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Posts Tagged ‘víctimas’

“Acaban de poner la placa. Está recién echado el cemento. Los familiares acaban de irse”, me ha indicado escueta pero amablemente una señora, al verme mirando hacia el suelo. He de decir que ya me llamó en su día la atención ver dispuestas, ante algunos edificios de viviendas en Berlín, unas plaquitas doradas sobre las que aparecen grabados los nombres de personas o familias, junto con sus fechas de nacimiento, así como aquellas en las que fueron deportadas a campos de concentración y las de su ejecución. Me pareció una sencilla y profundamente hermosa manera de expresar la voluntad de recordar a quienes fueron sacados de sus casas y de sus vidas precisamente con la intención contraria, la de ser llevados a la tumba, al silencio, al olvido.

Al ver hoy esta nueva placa colocada ante uno de los bloques de mi barrio, vuelvo a conectar con la reflexión que entonces me suscitaron estos peculiares adoquines, y es que no podemos de ninguna manera olvidar las barbaries cometidas, para así trabajar por evitar que vuelvan a repetirse. Recordar no desde el rencor o la revancha, sino como acto de justicia, es el mejor homenaje que le podemos hacer a las víctimas. Esta placa recién puesta y la rosa aún fresca que descansa junto a ella me lo han vuelto a dejar bien claro.

Placa de homenaje a víctimas del nazismo

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De aquel día y  de los días que le siguieron me llega, sobre todo, frío. Con mucho frío en el cuerpo recupero las imágenes de aquel Madrid viudo, huérfano de aquel 11 de marzo y de los días que le siguieron: la del metro medio vacío y lleno de viajeros que nos cruzábamos la mirada cuando alguien hurgaba más de la cuenta en su mochila, la de los ojos empapados de lágrimas de prácticamente cualquiera con quien te encontrases en la calle, la de los pequeños altarcitos con fotos, flores, velas, cruces, que se improvisaron en las estaciones del trayecto que siguieron los trenes bomba…

 

El frío me viene también al traer al presente los sonidos que callaron al bullicioso Madrid, como el de las muchas llamadas que recibí incluso de quienes no me esperaba tanto interés por saber si me había pasado algo, o como el de las sirenas de las ambulancias, aún más frenéticas si cabe, que iban de acá para allá intentando robarle tiempo al tiempo, o como el del llanto de quienes se habían quedado sin su mujer, sin su padre, sin sus amigos. Aunque quizás fue el silencio que se instaló en el trato cercano entre la gente, el archivo sonoro más propio de aquellos días, sin duda por lo impropio que esto es de los madrileños.

 

Han pasado siete años desde los atentados del 11-M y me doy cuenta de que no puedo quitarme de encima ese frío que sobreviene cuando leo/veo/oigo…siento los reportajes que los medios están publicando en estos días sobre aquellos otros. Y tiritando de frío llego a esas imágenes y a esos sonidos (o silencios) que ya creía olvidados, apilados al fondo de los cajones de mi memoria. Y llego a ese miedo que nos chutaron a todos en vena con aquellos trenes que en aquel día sirvieron de ataúd para cerca de 200 personas. Siete años han pasado y no se me va de la cabeza que me pudo haber tocado a mí: el aspa roja fue escrita sobre esos convoyes de esa línea de Cercanías, pero pudo haber sido puesta sobre cualquier otra también de Cercanías o de metro o en cualquier otro sitio. Al margen de que sea inevitable acordarse de gestos y palabras de entonces, sí considero oportuno reflexionar sobre ese miedo nuestro que nos inyectaron los que precisamente tienen éste como su mejor arma. Con este atentado, los terroristas nos dejaron muchas víctimas a las que llorar pero también mucho miedo… mismo tipo de miedo que hay en esa otra imagen de aviones estrellándose contra las Torres Gemelas en aquel otro 11-Muerte, y que tenemos grabada muy dentro. Aquello ya dio una pista de cual iba a ser el principal desafío de estos tiempos, que es la batalla contra el terror, no sólo desde el ámbito político o económico, sino también emocional, pues al fin y al cabo somos los individuos los que conformamos las sociedades. Ganarle el pulso al miedo es también tarea nuestra.

 

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