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Posts Tagged ‘Virgen de la Piedad’

¿Que qué es el Cascamorras? Es color -¡sin duda!-: ocres, almagre, azul, verde. Mientras observo a unas muchachas pintarrajeadas de colorines a apenas dos metros de mí, me salta, inevitablemente, la imagen de la marabunta multicolor cascamorrera. ¡No tengo remedio! y, pese a los miles de kilómetros que me separan de mi tierra, viven esperando la oportunidad de ser sacados a colación escenas, sonidos, texturas, sabores y olores que guardo de Guadix y aprovechan para ello casi cualquier excusa. Bueno, en este caso la evocación viene bastante a cuento, porque las chavalas van vestidas de guisa parecida a como uno queda tras la carrera del 9 de septiembre; y preciso del día 9 porque la indumentaria de mis compañeras de vagón es más como esa con la que se desfila por las calles accitanas, que a como se hace en Baza el día 6, cuando el negro cobra un protagonismo indiscutible sobre cualquier matiz colorista.

Ropas, las de las chicas, empercudías de pinturas y, además, empapadas, a lo que ha contribuido el chaparrón monumental que está cayendo desde hace un buen rato. Imposible no mojarse, por mucho paraguas, mucha katiuska, mucho transporte que coja uno. ¡Ay! Complicada pareja la que forman verano y Berlín. Pese a que tienen días buenos, es una relación tormentosa, y de tormentas vamos bien servidos este año…

Heme, pues, compartiendo trayecto de tren con estas dos… no, ¡espera!, me acabo de dar cuenta de que lo hago con una decena de personas manchadas de pigmentos diversos. Y sí, el golpe de vista me lleva a donde me lleva, al Cascamorras, pero las sensaciones no escalan posiciones hasta alcanzar los sentimientos que hacen latir el corazón cascamorrero. En apariencia, lo que veo aquí puede ser similar a lo de allí, sin embargo, en esencia obedecen a realidades distintas. Esto me reafirma en la idea de que el Cascamorras es color, pero no solo, y si en un futuro se redujera al caparazón visual, su identidad se diluiría y pasaría a ser otra manifestación cultural colorida más, sí, otra más sin más, en un nicho de mercado ya muy saturado, por lo que tendría complicado hacerse hueco. Entraría a competir, por ejemplo, con la Tomatina de Buñol o la traducción desacralizada que Occidente ha hecho de la fiesta religiosa hindú Holi. Precisamente, y según leo cuando llego a casa, esos con quienes he coincidido en el tren venían de un festival de música electrónica que ha incorporado el baño cromático de los rituales de Holi como una actividad más, por supuesto desposeído de su sentido religioso. Pero, insisto, el Cascamorras no juega en esa liga. Queridas cascamorreras, queridos cascamorreros. Para nuestra tranquilidad, el Cascamorras es mucho más que color.

La fiesta sigue una traza singular y genuina y lleva la marca indeleble de la tierra que la alumbró. Por cada aspecto que la define derrama idiosincrasia, lo cual imposibilita cualquier equiparación más allá de la anécdota estética. Este sabor propio es el que despierta interés y por el que continuará habiendo adhesiones.

Como bien sabéis, es algo autóctono de Guadix y de Baza. Sin este contexto, la fiesta será lo que se quiera, pero no el Cascamorras. Fue un albañil accitano el que, según se viene contando, encontró en la Baza recién recristianizada la imagen de una Virgen y, ante el celo de pertenencia que despertó la talla mariana en ambas poblaciones, se resolvió que Guadix mandara un emisario a Baza y, si este lograba llegar al templo de la Merced sin mancha, podría llevársela, lo cual no ha ocurrido en el más de medio milenio que ha transcurrido desde entonces.

