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Posts Tagged ‘San Antón’

El fuego atrapa y apasiona a viejos y niños. Niños que intentan coger la llama de la vela del cumpleaños, años pasados que el viejo repasa a la luz de la llama. El fuego encandila: cuando uno aparta la vista tras llevar largo rato mirando fijamente esos palos, troncos y ramas que se van consumiendo, ahí, delante, en la hoguera, no puede sino ver en primer plano el recuerdo –negro- del fuego. El fuego irradia el todo, la vida y la muerte, el tránsito de una a otra: la leña se echa a la lumbre, arde y se transforma en algo que no es leña ni fuego. El fuego orienta incluso en la noche más oscura y, en la negritud, cuando más indefensos estamos, nos protege de alimañas y reconforta, además, por el calor que desprende. El fuego ultima y extingue lo que ya no sirve, lo que no gusta. El fuego, así pues, atrapa, encandila, irradia tanto, y orienta y ultima en tal grado, que es muy difícil que, cuando una tradición popular tiene una estrecha vinculación con el fuego, caiga en el olvido. Es el caso de San Antón, cuyas fiestas se celebran durante estos días en Guadix, además de en otras localidades de la comarca accitana y del resto de España desde hace muchísimos años. El fuego está en los petardos y cohetes que se tiran en abundancia en estas fechas, y en la llama que sale de la palma de la mano de la imagen del santo que trasladan desde San Miguel hasta la ermitilla de la era para la procesión del día siguiente y, por supuesto, en los chiscos que prenden vecinos, familias, amigos, asociaciones, luminarias de las que se apartan ascuas en las que se asan delicias varias –todas- del marrano, y en las chispas que saltan de las lumbres y de los ojillos de quien se empina la bota vino tras haberle pegao un bocao al trozo pan con careta.

A fuego está grabado este festejo en los accitanos y, generación tras generación, se ha pasado el testigo de este ritual de quema y limpia llamado a poner punto y final a las celebraciones navideñas –“de la Purísima a San Antón, Pascuas son”, que dice el dicho-, así como a acabar con lo que nos sobra en el trastero, en los campos y, en cierto sentido, también en la cabeza. Aprovechando que se ponen a arder rastrojos y ramas sobrantes, nos animamos también a lanzar a la hoguera todo lo que no logramos echar fuera con las campanadas de fin de año. Pero ahora, con el fuego ahí, a unos pocos metros, tenemos una nueva oportunidad, una ocasión de lujo para convertir en cenizas lo que sólo nos da berrinches. Y, si con el fuego no nos vale, el día después bien podemos reclamar la protección del santo tras dar las correspondientes vueltas a la ermita en compañía de nuestros animales y celebrar la bendición recibida comprando la “cuña”. Y es que estas fiestas de San Antón dan pa’mucho.

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Publicado en Wadi As Información en su edición del 17 de enero de 2015

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Publicado en Wadi As en su edición del 13 de enero de 2012

El año arranca en Guadix con la fiesta de San Antón. Los relojes accitanos dan sus particulares campanadas con la quema de palos y trastos que convierte la ciudad en una antorcha en la noche de vísperas del día grande. No en vano, siempre se ha dicho en nuestro pueblo eso de que “De la Purísima a San Antón, Pascuas son”. Pues bien podría ayudarnos este ritual del fuego con el que entramos en el año nuevo para hacer una buena limpia y echar a la iluminaria lo que nos viene estorbando, ya sean esos rastrojos que enzarzan el trato con el vecino, esas relaciones que ya no aguantan más calzos, como esas enclenques excusas con las que minamos nuestro propio camino. En nuestro día a día hay mucho de críticas incendiarias y de situaciones explosivas, pero rara vez entra en escena el efecto purificador del fuego. Apilemos en la hoguera todo eso que no nos da más que calentaeros de cabeza y, al quemarles las barbas al santo, este año reparemos en lo que en verdad significa este punto de inicio que se nos ofrece entre petardos y fogatas. No es más que un gesto simbólico, pero sucede que, al visualizar las causas de los berrinches, parece que cuesta menos dar el primer paso para superarlos. Y esta fiesta de San Antón, centrada por ese fuego que sanea, nos sirve como una ocasión inmejorable.

