos lo mejor y más puro que habita en nosotros y todos debemos buscar nuestra manera particular de conectar con ello.

 

Yoda

 

Puede ser a través de la mascota, o con una canción, con un libro, con una película, con un alimento, con un deporte, con un paisaje, con una ciudad o, por qué no, a partir de un evento en concreto, por ejemplo, la festividad de los Reyes Magos. Es por ello por lo que me molesta la ligereza de los que arremeten contra quienes disfrutan con esta fiesta. Investidos de una injustificada superioridad moral, critican a quienes crían a sus hijos en la tradición de los Magos de Oriente, basada en el relato bíblico de los sabios que agasajaron al Niño Jesús con oro, incienso y mirra.

¿Por qué hacen esto? Entiendo que censuren la locura consumista en que se ha convertido todo esto (al igual que ha sucedido con las Navidades, San Valentín,…), pero, ¿cómo pretenden impedir que uno pueda seguir sintiendo, aún a pesar del paso de los años, ese mismo hormigueo en la tripa cuando se mete en la cama y apaga la luz en la Noche de Reyes? Esto no es vivir en el infantilismo, como denuncian los detractores de esta fiesta. ¿Acaso no habrá quien haya tomado consciencia por primera vez de la ilusión en una cabalgata de Reyes?

Se dice que para desarrollar una conciencia crítica uno debe conservar los sentidos afilados. Pues para garantizar una buena salud emocional, uno debe proveerse de una vía que comunique su realidad con su manantial de motivaciones. Y si a éste se llega de la mano de los Reyes Magos, pues ya está. ¿Qué se han creído esos como para que se tome como verdad absoluta su postura? Descubrir la dimensión mágica del mundo en el que nos movemos no exige talismanes ni residir en el anhelo. Hay que ir donde duermen los sueños, para precisamente mantenernos bien despiertos. Se trata de encontrar algo que nos dé pie, que nos sirva de excusa para recargar pilas y llenarnos de ilusión, carburante único cuando lo que queremos es cruzar la meta. ¿Y qué si se hace con ocasión de los Magos de Oriente?

Claro que está ahí el tarifazo eléctrico, y el paro, y,… pero precisamente para desarmar la desesperanza que esto conlleva, debemos estar preparados. No seré yo, desde luego, quien se burle de quienes forjan su escudo con la misma intensidad con que vivieron los primeros Reyes Magos de su vida.

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