José Antonio Escudero, durante su presentación como Cascamorras 2015

El Cascamorras necesita a Guadix y a Baza no ya por cómo comenzó todo, sino por el significado que adquiere en la actualidad, de ser la fiesta en la que se refrenda la buena vecindad de ambas ciudades: no hay ganadores ni perdedores ni espacio para la violencia o la rivalidad. Que, año tras año, Guadix mande su mensajero de colorines y que lo haga con ilusión y ganas, muestra una voluntad por perpetuar el ritual: gentes de todas las edades acompañan al Cascamorras en Baza para mancharlo y que no consiga así su propósito, y en Guadix se le pinta como “reproche” por no haberlo logrado y como aviso para que lo intente la siguiente vez, pero todo desde el cariño a un personaje que es símbolo de hermanamiento entre ambos pueblos. Que la fiesta haya evolucionado en la sana dirección en la que lo ha hecho le otorga un valor añadido muy importante y una fuerza grandísima, la que le viene por los siglos que acumula y por haberse agarrado al noble principio de sustituir la gresca del litigio originario por una ocasión para el encuentro y el disfrute. Planteamiento que bien podríamos extrapolar a casi cualquier situación y dimensión de nuestro día a día.

Desfile del Cascamorras infantil. Guadix, 2015

Para Guadix, que podría considerarse como el bando que sale perdiendo, no conseguir el objetivo no se interpreta como una derrota: el Cascamorras nunca fracasa, pues nunca se da por vencido -lección tampoco menor- y en el intento se persiste.

El Cascamorras tiene demasiado que ver con Baza y Guadix, Guadix y Baza, como para obviar este pequeño gran detalle. En lo que se siente durante las carreras del 6 y el 9 de septiembre el paisaje y el clima tienen, asimismo, mucho que decir. Por los cerros de las Arrodeas emprende el descenso a Baza la comitiva cascamorrera y desde una cueva de la Estación arranca el desfile en Guadix. Ambas localidades están cercadas por montañas, recorridas por ramblas y salpicadas de cerros que la lluvia, el viento y el tiempo modelan a su antojo y que, no obstante, dan permiso a alameas y huertas que crecen bajo un sol que señorea un cielo azul casi a diario. La fiesta hunde sus raíces en una tierra muy concreta, que en Guadix hasta determina los colores de las pinturas: amarillo -sol-, ocres y almagre -cerro de arcilla-, azul -cielo-, verde -vega-. La misma historia cascamorrera empieza en el subsuelo bastetano, donde se hallaba oculta la imagen de la Piedad cuando el accitano Juan Pedernal dio con ella. Solo, por tanto, el Cascamorras puede ser celebrado y vivido en ambos sitios y, por ende, es difícilmente “franquiciable”, si bien, por otro lado, es muy fácilmente vendible, si se hace promocionando la fiesta desde su esencia, considerando todos sus aspectos: el color, ¡claro!, de las atípicas “mejores galas” del “traje de faena”, pero también la misma liturgia que se sigue durante las carreras -no se pringa uno de cualquier manera ni hace lo que quiera cuando le venga en gana-. Qué decir del poso legendario, el valor antropológico, el sentimiento religioso en torno a la Virgen de la Piedad, la impronta local en su puesta en escena, el atractivo magnetismo del entorno natural, el ambiente festivo y distendido que invita a la participación de gentes de todo tipo y procedencia.

Multitud cascamorrera llegando a la iglesia de San Miguel, Guadix (2009)

 

La fiesta del Cascamorras no necesita prescindir de nada de lo que es para pescar nuevas voluntades. Es más. Cautiva por lo que es en su totalidad, por todo lo que significa dentro de unas coordenadas concretas. Hemos de persuadir desde las peculiaridades que la singularizan. Es tan auténtica que, en cuanto los nuevos corredores la vivan in situ, se convertirán, irremediablemente, en cascamorreros convencidos.

 

Desfile del Cascamorras infantil. Guadix. 2015

 

Artículo publicado en el cuadernillo anual que edita la Hermandad accitana de la Virgen de la Piedad

(agosto 2017)

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Publicado en el cuadernillo anual de la Hermandad de la Virgen de la Piedad de Guadix en su edición de 2014

 

Que la fiesta del Cascamorras sea ya de Interés Turístico Internacional y que vaya superando los trámites necesarios para ser denominada como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, debería tenernos a todos los accitanos, o al menos a los que gustamos de ejercer la accitanidad, haciendo palmas con las orejas y llenísimos de orgullo, por supuesto, pero también tendría que llevar a cada cual a buscar la forma de implicarse en que ambos titulillos sean un presente continuo, pues ambas etiquetas, una conseguida, la otra en proceso, aunque son importantes en tanto a que validan de manera oficial el producto referenciado, exigen de un evidente ejercicio que las refrende año tras año y que las haga dignas del significado del galardón que representan.