Lumbre de San Antón 2012

Tiene este festejo, además, el poso de los muchos años en los que se viene celebrando. Es de esas fiestas que se remontan a un Guadix remoto, de las que dejan sentir el latido de un Guadix auténtico… en ese rojo arcilla con el que luce todo por los muchos chiscos que encienden la noche accitana; en ese efecto hipnótico que provoca la vista fija en las llamas y el oído atento al chasquido de los troncos mientras se queman, lo que nos permite ver y oír mejor lo que muestra y dice Guadix en una de sus más señeras celebraciones; en la degustación de la pringá que se asa en las lumbres –y que también reina en el guiso de la “olla de San Antón”- y el vino servido en bota con el que se riega el manduque;  o ya, a la mañana siguiente, en las vueltas que le damos a la ermitilla del santo acompañados de nuestros animales de compañía o bien necesarios en nuestros trabajos, para que sean bendecidos, animales muy presentes también en la procesión, como lo merece quien es tomado por su santo protector; o en esa otra tradición heredada de, en los puestos que se ponen en las calles cercanas a la ermita, comprar los víveres de la “cuña”, como son las mandarinas, las zanahorias forrajeras, los dátiles, los frutos secos y el cañadú. Viejas costumbres que han logrado mantener viva la llama de esta fiesta tan de Guadix que no podemos sino contribuir a que lo siga siendo por mucho más. ¡Viva San Antón, con su marranico y to!

Procesión de San Antón 2012

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Publicado en Wadi As en su edición del viernes 14 de enero de 2010

 

San Antón en su capilla (foto tomada en 2009)

 

¿Qué convierte las fiestas de San Antón en algo mu de Guadix? Como ocurre con la morcilla accitana, cuya sutil mezcolanza de especias, a la par que la importante cantidad de cebolla, la hacen digna de denominación de origen (ahí dejo la idea), están presentes en este festejo una serie de elementos que le ponen la marca “Guadix 100%”.

 

Un plato de "pringá" de Guadix

 

Más allá de las nueve –que no siete, como en otros muchos pueblos- vueltas a la ermitilla -por su condición de antiguo morabito-, más allá de los puestos de la “cuña” –con dátiles, frutos secos, rábanos, cañadú, etc., de claras reminiscencias árabes-, más allá de la posible conexión del culto a San Antón con el del dios Atón en aquel Guadix remoto –aspectos todos que pueden explicar la raigambre de esta fiesta entre los accitanos-, más allá de todas estas consideraciones, que hoy siguen prestándose al debate histórico, me gustaría poner el foco en todo aquello que en verdad deja un poso accitano en este festejo y que puede pasarnos desapercibido precisamente por lo interiorizado que lo tenemos.

 

Comprar la "cuña" forma parte del ritual sanantonero

 

Me refiero, por ejemplo, a esos puestos de tablones de madera que siguen vendiendo esos productos escarchados, esas manzanas de caramelo y esos paquetillos de garrapiñadas pese al triunfo de las golosinas del momento. Son una pieza más, imprescindible, de las fiestas populares de Guadix de toda la vida, como es ésta y como es San Blas o San Torcuato o la feria.

 

Las chucherías de toda la vida

 

Otro indispensable en toda festividad typical accitana es el agorero, ese (o esa) refunfuñador nato que no deja de poner peros y pegas a todo, repitiendo, a modo de salmo, eso de que “¡Ay que ver que este año hay menos gente que el anterior!”. Decir que se tiran cuetes (o cobetes) por San Antón es casi un eufemismo. Se lanzan muchísimos cuetes (o cobetes) y petardos, pero es que como durante el resto del año siempre hallamos una ocasión propicia para ello, pues el hecho de que se echen unos cuantos más para quemarles las barbas al santo, no nos llama la atención… como tampoco nos sorprende el aspecto que luce Guadix en la noche de las iluminarias, que parece que ardiera por completo. Y es que hacer alguna lumbrecica que otra es algo a lo que estamos acostumbrados a lo largo del año y, sin embargo, ¡qué de Guadix que es! Y ya que hablamos de chiscos, por supuesto que no sería sin duda lo mismo la iluminaria municipal ni tampoco la procesión del santo sin estar acompañada por la banda de música de Guadix.

 

La Banda Municipal de Música, acompañando al santo en procesión

 

Seguro que tampoco reparamos en la fidelidad que este gran conjunto musical profesa por los asuntos más accitanos, porque vemos de natural que siempre estén ahí, pero esto, estar siempre ahí, conlleva un esfuerzo muy grande, digno sin duda de nuestro agradecimiento. Y extiendo esta felicitación a los puestecicos de dulces, al arraigo cohetero, al gusto por la lumbre e incluso al agorero, porque sin ellos, las fiestas accitanas no tendrían sabor propio.

 

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