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Posts Tagged ‘rondallas’

Curioso cómo las palabras cambian ligeramente de sentido y significado en función del momento histórico en el que se usen y de quien o quienes las empleen. Hay dos que abarrotan discursos de rabiosa actualidad y son “pueblo” y “gente”. Pues bien, hubo un tiempo, no muy lejano, en el que el “pueblo” y la “gente” no se ponía verde por Twitter, sino en las esquinas de las plazoletas, los talleres de modistillas, las barras de las tabernas y, por supuesto, en los antaño muros de Facebook que eran los corrillos de sillas de anea ante las puertas de las casas, ocasión perfecta, asimismo, para enseñar los retratos de los críos o el refajo recién bordado. De los años a los que me refiero era raro que una pareja no echase un baile en la verbena de las fiestas del barrio o del pueblo, meeting point de niños, jóvenes y ancianos, y aquella gente tenía por muy suyos pasacalles, pavanas, valses, fandanguillos, mazurcas, pasodobles, piezas muchas incluidas en zarzuelas, por cierto, y cuyos estribillos más pegadizos la gente, el pueblo canturreaba, silbaba camino de los lavaderos, del mercado de ganado, mientras guisaban, remendaban, trabajaban la tierra. Eran tan, tan del pueblo que tampoco era extraño ver grupos de muchachos que, con guitarras, bandurrias y laúdes, iban aquí y allá de serenata tocándolas, cantándolas. Estando, pues, todas estas manifestaciones tan unidas a la vida de la gente, del pueblo, son hoy día, sin embargo, denostadas por muchos de esos a los que se les llena la boca de tanto “pueblo” y tanta “gente” y, ¡claro!, ya no tienen hueco para el pueblo y la gente de hace unos años. Lo que proceda del “pueblo” y la “gente” de ahora es cool; lo de antes, propio de pueblerinos en lo que no interesa ahondar. Creo que más por desconocimiento y pereza de querer saber que por cualquier otra razón, se le ha colgado el sambenito de viejo, rancio, ñoño, caduco y casposo a una parte de la historia musical de nuestro país que, por supuesto, no les quepa la menor duda que, de haber sido composiciones paridas bajo otros soles, tendrían un reconocimiento muy distinto. Pero los españoles semos así. No hace falta que venga nadie de fuera a ponernos zancadillas, que ya nosotros mismos nos encargamos de fustigarnos y avergonzarnos y darnos de garrotazos hasta en el carné de identidad. La identidad… esa eterna asignatura pendiente.

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Pero hoy no acudo al encuentro con ustedes para hablar sobre este asunto mayúsculo, sino de otro menor pero que tiene también su importancia y es la tremenda injusticia que cometemos al minusvalorar la música popular española. Me referiré solo a lo creado y versionado en los dos últimos siglos. Habría composiciones dignas y otras no tanto, pero todas, ¡hala!, se han metido en el mismo saco de un costumbrismo que no sirve ni como madera de hoguera, según los cánones actuales. No se da ni siquiera la oportunidad de echar la vista atrás y evaluar qué puede ser rescatado. No, no vale. Es viejo, rancio, ñoño, caduco, casposo y punto. Cambiar la visión sobre algo que está tan asentado es difícil y se convierte en sumamente complicado cuando el matiz es negativo, pero no es tarea imposible y creo que en Guadix podemos poner nuestro granito de arena y hacer por revertir esta tendencia tan perniciosa por lo que tiene de excluyente, al impedir el conocimiento, estudio y puesta en valor de una dimensión más de las muchas que definen una época. Y lo digo porque en Guadix y comarca ha habido bastante tradición rondallera. La reivindicación no debería quedarse en pedir que el Museo de la Ciudad en el que se está trabajando cuente con una sección dedicada al patrimonio musical accitano y, como parte de él, las agrupaciones de pulso y púa, que han sido muchas, sino en ver la manera de apoyar los grupos que siguen en activo e intentar revitalizar y captar a nuevos interesados, por ejemplo, organizando certámenes de rondallas, incluyendo la actuación de alguna orquesta de pulso y púa en la Guadix Clásica u ofertando, ¿por qué no?, cursos en los que el estudio musical se aplique a la interpretación de piezas para guitarra, bandurria y laúd. Seguro que los especialistas en la materia podrán aportar muchas más ideas al respecto que lo que se me ha ocurrido en este ratito durante el que esto escribo. Como todo, es cuestión de voluntad, de sentarse y de proponer esto y aquello. Merece la pena recuperar parte de nuestra historia y si, con ello, contribuimos a derribar prejuicios, batalla a la que uno debe estar siempre dispuesto, pues mejor que mejor.

Para, si no acabar con erróneos apriorismos, sí al menos empezar a desmontarlos, no hay remedio más certero que enfrentarse a ellos. Invito en especial a quienes, por imperativo categórico, tienen grabado a fuego que todo esto suena a viejo, ñoño, rancio, caduco, casposo, a escuchar la pavana de La mesonera de Tordesillas, de Torroba. En YouTube hay muchos vídeos de rondallas y orquestas interpretándola. Que elijan el que quieran. Y, si después, continúan pensando lo mismo, en serio tendrían que hacérselo ver o revisarse la cera de los oídos, porque, independientemente del gusto musical de cada cual, esta pieza desarma cualquier descalificación basada en generalizaciones vacuas.

 

Publicado en la revista Nieve y Cieno en su edición anual de 2017

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