Y ahí es donde entramos en juego tú y yo, aquel y aquella. Los que desde la Hermandad de la Virgen de la Piedad, desde los Ayuntamientos de Guadix y Baza, desde otras instancias institucionales y sociales, todos los que se han movido para que el Cascamorras obtenga estas denominaciones –además de las de Interés Turístico Andaluz y Nacional de hace unos años-, ya han hecho o se encuentran haciendo su parte, pero la realidad de la fiesta, ésa no se vive en un despacho ni en extenuantes reuniones ni en complejos procedimientos ante los que la persistencia es la única arma válida ni en largas conversaciones telefónicas con éste y aquél. Depende de todos nosotros, accitanos de a pie. Nosotros somos quienes tenemos que hacer grande la fiesta.

Así, nosotros, accitanos –y, por supuesto, los bastetanos, por la parte que les toca, pero yo, como accitana, me centraré hoy en la parte que me toca-, y no otros, somos los que tenemos que llevar a la práctica eso que precisamente por la práctica llevada ha merecido la denominación de Interés Turístico Internacional. Nosotros somos los primeros que tenemos que mostrar interés, y muchísimo, por la fiesta, para que luego el “efecto contagio” a escala mundial sea imparable. Para que prenda la llama del interés del guiri, tiene que haber una chispa que la cause, y ésa no es otra que el entusiasmo que mostremos durante la carrera del día 9, o nuestros niños en el Cascamorras infantil de por la mañana, o en tantas actividades como se organizan a lo largo del año, entusiasmo que reflejarán nuestros rostros, retratados, grabados, y por tanto, dispuestos a dar las vueltas al mundo que hagan falta para proclamar a los cuatro vientos la fuerza de una fiesta que no sólo tiene su poso de tradición –historia que arranca cinco siglos atrás-, su vivencia religiosa –no olvidemos que en el origen de la trama se halla la pugna por la custodia de la Virgen de la Piedad-, su personaje pintoresco -el Cascamorras, de reminiscencias bufonescas-, sino también una interesantísima dimensión antropológica y etnológica, la cual, creo, justifica ella sola la defensa del reconocimiento de la fiesta como bien inmaterial de la Humanidad, dado que responde a una manera muy peculiar de ser muy de nuestra tierra.

Preguntémonos, paisanos, si acaso esa impasibilidad propia del cenizo accitano no facilita que festejemos un fracaso -¿cómo, de lo contrario, se tiene cuerpo pa’ello?-, el del Cascamorras que, año tras año, regresa de vacío sin La Piedad. O si acaso el color pardusco de la masa de gente que acompaña al Cascamorras durante su recorrido, desde los cerros de la estación de tren hasta Santo Domingo, no hace que los cascamorreros parezcan hechos de arcilla, nuestra arcilla, tan íntimamente unida a la identidad de Guadix.

 

Cascamorras 2009

 

Precisamente con la reivindicación como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, se le dará al Cascamorras una proyección internacional muy vinculada a la cultura, lo cual completará la declaración de Interés Turístico Internacional, adquirida en 2013, y enfatizará su importantísima componente etnológica.

Siempre he defendido la existencia de un vínculo especial entre el accitano y la tierra. A Guadix se le quiere o se le odia. La indiferencia no cabe entre la tierra y los hijos que parió, que crió en sus calles y sus plazas. Vuelvo a esas imágenes que los fotógrafos captan durante la carrera en nuestra ciudad. Frente al color más oscuro, casi negro, de los cascamorreros bastetanos, en los accitanos predomina el azul del azulete y los rojizos y amarilluzcos, como si acaso el unto que lucen fuera reflejo del “azul Guadix” con el que se premia al cielo accitano durante prácticamente todos los días del año y de la tierra roja accitana en la que se han estado picando cuevas desde tiempos prehistóricos, tierra de la que el hombre ha sacao también desde no se sabe cuándo la arcilla con la que ha modelado útiles para la casa, de los que beber, que usar para alimentarse.

 

desde el cerro de la Bala

 

Repasando punto por punto los requisitos para optar a la inclusión en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, el Cascamorras lo cumple todo. La historia se ha transmitido por el boca a boca y escritos à travers les siècles; es también, sin duda, uno spettacolo que sorprende a cualquiera; responde a unos usos sociales, precisa de um ritual; es ein großes Fest –una gran fiesta-; soporta conocimientos y prácticas relativos a la naturaleza y el universo, así como saberes y técnicas vinculadas a la artesanía tradicional, o lo que es lo mismo, es una manifestación popular very typical del sitio del que procede. El Cascamorras, por tanto, no sólo merece la atención del viajero de paso, o sea, del turista, sino del otro viajero que busca más que una foto pintoresca: es decir, del que decide reposar la experiencia.

Nosotros, accitanos, debemos estar bien convencidos de lo que ahora se pide, para poder convencer a quien haga falta. El Cascamorras es meritorio de denominarse como bien inmaterial porque es una tradición antiquísima que une y hermana a dos poblaciones que siempre se han mirado con recelo, porque es una síntesis de lo sagrado y lo profano y porque va a más. Y es en este punto, que es el que nos corresponde, el que está absolutamente en nosotros, accitanos practicantes, y por supuesto también en nuestros partners bastetanos, en el que tenemos que manifestar nuestro apego a la tierra y a sus costumbres y aportar, con nuestra implicación y participación en las actividades cascamorreras, ese empuje fundamental para que el Cascamorras se haga con tan honorable distinción, que ya tienen, entre otros festejos españoles, las fiestas de los patios de Córdoba y el Misterio de Elche, y, sobre todo, que el Cascamorras sea, de aquí en adelante, una fiesta idiosincrásica de nuestra tierra, pero abierta a otros tantos de otros muchos rincones del planeta que quieran conocerla.

 

Cascamorras 2014

 

Las instituciones ya se han/se siguen movilizando en esta dirección, la Hermandad no ceja en su empeño de hacer llegar el mensaje a cuantos más, mejor, los medios de comunicación también se han sumado a esta difusión, pero, ¿y nosotros? ¿Hemos hecho suficiente? Tenemos que hacer de ésta, la de este año, una fiesta masivamente populosa, precedente de otras venideras que sólo podrán ir a más. Que haya gente, mucha gente, como nunca, en la carrera del 9 de septiembre. Pero no sólo. Que también se hable, y mucho, del Cascamorras, en el medio del futuro, Internet, el que no entiende de fronteras, en foros, en blogs, en redes sociales. Que se hable en colegios, que se enseñe la historia del Cascamorras, que los niños sepan de sus costumbres, que las conozcan y las reconozcan como algo propio. Dejemos hablar a nuestros mayores, que nos cuenten qué era aquello de los bailes de la Rifa en los que el Cascamorras estaba presente. Que nos hablen los libros escritos sobre el personaje, la devoción por La Piedad, la rivalidad histórica entre Guadix y Baza, las particularidades que la fiesta adquiere en una y otra población. Que nos hablen sobre este fenómeno expertos en ponencias y conferencias, pintores y fotógrafos en exposiciones, guías turísticos en rutas por los enclaves cascamorreros. Lo de estar dispuestos a aprender, prestos a actuar, es cosa nuestra. No escurramos el bulto. Nos atañe a mí, a ti y al de más allá, a los ciudadanos de a pie, soldados rasos unidos en un frente común, el de hacer la fiesta aún más grande, tanto que la ofrecemos como vivencia, como experiencia, como peazo de nuestra esencia a compartir con cualquiera que habite donde quiera que sea. Ese empujón definitivo va a nuestra cuenta, y punto. Y si queremos que un filipino, un polaco o un mexicano se sientan ineludiblemente atrapados por la historia, la cultura y la costumbre que comporta el Cascamorras, tenemos que mostrárselo. ¿Quién sino nosotros? ¡Venga, Guadix! ¡Todos con el Cascamorras! ¡Cascamorras: de Guadix, de Baza y de la entera Humanidad!

 

 

 

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